Día 254. Éxodo 4.18–31

«18 Fue así como Moisés se fue, y al volver a la casa de su suegro Jetro, le dijo: «Ahora voy a volver a Egipto, donde están mis hermanos. Quiero ver si aún viven.» Y Jetro le dijo a Moisés:
«Vete en paz.»

19 En Madián, el Señor también le dijo a Moisés: «Anda, regresa a Egipto, pues ya han muerto todos los que querían matarte.»

20 Entonces Moisés tomó a su mujer y a sus hijos, y los puso sobre un asno, y volvió a la tierra de Egipto. En su mano llevaba Moisés la vara de Dios.

21 El Señor le había dicho a Moisés: «Cuando vuelvas a Egipto, asegúrate de hacer delante del faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano. Yo endureceré su corazón, de modo que no
dejará ir al pueblo,

22 pero tú le dirás al faraón: “Así ha dicho el Señor: ‘Israel es mi hijo. Es mi primer hijo.’

23 Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, pero tú no has querido dejarlo ir. Por eso, ahora voy a matar a tu primer hijo.”»

24 Ya en el camino sucedió que, en una posada, el Señor le salió al encuentro y quiso matarlo.

25 Pero Séfora tomó una piedra afilada y le cortó el prepucio a su hijo; luego lo arrojó a los pies de Moisés y dijo: «A decir verdad, tú eres para mí un esposo de sangre.*[poner nota]: Este es uno de los pasajes más complejos del AT y ninguna de las interpretaciones propuestas resulta plenamente satisfactoria.

26 Entonces el Señor dejó ir a Moisés. Pero ella dijo «esposo de sangre» por causa de la circuncisión.

27 El Señor le dijo a Aarón: «Ve al desierto, a recibir a Moisés.» Y Aarón fue y encontró a Moisés en el monte de Dios, y le dio un beso.

28 Allí Moisés le contó a Aarón todas las palabras que el Señor le enviaba, y todas las señales que le había dado.

29 Entonces Moisés y Aarón fueron a reunir a todos los ancianos de los hijos de Israel,

30 y Aarón habló de todo lo que el Señor le había dicho a Moisés, y ante los ojos del pueblo hizo las señales.

31 Y el pueblo creyó. Y al escuchar que el Señor había visitado a los hijos de Israel y que había visto su tristeza, se inclinaron y adoraron.»

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