Día 132. Génesis 21.22–34

«22 Por ese mismo tiempo sucedió que Abimelec fue a hablar con Abrahán, y lo acompañó Ficol, jefe de su ejército. Le dijo: «Dios está contigo en todo lo que haces.

23 Así que júrame aquí mismo, por Dios, que no me tratarás mal a mí, ni a mi hijo ni a mi nieto, sino que me tratarás con la misma bondad con que te he tratado, y que harás lo mismo con la tierra en la que habitas.»

24 Y Abrahán respondió: «Lo juro.»

25 Pero Abrahán se quejó con Abimelec por un pozo de agua que los siervos de Abimelec le habían quitado.

26 Y Abimelec respondió: «No sé quién haya hecho esto, ni tú me lo hiciste saber, y tampoco yo lo supe hasta hoy.»

27 Abrahán tomó entonces ovejas y vacas, y se las dio a Abimelec, y los dos hicieron un pacto.

28 Del rebaño, Abrahán apartó siete corderas,

29 y Abimelec le preguntó a Abrahán: «Y estas siete corderas que has apartado, ¿qué significan?»

30 Y él respondió: «Significan que vas a recibir de mi mano estas siete corderas, para que sirvan de testimonio en mi favor de que yo cavé este pozo.»

31 Por eso a aquel lugar lo llamó Berseba; porque allí los dos hicieron un juramento.

32 Allí en Berseba hicieron un pacto. Luego se levantó Abimelec, y Ficol, el jefe de su ejército, y juntos volvieron a la tierra de los filisteos.

33 En Berseba Abrahán plantó un árbol tamarisco, y allí invocó el nombre del Señor, el Dios eterno.

34 Y Abrahán vivió mucho tiempo en la tierra de los filisteos.»

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