Dios nos ama tal cual somos, ¿o no es tan así?

Dios nos ama tal cual somos, ¿o no es tan así?

De acuerdo a las Escrituras, ¿es correcta la frase «Dios nos ama tal cual somos»?

En la teología evangélica, la creencia en el amor de Dios es fundamental. Sin embargo, la afirmación de que «Dios nos ama tal cual somos» puede interpretarse de diferentes maneras según la perspectiva teológica y las creencias individuales.

Algunos evangélicos dicen que Dios ama incondicionalmente a todas las personas, independientemente de sus acciones o circunstancias. Desde esta perspectiva, se argumenta que Dios nos ama como somos en términos de aceptar a los seres humanos como creaciones suyas y tener un amor incondicional hacia ellos. Esta idea se basa en la noción de que el amor de Dios no depende de nuestros méritos o de nuestra capacidad para cumplir con ciertos estándares, sino que es un amor constante y eterno.

Sin embargo, otros evangélicos pueden tener una comprensión más equilibrada y enfatizar la tensión entre el amor incondicional de Dios y la necesidad de crecimiento y transformación espiritual. Argumentan que, aunque Dios nos ama incondicionalmente, también desea que nos convirtamos en la mejor versión de nosotros mismos, reflejando los valores y enseñanzas de Cristo. Desde esta perspectiva, el amor de Dios implica un proceso de cambio y crecimiento, donde somos llamados a abandonar el pecado y seguir los mandamientos divinos.

En resumen, la afirmación «Dios nos ama tal cual somos» puede ser vista como válida desde una perspectiva del amor incondicional de Dios, pero también es importante considerar la tensión entre ese amor y el llamado a la transformación espiritual en la teología cristiana evangélica. Como ocurre con muchas cuestiones teológicas, hay diversas interpretaciones y matices dentro de esta tradición cristiana.

Quizá, sería mejor decir que Dios nos ama a pesar de los que somos.

La afirmación «Dios nos ama a pesar de lo que somos» reconoce que todos hemos pecado y nos hemos alejado de la perfección de Dios. Sin embargo, el amor de Dios es tan profundo y misericordioso que envió a su Hijo Jesucristo para ofrecer la redención y el perdón de nuestros pecados. En este sentido, el amor de Dios supera nuestras imperfecciones y nos ofrece una relación restaurada con él.

Esta afirmación también puede reflejar la idea de que, a pesar de nuestras limitaciones y pecados, Dios tiene un plan para nuestra transformación y crecimiento espiritual. Su amor incondicional nos motiva a buscar una vida más cercana a sus enseñanzas y a desarrollar un carácter que refleje los valores cristianos.

¿No está claro en las Escrituras que Dios quiere convertirnos en algo nuevo y no simplemente amarnos como somos?

Sí, en la Biblia se enfatiza el concepto de la transformación espiritual y el deseo de Dios de que nos convirtamos en nuevas criaturas. Según esta perspectiva, Dios nos ama incondicionalmente, pero también tiene la intención de restaurar y transformar nuestras vidas a través de su gracia y poder transformador.

La creencia central de la Biblia en este tema es que el ser humano está separado de Dios debido al pecado, y que el amor de Dios se manifiesta en su provisión de salvación a través de Jesucristo. La muerte y resurrección de Jesús ofrecen la posibilidad de perdón y reconciliación con Dios, y la presencia del Espíritu Santo en la vida de un creyente proporciona la capacidad de experimentar una transformación interior.

En este sentido, las Escrituras enseñan que Dios no solo nos amó como éramos —Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Rom 5.8)—, sino que, después de que hayamos nacido de nuevo (Jn 3.1-15), también nos invita a experimentar una renovación de mente, corazón y carácter a medida que nos rendimos a su voluntad y somos guiados por el Espíritu Santo. Se espera que los creyentes se alejen del pecado, crezcan en santidad y se conformen cada vez más a la imagen de Cristo. Es decir, la Biblia nos enseña que todos hemos pecado y nos hemos alejado de la perfección divina (Rom

3.23). Este pecado nos separa de Dios y nos impide experimentar una relación plena con él, y el plan de redención de Dios vino a ofrecer un nuevo camino —Jesucristo— y darnos la capacidad de ser personas diferentes.

Dios quiere llevarnos a una nueva identidad en Cristo y capacitarnos para vivir una vida que honre y refleje sus valores. Sin duda Dios nos ama incondicionalmente, pero su amor va mucho más allá, pues él desea transformarnos y llevarnos a una nueva vida en él. Aquí es donde entra en juego la necesidad de la transformación espiritual. Jesucristo vino al mundo para ofrecer el perdón y la redención de nuestros pecados, para restaurar nuestra relación con Dios (2 Co 5.17).

Es claro que la transformación espiritual no es algo que podamos lograr por nuestra cuenta. Es una obra del Espíritu Santo en nosotros. Cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador y Señor, el Espíritu Santo viene a morar en nuestro interior y comienza a transformarnos. En su segunda carta a la iglesia de Corinto, Pablo dice: «Todos nosotros, que miramos la gloria del Señor a cara descubierta, como en un espejo, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor» (2 Co 3.18).

Ahora bien, la transformación espiritual implica una renovación de nuestra mente y corazón. Romanos 12.2 nos insta a no conformarnos a los patrones de este mundo, sino a ser transformados mediante la renovación de nuestra mente. Esto implica un cambio en nuestra forma de pensar y percibir el mundo, alineándonos con los pensamientos y valores de Dios.

En definitiva, podríamos decir que, en la Escrituras, el amor de Dios trasciende el simple hecho de amarnos tal como somos. Dios nos ama incondicionalmente, pero su amor nos impulsa a experimentar una transformación espiritual. Mediante la obra del Espíritu Santo, somos renovados en nuestra mente y corazón, y nos convertimos en nuevas criaturas en Cristo. La transformación espiritual nos permite vivir una vida en comunión con Dios, reflejando sus valores y glorificándolo en todo lo que hacemos.

A la única persona a la cual Dios ama tal cual es, es Jesucristo. A nosotros nos ama a pesar de lo que somos, y por causa de su amor envió a Jesús para que dejemos de ser lo que somos y nos transformemos en semejantes a Jesucristo.

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