Día 121. Salmos 7

«1  Señor, mi Dios, en ti confío; ¡ponme a salvo de los que me persiguen!

2  ¡No permitas que, como leones, me desgarren; que me destrocen sin que nadie me defienda!

3  Señor, mi Dios, ¿qué mal he cometido? ¿Acaso hay maldad en mis manos?

4  ¿Acaso les he pagado mal a mis aliados dejando sin más en libertad a nuestros adversarios?

5  Si es así, ¡que el enemigo me persiga! ¡Que me alcance y me haga rodar por tierra! ¡Que ponga mi honor por los suelos!

6  Señor, ¡levántate, y en tu furor enfréntate a la furia de mis adversarios! ¡Despierta, y dicta tu sentencia en mi favor!

7  Rodeado entonces de todas las naciones, reinarás sobre ellas desde el alto cielo.

8  Tú, Señor, que juzgas a las naciones, júzgame como corresponde a tu justicia, y de acuerdo con mi integridad.

9  Pon fin a la maldad de los perversos, pero mantén firme al hombre honrado, pues tú eres un Dios justo que examina el corazón y la mente.

10  Dios es mi escudo; él salva a los rectos de corazón.

11  Dios es un juez justo, siempre enojado con la gente malvada.

12  Listos tiene el arco y la espada para actuar contra ellos, si no se arrepienten.

13  Listas tiene también armas mortales; ¡ya ha preparado ardientes flechas!

14  El malvado engendra el mal; tan preñado está de maldad que de él nace la mentira.

15  Ha cavado un pozo muy profundo, y en ese mismo pozo caerá.

16  Su maldad se volverá contra él; sus ofensas recaerán sobre él mismo.

17  ¡Yo alabaré al Señor por su justicia! ¡Cantaré salmos al nombre del Dios altísimo!»

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