Día 190. Mateo 15.21–28

21  Cuando Jesús salió de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón.

22  De pronto salió una mujer cananea de aquella región, y a gritos le decía: «¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! ¡A mi hija la atormenta un demonio!»

23  Pero Jesús no le dijo una sola palabra. Entonces sus discípulos se acercaron a él y le rogaron: «Despídela, pues viene gritando detrás de nosotros.»

24  Él respondió: «Yo no fui enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.»

25  Entonces ella vino, se inclinó ante él, y le dijo: «¡Señor, ayúdame!»

26  Él le dijo: «No está bien tomar el pan que es de los hijos, y echarlo a los perritos.»

27  Ella respondió: «Cierto, Señor. Pero aun los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.»

28  Entonces, Jesús le dijo: «¡Ah, mujer, tienes mucha fe! ¡Que se haga contigo tal y como quieres!» Y desde ese mismo instante su hija quedó sana.

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