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Demos por amor, no por apariencias

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«Porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.» (Marcos 12.44)

Demos por amor, no por apariencias
Imagen provista por unsplash.com/@mrthetrain

Esos hombres eran muy importantes: su ropa, los anillos que tenían en cada mano, la gente que los rodeaba abanicándolos para que no sufrieran el calor del mediodía. ¡Un verdadero espectáculo de riqueza y ostentación!

Se acercaban hasta allí en el momento más transitado, cuando la multitud de mercaderes y viajeros abarrotaba el lugar. ¡Querían que todos vieran lo que estaban a punto de hacer! Les bastaba hacer una señal con la mano para que un sirviente les trajera una bolsa repleta de monedas. Entonces desataban el lazo y volcaban el dinero en el sitio de las ofrendas. Todos escuchaban el sonido y se detenían para ver lo que pasaba.

Detrás de ellos, de pronto, apareció la pequeña figura de una anciana. Era una viuda: su esposo había fallecido y ahora vivía en soledad, sin mayores recursos que sus humildes manos y la ayuda que recibía de los demás. Sin embargo ella también quería ofrendarle a Dios su dinero. Por eso sacó una moneda de su bolsa y la depositó en el lugar.

Cuando Jesús observó eso, detuvo a sus discípulos y les dijo algo así: «Los demás dieron sobras y lo hicieron para llamar la atención. ¡Pero esta mujer dio con sencillez todo lo que tenía para vivir durante el mes!»

La enseñanza es muy clara: a Dios no le interesan las cantidades sino el corazón, la actitud con que ofrendamos nuestro dinero, nuestro tiempo, los talentos y todo lo que él nos permite tener.

Sumérgete: Cuando ayudemos a los demás y demos la ofrenda en la iglesia, tratemos de que solo Dios sepa lo que hemos hecho. ¡Así nos aseguraremos de que lo hacemos de corazón, por amor y no para que la gente nos vea!

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