Día 365. 2 Pedro 3.15–18
15 Tengan en cuenta que la paciencia de nuestro Señor es para salvación, tal y como nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, les ha escrito 16 en casi todas sus cartas, donde habla de
15 Tengan en cuenta que la paciencia de nuestro Señor es para salvación, tal y como nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, les ha escrito 16 en casi todas sus cartas, donde habla de
10 Pero el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Ese día los cielos desaparecerán en medio de un gran estruendo, y los elementos arderán y serán reducidos a cenizas, y la tierra y todo lo que
1 Amados hermanos, esta es la segunda carta que les escribo, y en ambas los he animado a tener presentes, con su mente pura, 2 las palabras que antes pronunciaron los santos profetas, así como el mandamiento que el Señor
10 sobre todo a los que se dejan llevar por la depravada naturaleza humana, y andan en deseos impuros y en la impureza, con lo que desprecian la autoridad divina. Son atrevidos y arrogantes, y no tienen miedo de insultar
1 Entre el pueblo hubo también falsos profetas, como también habrá entre ustedes falsos maestros que con disimulo introducirán herejías destructivas, y hasta llegarán a negar al Señor que los rescató, con lo que atraerán sobre sí mismos súbita destrucción.
12 Por esta razón siempre habré de recordarles estas cosas, aun cuando ya las sepan y estén firmemente establecidos en la verdad que han recibido. 13 Mientras yo tenga vida, es mi obligación animarlos y recordarles todo esto, 14 pues
5 Por eso, ustedes deben esforzarse por añadir virtud a su fe, conocimiento a la virtud, 6 dominio propio al conocimiento; paciencia al dominio propio, piedad a la paciencia, 7 afecto fraternal a la piedad, y amor al afecto fraternal.
1 Yo, Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, envío un saludo a ustedes, que por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo han alcanzado una fe tan preciosa como la nuestra. 2 Que la gracia y la paz
1 Dichoso aquel cuyo pecado es perdonado, y cuya maldad queda absuelta. 2 Dichoso aquel a quien el Señor ya no acusa de maldad, y en el que no hay engaño. 3 Mientras callé, mis huesos envejecieron, pues todo el
18 Los judíos que estaban en Susa se juntaron los días trece y catorce del mismo mes, y el día quince del mismo mes descansaron y lo declararon día de banquete y de alegría. 19 Por eso desde entonces los