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Cómo y por qué memorizar la Biblia

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Por Guillermo Powell

Corría el año 1987 y mi vida estaba destruida. La fortaleza que creía salvaguardada ya no era una realidad. Mi matrimonio estaba roto, el ministerio cerrado, mis pequeños hijos en la encrucijada entre el departamento de papá y el de mamá. Pero la crisis espiritual era incluso más profunda. ¿De qué había servido dedicar mi vida al Señor? ¿Dónde estaba ese Dios que supuestamente me amaba y quería lo mejor para mí? Alrededor de mí veía a muchos que disfrutaban de la vida sin siquiera dedicar un pensamiento a Dios. Esa parecía ser una vida mejor que la que yo había estado siguiendo, sirviendo en el pastorado.

En medio de esas circunstancias, abrí la Biblia, específicamente en la primera carta del apóstol Pedro, para conocer —quizá, diría, realmente conocer— a ese Dios que decía que me amaba. Lágrimas, depresión, decepción e incertidumbre conformaban mi contexto al leer.

«…para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo» (1 Pedro 1.7).

Nueve meses más tarde, mi corazón rebozaba de gozo; no porque mis circunstancias hubieran cambiado, pues ese no era el caso. Mi corazón había sido transformado por la pura Palabra de Dios. Nueve meses de leer todos los días, toda la carta de Pedro había sido un proceso por el cual el Espíritu Santo había usado la Palabra de Dios para cambiar mi corazón.

¿Qué tiene que ver esta historia con la memorización de las Escrituras?

¡Todo! Después de nueve meses, la primera carta de Pedro era mía. Se había encarnado en mí. En su misericordia y en su tiempo, Dios también obró en nuestros corazones la reconciliación matrimonial, y ahora, más de 33 años después, el amor y la unidad de la pareja siguen firmes, y disfrutamos de dos hijos y seis nietos. Pero las lecciones aprendidas durante aquellos nueve meses han perdurado hasta hoy, ya que desde entonces la memorización de las Escrituras es parte de mi rutina diaria, y el Señor me ha dado la oportunidad de compartir la palabra en muchos lugares de América Latina.

Cómo y por qué memorizar la Biblia
Imagen: Unplash

¿Por qué memorizar las escrituras?

La lectura extensa y memorización de las Escrituras es la energía para transformar nuestras vidas. En 1 Tesalonicenses 2.13, Pablo dice: «…recibieron la Palabra… no como mera palabra humana sino como lo que es, como la palabra de Dios la cual actúa en ustedes, los creyentes». Pablo da gracia a Dios porque los tesalonicenses aceptaron la palabra como Palabra de Dios. Si hacemos un estudio del término «recibir», encontraremos que también se traduce como «dar la bienvenida», «abrazar», «recibir en casa». Cuando leemos, meditamos y memorizamos la palabra «como Palabra de Dios», esa palabra «actúa en nosotros». Es decir, produce algo en nosotros. Si bien los beneficios que produce la Palabra son muchos, permítanme mencionar solo algunos:

  1. Salva – Santiago 1.18, 21
  2. Alimenta – 1 Pedro 2.2-3
  3. Purifica – Salmos 119.11
  4. Anima y consuela – Romanos 15.4
  5. Edifica – Hechos 20.32
  6. Prepara – 2 Timoteo 3.16-17
  7. Guía – Salmos 119.133

Este es el desafío que tengo para ti hoy: dedícate a la lectura extensa de la Palabra y, si te animas, ¡a la memorización extensa! La televisión y los diarios nos fueron acostumbrando al resumen, a enfocar nuestra atención por unos minutos nada más. Hay pastores que nos animan a «pasar 5 minutos en la Palabra». Hoy podemos comprar la Biblia en un minuto, y todo eso ha atrofiado nuestra relación con la Palabra. Te insto a que te sientes por 20 minutos y leas toda la carta a los Filipenses, o a los Colosenses o 1 Pedro, y verás cuán diferente se entienden en comparación con leer solo 4 o 5 versículos a la vez.

