Día 274. Lucas 24.36–53

«36  Todavía estaban ellos hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz sea con ustedes!»

37  Ellos se espantaron y se atemorizaron, pues creían estar viendo un espíritu;

38  pero Jesús les dijo: «¿Por qué se asustan? ¿Por qué dan cabida a esos pensamientos en su corazón?

39  ¡Miren mis manos y mis pies! ¡Soy yo! Tóquenme y véanme: un espíritu no tiene carne ni huesos, como pueden ver que los tengo yo.»

40  Y al decir esto, les mostró las manos y los pies.

41  Y como ellos, por el gozo y la sorpresa que tenían, no le creían, Jesús les dijo: «¿Tienen aquí algo de comer?»

42  Entonces ellos le dieron parte de un pescado asado,

43  y él lo tomó y se lo comió delante de ellos.

44  Luego les dijo: «Lo que ha pasado conmigo es lo mismo que les anuncié cuando aún estaba con ustedes: que era necesario que se cumpliera todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.»

45  Entonces les abrió el entendimiento para que pudieran comprender las Escrituras,

46  y les dijo: «Así está escrito, y así era necesario, que el Cristo padeciera y resucitara de los muertos al tercer día,

47  y que en su nombre se predicara el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando por Jerusalén.

48  De esto, ustedes son testigos.

49  Yo voy a enviar sobre ustedes la promesa de mi Padre; pero ustedes, quédense en la ciudad de Jerusalén hasta que desde lo alto sean investidos de poder.»

50  Luego los llevó de allí a Betania, y levantando sus manos los bendijo.

51  Pero sucedió que, mientras los bendecía, se apartó de ellos y fue llevado a las alturas del cielo.

52  Ellos lo adoraron, y después volvieron muy felices a Jerusalén;

53  y siempre estaban en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén.»

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