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Dr. Juan Stam: La partida de un teólogo del camino

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 Dr. Juan Stam junto a su esposa, Doris.
El Dr. Juan Stam junto a su esposa, Doris.

«En estos tiempos, en medio de las crisis de las utopías, el cristiano puede tener una palabra de esperanza. La muerte no es la palabra final porque creemos en la nueva creación. Debemos contagiar de esperanza cristiana a los que no la tienen»”, reflexionaba el Dr. Stam, un auténtico teólogo del camino.

El gran teólogo, Dr. Juan Stam, cambió de morada el pasado sábado 17 de octubre. Para quienes lo conocimos fue un gran impacto porque personas como él quisiéramos que permanecieran para siempre para poder seguir aprendiendo de ellos. «Tuve el privilegio de estar en su casa y gozar de su hospitalidad, esas experiencias difíciles de olvidar», comentó Loida Ortiz, directora del Servicio de publicaciones en español, de Sociedades Bíblicas Unidas. 

En vivelabiblia.com hemos decidido compartir una semblanza de este gran hombre que fue publicada hace algunos años en el periódico Alianza. Dicha semblanza fue realizada en esa ocasión con la colaboración del periodista Fernando Montero y aquí la presentamos con la debida autorización.

Se le solía encontrar sentado frente a su computadora escribiendo sus reflexiones o cantando himnos mientras recolectaba el café de su finca en el Carmen de Guadalupe. No era extraño hallarlo atendiendo las necesidades de personas marginadas o explicándole las Escrituras a grandes personalidades mundiales.

Era normal verlo impartiendo alguna clase a universitarios, pero también se le podía divisar en algunas manifestaciones populares.

Ese era Juan Stam, un teólogo que por más de 50 años vivió en Costa Rica, colaborando en la formación cristiana de miles de personas alrededor del mundo, no solo por medio de sus conferencias, charlas y libros, sino también por sus dotes de pastor, lo cual le enseñó a reír con los que ríen y a llorar con los que lloran.

Sus orígenes

Su abuelo paterno emigró a los Estados Unidos aun siendo inconverso. Sin embargo, gracias a la influencia cristiana de la familia que le acogió, rápidamente dedicó su vida al Señor y se lanzó a la evangelización en una de las peores zonas de Nueva Jersey.

A la luz de la visión denominada «Estrella de Esperanza», Juan Stam creció con un sentido de profundo agradecimiento por las obras que Dios había hecho en su familia.

De su padre heredó la sensibilidad y el desprendimiento hacia los demás. Durante el tiempo de Navidad, acostumbraban llenar el carro de regalos e ir a distribuirlos entre familias de bajos recursos. Sin embargo, esta no era una práctica aislada, sino que respondía a la decisión familiar de dedicar la mitad del salario al Señor y a personas con necesidades económicas.

Con orgullo recordaba la herencia que recibió de sus tíos Juan y Betty Stam, quienes fueron mártires en la China, así como de su tío Harry, quien fue misionero en África.

De niño, era un apasionado por los deportes y, a pesar de sus travesuras, también dirigía un club de estudio bíblico entre sus amigos.

A partir de esta práctica, comenzó a construir sus convicciones y a escudriñar las Escrituras para comprobar la veracidad de lo que decían los predicadores.

Se dio cuenta que en muchas ocasiones existía una gran diferencia entre el texto bíblico y la tradición evangélica.

Su vocación

A pesar de su inclinación por la historia, Dios usó una monografía que escribió sobre la epistemología de San Agustín para sacudir su alma y tomar la decisión de dedicarse a formar vidas.

Esto sucedió mientras estudiaba en el seminario de Wheaton, en Illinois, Estados Unidos.

«Ahí aprendí que la racionalidad no puede separarse de las emociones y de la voluntad», reflexionó en su oportunidad el autor del libro «Las Buenas Nuevas de la Creación» y de los comentarios sobre el libro de Apocalipsis. 

Una vida de convicciones

 Su primera convicción lo era el estudio serio de la Palabra de Dios para saber qué dice y qué no dice.

«Es preferible predicar un sermón común y corriente pero que diga lo que dice la Escritura, que un sermón impresionante que se aleja del texto bíblico», enfatizaba.

 En segundo lugar, pero no menos importante, señalaba la encarnación de Cristo como fundamental en el propósito de Dios para la evangelización y la misión de la iglesia.

Al respecto, recordaba con suma claridad el mensaje de identificación con el pueblo latinoamericano que predicaba Kenneth Strachan, expresidente de la Misión Latinoamericana, en especial las palabras de Rut a su suegra Noemí: «Tu pueblo será mi pueblo» y el texto de San Juan 1:14.

