Introducción
La expresión «Digno es el Cordero» resuena con fuerza y solemnidad en el corazón de la fe cristiana. Es una declaración de alabanza, adoración y reconocimiento a Jesucristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Pero esta declaración no surge de la nada. Tiene raíces profundas en la historia redentora narrada en las Escrituras, desde los sacrificios del Antiguo Testamento hasta la visión gloriosa del trono en el Apocalipsis.
1. El cordero en el AT: símbolo de sustitución y redención
El sacrificio de Abel
Desde los primeros capítulos de la Biblia se presenta la idea de un sacrificio aceptable. En Génesis 4.4, Abel ofreció «de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas», y Dios miró con agrado su ofrenda. Aunque el texto no menciona un cordero en particular, es significativo que Abel ofreciera un animal sacrificial, prefigurando el principio de que «sin derramamiento de sangre no hay perdón» (Hebreos 9.22).
La provisión del carnero en lugar de Isaac (Génesis 22.13)
Cuando Abraham obedecía a Dios y estaba a punto de sacrificar a su hijo, Dios detuvo su mano y proveyó un carnero para el sacrificio. Este momento muestra con claridad la idea de sustitución: otro muere en lugar del que estaba destinado a morir. Así, el Cordero de Dios toma nuestro lugar en el altar del juicio. El lugar se llamó «Jehová-Jireh», es decir, «el Señor proveerá». Este relato no solo ilustra la fe de Abraham, sino que apunta a una verdad más profunda: Dios proveerá un sustituto.
El Cordero Pascual
En Éxodo 12, durante la salida de Israel de Egipto, Dios instituye la Pascua. Cada familia debía sacrificar un cordero sin defecto y pintar con su sangre los postes y el dintel de las puertas. Esa sangre protegería a los primogénitos del juicio divino. Este acto fue central en la identidad del pueblo de Israel: la redención mediante la sangre del cordero.
El sistema sacrificial levítico
El libro de Levítico regula los sacrificios. Se requería un cordero sin defecto para diversas ofrendas, especialmente el sacrificio por el pecado. El cordero debía morir para que el pecador viviera.
Isaías 53: el Siervo como cordero que sufre
En la profecía de Isaías, especialmente en el capítulo 53, se describe a un Siervo de Dios que sufre por los pecadores: «Se verá angustiado y afligido, pero jamás emitirá una queja; será llevado al matadero como un cordero…» (Isaías 53.7). Aquí el cordero ya no es un animal, sino una persona. Se revela un sacrificio humano y divino a la vez.
2. El cumplimiento en el NT: Jesucristo, el Cordero de Dios
La declaración de Juan el Bautista
En Juan 1.29, aparece una de las declaraciones más importantes del Nuevo Testamento: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Con estas palabras, Juan el Bautista no solo señala a Jesús como el Mesías, sino como aquel que cumple todas las figuras anteriores.
El sacrificio perfecto
El autor de Hebreos dedica capítulos enteros a demostrar que Cristo es superior al sistema antiguo. En Hebreos 9:12 se dice: «Entró una sola vez y para siempre en el Lugar Santísimo, y así obtuvo para nosotros la redención eterna». Jesús ofreció un solo sacrificio, suficiente para siempre.
Jesús en Getsemaní (Mateo 26.39)
Antes de ir a la cruz, Jesús oró con angustia en el huerto de Getsemaní: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú». Esta escena revela la decisión voluntaria de Jesús de aceptar el sacrificio por amor, aun cuando significaba dolor, sufrimiento y muerte.
La cena del Señor: la nueva Pascua
En la Última Cena, Jesús se presenta como el cumplimiento de la Pascua. Ya no se trata de un cordero animal, sino de su cuerpo y su sangre: «Esto es mi cuerpo, que por ustedes es entregado… esta copa es el nuevo pacto en mi sangre…» (Lucas 22.19-20).
3. «Digno es el Cordero»: exaltación final en Apocalipsis
El libro de Apocalipsis nos lleva a la culminación de la historia redentora. En el capítulo 5, Juan ve un rollo sellado que nadie puede abrir. Él llora, pero uno de los ancianos dice: «El León de la tribu de Judá… ha vencido y puede abrir el libro…» (Apocalipsis 5.5). Pero cuando Juan mira, no ve un león, sino «un Cordero… inmolado» (v. 6).
Toda la creación se une en un canto de alabanza: «Digno es el Cordero inmolado de recibir el poder y las riquezas, la sabiduría y la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza». (Apocalipsis 5.12)
Aquí vemos que la dignidad del Cordero no radica solo en su poder, sino en su sacrificio. Su gloria viene de su entrega.
Conclusión: ¿Por qué es digno el Cordero?
El Cordero es digno por lo que hizo y por lo que es. Su sacrificio fue perfecto, voluntario, eficaz y eterno. Él llevó nuestros pecados, cumplió la ley, venció la muerte, y nos reconcilió con Dios.
¿Hemos reconocido al Cordero como digno en nuestra vida? ¿Vivimos con gratitud, obediencia y adoración?
Señor Jesús, Cordero de Dios, gracias por tu sacrificio. Fuiste inmolado por amor, para redimirnos del pecado. Te adoramos y proclamamos que eres digno de recibir toda gloria. Haznos vivir cada día recordando tu sangre derramada y tu victoria eterna. Amén.