Hay otros beneficios prácticos que conllevan la lectura extensa y la memorización de las Escrituras:

  1. Nos ayuda a comprender la intención del autor– Los libros de la Biblia —particularmente las cartas apostólicas— tienen un concepto principal que se muestra a lo largo de la carta. Cuando leemos y meditamos solamente en unos pocos versículos a la vez, perdemos la idea central.
  2. Nos ayuda a comprender la conexión del pensamiento entre las secciones de la carta– Entre las palabras más importantes de la Escritura están las conjunciones. La próxima vez que te sientes a leer la carta a los Filipenses, por ejemplo, presta atención y subraya los conectores de pensamiento, y no solo los más obvios como el «por tanto» de 2.1 o 2.12; o «por lo demás» de 3.1 y 4.8; o el «así que» de 3.15 y 4.1, sino también los «porque», «de tal manera», «solamente que», «pero», «sino que» y, de repente, la Escritura se abrirá como nunca antes. ¡El texto cobrará vida!
  3. Nos ayuda a entrar en el mundo del autor y su audiencia – ¿Cómo se sentía el autor al escribir? ¿Qué estaba pasando en su vida? ¿Qué pasaba en la iglesia a la que el autor escribía? ¿Qué tipo de problemas enfrentaba la iglesia? Las respuestas saltan a la vista en la lectura total.
  4. Nos ayuda a meditar – Cuando leemos con el entendimiento, la Palabra misma nos da elementos en los cuales meditar. El salmista dice: «sino que en la ley de Jehová está su delicia» (Sal 1.2). ¿Cómo puede la lectura de un texto bíblico producir delicia en nosotros? Cuando leemos extensamente y memorizamos la Palabra hay un gozo, un deleite en la Palabra que es difícil de explicar, pero sublime de disfrutar.

Como memorizar las Escrituras

Finalmente, ¿cómo podemos memorizar las Escrituras? 

  1. Aparta de 20 a 25 minutos cada día. A mí me resulta mejor por la mañana, temprano, pero a ti puede resultarte mejor al mediodía o a la noche. Me gusta caminar cuando memorizo. 
  2. Elige una versión de la Biblia. Que sea una buena traducción y, a la vez, amena.
  3. Comienza con algo simple. Para comenzar, no tomes el Salmo 119 o la carta a los Romanos. Comienza con un salmo conocido o con Filemón, o un capítulo del Sermón del Monte.
  4. Lee toda la carta. Si quieres memorizar una carta como Filipenses o Efesios, lee toda la carta varias veces primero; de esa manera comenzarás a familiarizarte con el flujo del pensamiento del autor, y con los términos utilizados, entre otros elementos.
  5. Comienza despacio. Memoriza frase por frase; primero una y después otra; repite ambas, luego memoriza la tercera. Repite desde la primera. Avanza despacio.
  6. No pienses en versículos. No le prestes atención a los números de versículos o capítulos. Recuerda que los escritores del NT escribieron cartas con el texto seguido, sin separaciones. Eso te ayudará a hilar pensamiento tras pensamiento.
  7. Repite, repite, repite, repite. Luego repasa, repasa, repasa. Esto ha sido clave para mí.
  8. No te desanimes. Encuentro que muchas personas abandonan a las dos o tres semanas porque «no les queda». Nuestras neuronas se han desacostumbrado a memorizar. Persiste y tendrás victoria. La primera carta que memoricé me llevó un año y medio para memorizarla completa. La segunda seis meses. Después de 14 cartas o libros ¡puede asegurarte que es posible!
  9. Comparte lo memorizado. Por los primeros cinco años, mi esposa se sentaba a escuchar y corregirme. Busca oportunidades para compartir lo memorizado con amigos, grupos caseros, clases en la iglesia. El compartir será una motivación adicional para memoriza bien.
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