27. APOCALIPSIS

Introducción

De qué se trata: Desde el punto de vista formal, es una carta, pero de contenido profético (1.3), al que el autor denomina «revelación» (1.1) de Dios a Jesucristo. Originalmente destinado a las iglesias de la provincia romana de Asia (1.4), el escrito proclama a Cristo resucitado: «el que es, el que era, y el que ha de venir» (1.8); él es «Rey de reyes y Señor de señores» (19.16), «la Palabra de Dios», que vive para siempre (19.13). En la revelación de Juan, Cristo no tarda en volver (22.6-7), y su regreso traerá «un cielo nuevo y una tierra nueva» (21.1) «y ya no habrá muerte, ni más llanto, ni lamento ni dolor» (21.4).

Por su temática y estilo, pertenece a la llamada literatura apocalíptica, cuyas características sobresalientes son el propósito de sostener y alentar a los creyentes en medio de las dificultades y persecuciones, y el uso de vocabulario simbólico para transmitir un mensaje que el profeta recibe de Dios mediante una visión.

Autor: El apóstol Juan (1.1; 22.8), quien, probablemente víctima de la persecución del emperador Domiciano, fue desterrado a la isla de Patmos (1.9).

Fecha de escritura: Si se acepta que Juan fue víctima de Domiciano, es posible conjeturar que escribió Apocalipsis entre los años 93 y 95 d.C.

Período que abarca: Si bien la apocalíptica es una literatura judía de la que hay muestras en el Antiguo testamento, como en pasajes de Daniel y Ezequiel, el libro de Apocalipsis señala una época muy difícil para los cristianos, quienes, por oponerse al paganismo de Roma y a la religión estatal, expresada en los cultos mistéricos y al emperador divinizado, fueron considerados enemigos de Roma y perseguidos a muerte.

Ubicación en la historia universal: Bajo el emperador Domiciano (quien gobernó entre 81 y 96 d.C.), Roma vivió a la vez un tiempo de esplendor y de opresión. Domiciano es descripto por los historiadores contemporáneos suyos como Tácito y Plinio el Joven, como un gobernador tirano y cruel, a la vez que destacan sus proyectos militares y culturales tendientes a devolver a Roma la gloria de los tiempos de Augusto. En cuanto a la política religiosa, restauró la religión romana tradicional y fue un acérrimo perseguidor de los cristianos.

Scroll al inicio