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Desarrollando el hábito de la oración 2 Crónicas 20.1-30

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Introducción

Los discípulos vieron a Jesús haciendo señales y maravillas, enseñando y predicando durante sus tres años de ministerio. Estaban con él a cada hora, como ningún otro. Sin embargo, ninguno de ellos, de acuerdo a los registros de los Evangelios, le pidió a Jesús que le enseñara a predicar o enseñar. Ni siquiera, le pidieron que les enseñaran a hacer señales y milagros.

En cambio, sí le pidieron: «Señor, enséñanos a orar». ¿Por qué? Porque ellos entendían que, si había algo que debían aprender, sin lugar a dudas, era cómo desarrollar el hábito de oración que veían en Jesús.

Si ese hábito fue tan importante para Jesús como para sus más íntimos seguidores, sin dudas será importante para nosotros también.

Trasfondo

El pasaje de 2 Crónicas está inmerso en un contexto histórico determinado. Era la época del reino dividido. El rey Josafat era el cuarto rey que gobernaba sobre el Reino del Sur, Judá (c. 870-850). El profeta Eliseo era el encargado en aquellos tiempos de hablar en nombre de Dios. La situación política internacional era peligrosa. Los amonitas y los moabitas eran enemigos peligrosos y trataban de conquistar a Judá.

La situación nacional era complicada pues el Reino de Judá estaba abocado a la construcción de una nación. Pocos años antes el reino se había dividido a la muerte de Salomón y había muchos problemas con los que debían lidiar. Espiritualmente, estaba bastante bien pues Josafat buscaba la dirección de Dios, aunque no completamente, pues los lugares alto no habían sido destruidos (2 Crónicas 20.33).

I. La preparación para la oración(20.1-4)

1. Buscaron al Señor con fe – El versículo 3 nos dice que Josafat tuvo miedo y también nos dice qué hizo: «Buscó a Jehová»

2. Buscaron al Señor con ayuno (20.3)

a. Ayunar profundiza la humildad

b. Ayunar solidifica nuestra determinación a ponernos en las 

manos de Dios

c. Ayunar alimenta nuestra fe

3. Buscaron al Señor en todo el reino (20.4)

II. La práctica de la oración(20.5-14)

1. Oraron en unidad

a. El espíritu de oración es profundizado

Cuando la necesidad es acuciante o cuando las necesidades de la iglesia necesitan la guía de Dios, orar todos juntos es una de las claves.

  1. El amor de los hermanos y la unidad son intensificados
  2. La fe es fortalecida
  1. Presentaron sus problemas a Dios (20.13)

Ellos sabían a quién acudir. Si había alguien que podría ayudarlos en una situación límite como la que estaban por enfrentar, ese alguien era Dios.

III. La respuesta a la oración(20.15-17)

1. «Dios dice: No teman, yo estoy con ustedes». (20.15)

Cuando oramos, él promete su presencia y se constituye en el artífice principal de esa guerra.

Isaías 41.10

«Por tanto, no tengan miedo, pues yo soy su Dios y estoy

con ustedes. Mi mano victoriosa les dará fuerza y ayuda; mi 

mano victoriosa siempre les dará su apoyo»

Isaías 41.13-14

«Israelitas, yo soy su Dios y los he tomado de la mano;

No deben tener miedo, porque cuentan con mi ayuda.

Ustedes, israelitas, son un pueblo débil y pequeño; pero no tengan miedo, porque cuentan con mi ayuda.»

2. Cuando no encontramos la respuesta, él nos da su plan y su voluntad (20.16-17). 

Cuando humildemente nos acercamos a su presencia, él puede cambiar los problemas en soluciones.

  1. En ocasiones él hará toda la obra (20.17a) y en ocasiones nosotros tendremos que hacer nuestra parte (20.17b).

Dios hará por nosotros lo que nosotros no podemos hacer; pero deberemos cumplir con nuestra parte de responsabilidad.

Cuando Jesús iba a resucitar a Lázaro, pidió que otros corrieran la piedra.

IV. El rol de la obediencia en la oración(20.18-21)

  1. Reconoce el señorío de Dios

En Getsemaní, Jesús dijo: «Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Jesús sudaba gotas de sangre, pero confiadamente ponía su vida y voluntad en las manos y señorío de Dios.

  1. Debemos creer en Dios y su provisión antes de recibir lo que pedimos. La base de nuestra oración, cuando por primera vez nos acercamos a Dios con algún pedido, es creer que Dios existe, que está dispuestos a oírnos y que tiene el poder de responder nuestras súplicas.

No estamos hablando de una fe ciega sino de la confianza depositada en un Dios amoroso, misericordioso y poderoso.

V. Los resultados de la oración (20.22-30)

1. La alabanza confiada fue el comienzo de la acción de Dios. No creo que podamos decir que la alabanza activó la respuesta de Dios, pero sí que la confianza en Dios manifestada en la alabanza fue parte integral del proceso de la respuesta de Dios.

2. La respuesta de Dios no se limita a nuestras expectativas. Muchas veces la sobrepasa. «Estuvieron tres días recogiendo el botín, porque era abundante» (20.25)

3. Otros reconocen la intervención de Dios en nuestras vidas (20.29)

4. Dios, en medio de la batalla, da paz a aquellos que confían en él (20.30)

Pasos prácticos para desarrollar el hábito de la oración

1. Creer en la Palabra de Dios y obedecerla.

2. Jeremías 31.21 – «Levanta para ti señales, coloca para ti majanos»

3. Relaciona a la oración con prácticas que ya son un hábito para ti.

4. Siga orando. Pablo nos enseñó a «orar sin cesar».

Samuel Chadwick: «Parecería que como que la cosa más grande en el universo de Dios es un hombre que ora. Hay una sola cosa más sorprendente, que ese hombre, conociendo esto, no ore».

Fue en la Universidad de Cambridge, en 1882, que por primera vez se escuchó la frase: «Recuerda la vigilia de la mañana».

Los estudiantes de aquella Universidad vieron que sus días estaban tan llenos de clases, estudio y biblioteca que descubrieron una hendidura que, si no era cerrada pronto, podría ocasionar un desastre.

Buscando una solución llegaron a lo que pronto se conoció como la «vigilia de la mañana», un plan para emplear los primeros momentos de cada mañana a solas con Dios, orando y leyendo la Biblia.

La vigilia de la mañana cerró la pequeña hendidura, pues dejó al descubierto una verdad tantas veces oscurecida por la presión de una actividad constante.

Esta búsqueda de Dios desde la mañana disparó una actividad espiritual tan grande que muchos misioneros salieron de esa Universidad para todas partes del mundo. Los famosos «Siete de Cambridge» constituyeron el grupo misionero más importante del mundo en aquellos días.

Amy Grant cantaba: «He decidido vivir como un creyente»

Nosotros debemos decir: «He decidido desarrollar verdaderamente el hábito de la oración».

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