Día 329. Mateo 26.57–68

57  Los que arrestaron a Jesús lo llevaron ante el sumo sacerdote Caifás, donde estaban reunidos los escribas y los ancianos.

58  Pero Pedro lo siguió de lejos hasta el patio del sumo sacerdote, y entró y se sentó con los alguaciles, para ver cómo terminaba aquello.

59  Los principales sacerdotes, y los ancianos y todo el concilio, buscaban algún falso testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte;

60  pero no lo hallaron, aunque se presentaron muchos testigos falsos. Finalmente, llegaron dos testigos falsos

61  y dijeron: «Este dijo: “Puedo derribar el templo de Dios, y reedificarlo en tres días.”»

62  El sumo sacerdote se levantó y le preguntó: «¿No vas a responder? ¡Mira lo que estos dicen contra ti!»

63  Pero Jesús guardó silencio. Entonces el sumo sacerdote le dijo: «Te ordeno en el nombre del Dios viviente, que nos digas si tú eres el Cristo, el
Hijo de Dios.»

64  Jesús le respondió: «Tú lo has dicho. Y además les digo que, desde ahora, verán al Hijo del Hombre sentado a la mano derecha del Poderoso, y venir en las nubes del cielo.»

65  El sumo sacerdote se rasgó entonces las vestiduras y dijo: «¡Ha ofendido a Dios! ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? ¡Ustedes acaban de oír su ofensa!

66  ¿Qué les parece?» Y ellos respondieron: «¡Que merece la muerte!»

67  Entonces unos lo escupieron en el rostro, y le dieron puñetazos; y otros lo abofeteaban

68  y decían: «¡Profetízanos, Cristo; dinos quién te golpeó!»

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