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Como disipar el desánimo

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Introducción

¡Servir al Señor nos presenta una vida excitante y de continuas recompensas!

Sin embargo, hay veces en las que nos sentimos desanimados, sin fuerzas para continuar. Los problemas parecen vencernos.
En realidad no muchos cristianos tienen graves problemas con el odio, la codicia o el miedo, pero muchos de nosotros batallamos en contra del desánimo.

A veces la soledad… la indiferencia de algunos… las luchas internas… la tarea que parece no rendir los frutos esperados provocan desánimo.

Trasfondo

Cuando Pablo escribió la carta a los Filipenses, tenía todo el derecho de estar desanimado:
Después de 15 años de ministerio… estaba en prisión en Roma.
Muchas veces en su ministerio había sufrido vicisitudes.

Como disipar el desánimo

En 2 Corintios 11.23-28 Pablo dice: «¿Son ministros de Cristo? Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias».

Sin embargo, Pablo, el hiperactivo, debía estar quieto y experimenta el gozo del Señor.
Escribe, desde prisión, esta carta de agradecimiento y les brinda ánimo. El que debía ser consolado, consuela, el que debía se animado, anima.

Pablo había fundado la iglesia de Filipos, provincia de Macedonia (recordemos al varón macedonio). Fue la primera congregación en Europa y tenía muy lindos recuerdos de los hermanos de allí. Los conocía perfectamente.

Pablo debió dejar Filipos después de desatarse la tormenta de la persecución que lo llevó a una prisión ilegal. El apóstol les dice que habían participado de sus prisiones y en defensa del evangelio; que no teman a sus enemigos pues estaban pasando lo mismo que él había pasado —y estaba pasando en ese momento. Es decir, Pablo sabía de lo que hablaba.

Tú y yo, al igual que Pablo, podemos experimentar la victoria sobre el desánimo, aún en medio de los problemas que nos aquejan. Pero, ¿cómo lo hacemos?

Estudiando y recordando el aliento que Pablo comparte con sus amigos.

I. Recuerda la presencia del Señor (Fil 4.4-5)

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.

El gozo cristiano es independiente de todo lo terrenal, porque tiene su fuente en la presencia continua de Cristo. El gozo no depende de circunstancias que cambian, sino de la provisión de un Dios que no cambia.

Había elementos suficientes para no perder el gozo a pesar de las dificultades que tanto Pablo como ellos estaban atravesando.
Los Filipenses debían aprender que el contentamiento no depende de la abundancia material, sino de la provisión de Dios.

La declaración de Pablo (el Señor está cerca) parece referirse más a que la presencia del Señor está junto a nosotros cuando sufrimos más que a una declaración profética.

Dios está cerca de Pablo mientras él estaba en la cárcel, esto significa que Dios está presente en todo lugar. Salmos 139.7-10 lo declara:

¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia?
Si subiere a los cielos, allí estás tú;
Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
Si tomare las alas del alba
Y habitare en el extremo del mar,
Aun allí me guiará tu mano,
Y me asirá tu diestra.

«Desde la sala de parto a la funeraria, y en todo entre ambos lugares».

Eso significa que Dios está presente en toda ocasión. (El libro de Job)
Eso significa que Dios está presente en toda circunstancia.
A través del profeta Isaías, Dios claramente dice:Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador.

La historia de José lo ilustra (Génesis 45.5 «Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros»).

Como disipar el desánimo

II. Recuerda la paz del Señor (Fil 4.6-7)

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Paz (shalom) no es, simplemente, la ausencia de guerra, sino un concepto que tiene que ver con estar bien, sin importar la circunstancia reinante alrededor de nosotros. El término era, también, el saludo común entre los judíos y especialmente entre los rabinos. Era un deseo y una realidad. Miqueas nos dice que el Señor es nuestra paz.
Asimismo, es una verdad principal en el ministerio de Jesús.

Fue profetizado como el «Príncipe de Paz» (Is 9.6)
Nació con la música de la «paz» en forma de coro angelical.
Su último legado fue la paz (la paz os dejo, mi paz os doy)
Pablo nos dice cómo apropiarnos de esa paz (v. 6a y 6b).

  • Confianza
  • Oración

La paz de Dios es prometida como un resultado al aplicar esos pasos (v. 7). La conjunción griega «y», conecta el versículo 6 con el 7. La frase «La paz de Dios» aparece únicamente aquí en el NT y coloca el foco de la atención en la PAZ que viene y se origina en Dios. Si cumplimos el mandamiento del versículo 6, el resultado es la paz de Dios que guardará nuestras mentes y corazones.
La paz de Dios significa llenura y bienestar. No confundirla con la ausencia de contienda o aún confusión. Pablo no lo hizo.

Dos artistas fueron comisionados a pintar su comprensión de lo que era la «paz» – Uno pintó un ámbito de paz, y el otro un ámbito de guerra donde un niño jugaba pacíficamente en el fondo de su casa.

III. Recuerda el poder del Señor (Fil 4.13)

«Todo lo puedo en Cristo que me fortalece»

Pablo aquí está dando un paso tremendo de fe. Dice que la fuerza de Cristo en él lo capacita para todo.

La verdad de este versículo se ve claramente en la propia vida de Pablo.

En menos de 20 años viajó más de 16 000 kms. Fuerzas naturales y espirituales trataron de detenerlo. Físicamente, sufrió una enormidad, pero no hubo nada que pudiera desviarlo de la voluntad de Dios para su vida.

Otros han vencido a desánimos similares con la fuerza que Cristo da.

Juan Calvino, débil de cuerpo, nos dejó 59 libros y más de 2300 sermones. Juan Wesley, siguió trabajando fuertemente hasta después de los ochenta años y predicó miles y miles de sermones, la mayoría de ellos preparados mientras iba a caballo de un pueblo a otro.

Como disipar el desánimo

IV. Recuerda la promesa del Señor (Fil 4.19)

Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

Los filipenses habían ayudado a Pablo y él, ahora, les decía que Dios suplirá sus necesidades «gloriosamente», en gloria y en Cristo, es decir, a través de la completa obra redentora de Cristo Jesús.

Pablo les decía: Mi Dios, quien ha hecho de ustedes un instrumento para suplir mis necesidades, suplirá todas SUS necesidades. El principio es universal para creyentes, aún para líderes desanimados.

Mt 6.33 – «Busca primero el reino… y todas las otras cosas serán añadidas».

Conclusión

Entonces, cuando te enfrentes al desánimo, combátelo con estos estímulos:

RECUERDA:

  • La presencia del Señor
  • La paz del Señor
  • El poder del Señor
  • La promesa del Señor

Proverbio ruso: «El martillo hace añicos el vidrio, pero forja el acero».
Las operaciones de Dios en nuestras vidas causarán que seamos forjados y perfeccionados, no destruidos.
El desánimo, enfrentado con estos estímulos, nos permitirá crecer y ser fortalecidos.

¿Cómo lo hacemos?

La oración diaria – Nos permite poner nuestro día y nuestras cosas en las manos de Dios ni bien apoyamos los pies fuera de la cama.

La lectura diaria de la Palabra – Nos permite buscar la guía para cada día a fin de enfocar nuestros pasos en el camino de Dios.

Para terminar, recordemos las palabras de Pablo: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”. (2 Cor 4.7-9, 16-18).

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