25
1 Bildad el suhita respondió:
2 «El poder de Dios da temor; él hace la paz en las alturas de los cielos.
3 ¿Acaso pueden contarse sus ejércitos? ¿Hay quien pueda esconderse de su luz?
4 Si no, ¿cómo puede justificarse el hombre ante Dios? ¡Nadie que haya nacido de mujer está limpio de pecado!
5 A los ojos de Dios, nada está limpio de impureza; ¡ni siquiera la blanca luna ni las brillantes estrellas!
6 ¡Todo hombre, todo ser humano, es impuro y miserable como un gusano!»
26
1 Respondió Job, y dijo:
2 «¡Valiente ayuda brindas al que no tiene fuerzas! ¡Eres la salvación de los brazos débiles!
3 ¡Cómo sabes aconsejar al ignorante! ¡Qué despliegue de inteligencia has mostrado!
4 ¿Pero quién te ha susurrado estas palabras? ¿Qué espíritu te ha llevado a pronunciarlas?
5 »Allá, en el fondo del mar profundo, un temblor sacude a los muertos que allí reposan.
6 Ante Dios, el sepulcro queda al descubierto; no hay escondite para el reino de la muerte.
7 Dios despliega el norte de la nada; la tierra cuelga en medio del vacío.
8 Dios contiene las lluvias en las nubes, y estas no se vacían, aunque estén cargadas.
9 Tiende una cortina de blancas nubes, y tras ellas esconde su trono.
10 Para las aguas ha establecido un límite, lo mismo que para la luz y las tinieblas.
11 Al oír la voz de su corrección, tiemblan de miedo las bases de los cielos.
12 Con su poder, el mar se agita; con su astucia, calma su arrogancia.
13 Con su soplo, el cielo se despeja; con su poder parte en dos al monstruo del mar.
14 Esto es solo una muestra de su inmenso poder; lo que de él sabemos es apenas un susurro. La fuerza de su poder ¿quién puede comprenderla?»
27
1 Job continuó con su discurso, y dijo:
2 «¡Vive Dios, el Todopoderoso, que me amarga la vida al negarme su justicia!
3 Pero mientras me quede vida, mientras quede en mí el aliento divino,
4 no pronunciarán mis labios nada reprochable, ni mi lengua pronunciará engaño alguno.
5 Jamás podré dar a ustedes la razón; sostendré mi inocencia hasta la muerte.
6 No renunciaré a insistir en mi justicia; mientras viva, tendré la conciencia tranquila.
7 ¡Que sean mis enemigos como los malvados! ¡Que sean mis adversarios como los perversos!
8 »¿Qué fin le espera al malvado y ladrón, cuando Dios le arrebate la vida?
9 ¿Acaso Dios escuchará su clamor cuando venga la angustia?
10 ¿Hallará placer al lado del Todopoderoso? ¿Llamará acaso a Dios en todo momento?
11 ¡Voy a enseñarles algo del poder de Dios! ¡Les voy a revelar lo que sé del Todopoderoso!
12 No hay duda de que todos ustedes lo han visto; entonces, ¿por qué dicen tantas tonterías?»
13 «El Dios Todopoderoso tiene ya preparada la herencia de los malvados y violentos:
14 Podrán tener muchos hijos, pero morirán por la espada; los más pequeños siempre carecerán de pan.
15 Si acaso alguno sobrevive, no será sepultado, ni su viuda llorará su muerte.
16 Podrá vivir entre montones de plata, y acumular grandes cantidades de ropa,
17 pero al final los hombres justos e inocentes se pondrán esa ropa y se repartirán la plata.
18 »La casa que edifica está carcomida por dentro; es tan frágil como una choza de vigilancia.
19 Se va a descansar seguro de sus riquezas, pero al despertar ya está en la miseria.
20 Entonces el terror lo domina como un río, y en la noche lo arrastra como un torbellino.
21 Un viento calcinante lo lanza a las alturas; una fuerte tempestad lo arranca de su lugar.
22 Dios lo castigará sin piedad, y aunque quiera escapar, no lo conseguirá.
23 Al verlo, la gente aplaudirá y se alegrará de verlo arruinado.»