El Dr. Juan Stam en su llegada a Costa Rica.
El Dr. Juan Stam a su llegada a Costa Rica.

Su llegada a Costa Rica  

Años antes había sido impactado por la cultura latinoamericana durante su primera visita a Costa Rica.

Lo que más le llamó la atención fue la espontaneidad y el sentido del humor, elementos que no dudó en incorporar a su vida.

En su condición de pastor estudiantil en las afueras de Chicago, todo estaba listo para que Juan Stam se ordenara para el ministerio. En ese momento, aparecieron Kenneth Strachan y Horacio Fenton y lo convencieron de viajar a Costa Rica y pasar por todo el proceso nacional para ser ordenado como pastor por parte de la Asociación de Iglesias Bíblicas Costarricenses (AIBC). «Esto me ayudó a someterme al orden de la iglesia nacional», resaltó quien en vida fuera padre de tres hijos.

El proceso de encarnación también significó identificarse con la clase obrera y participar en los desfiles de los trabajadores cada 1º de mayo. Sobre esta práctica contó: «la primera vez que lo hice se me acercó un hombre y me dijo: “Don Juan, yo lo escuché predicar en el Templo Bíblico, pero le creo mucho más ahora que lo veo con mi gente en este desfile”». En este sentido, la pregunta que planteaba Juan Stam es acuciante: «¿Dónde estamos como cristianos?»

Piedras en el camino

De no ser por Doris, su esposa, Juan Stam hubiera abandonado rápidamente la misión en Costa Rica. El motivo: la barrera idiomática. En ese momento, Kenneth Strachan y Wilton Nelson decidieron enviarlos al campo antes de ir a enseñar al Seminario Bíblico Latinoamericano.  

De esa etapa recordaba: «en el campo nos enamoramos de la gente y del español. Dos maestras de primaria en Santa Cruz eran mis tutoras y me ayudaron a corregir mis errores lingüísticos. La comunidad de Santa Cruz nos dio tanto cariño y apoyo que de ahí arrancó nuestro ministerio. Yo digo que, aunque he vivido en aulas, en el corazón llevo un pastor campesino». 

Según contaba, antes de impartir un sermón, lo comentaba con una abuela de la comunidad, quien le deba perspectivas campesinas del mensaje.

Este fue el primer obstáculo que tuvo que vencer en su camino de misión. Pero, no sería el único. En su primer sabático de dos meses tuvo una confrontación consigo mismo.

Sus dificultades para pasar tiempo en oración y para llevar a personas a los pies de Cristo lo hizo pensar que era el peor de los misioneros y entró en un período de depresión.

Durante sus estudios doctorales en Basilea, Suiza, Dios usó a un grupo de estudiantes alemanes para levantarlo de su decaimiento.

Gracias a ellos, Juan Stam comenzó a ver la vida con otros ojos y, según afirmaba, aunque había tenido momentos de desánimo como cualquier persona, nunca más entró en depresiones como la que sufrió en aquella oportunidad.

 A su regreso a Costa Rica logró llevar a un vecino a la iglesia, que no volvió a ver sino hasta unos años después, quien gozoso le contó que toda su familia y una gran cantidad de amigos habían llegado al Señor como producto de su invitación a la iglesia.

Dr. Juan Stam dando su discurso cuando cumplió 90 años. Su frase célebre era: «entre en la etapa donde mi misión es orar por la iglesia».
Dr. Juan Stam dando su discurso cuando cumplió 90 años. Su frase célebre era: «entré en la etapa donde mi misión es orar por la iglesia».

Vida docente

 Al finalizar los dos años de pastorado en Santa Cruz pasó a enseñar al Seminario Bíblico Latinoamericano, donde impartió el curso de Teología Sistemática. 

«De joven –reflexionaba don Juan– tenía la costumbre de apuntar lo que no me gustaba de mis profesores, eso me ayudó a no repetir con mis estudiantes los mismos errores».

Al mismo tiempo, lo nombraron como director del internado, edificio que ahora ocupa el Ejército de Salvación.

 Para el año 1972 participó en una mesa redonda sobre planificación familiar donde conoció al sacerdote Benjamín Núñez, quien le tomó mucho cariño y lo invitó a impartir lecciones en la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la Universidad Nacional.

De esta manera, se convirtió en el profesor del curso de Hermenéutica durante 22 años. Como bien señalaba Juan Stam, esta fue una bendición jamás pensada por un misionero evangélico en un país de confesión católica.

Junto a su familia (falta el hijo que tomó la foto).
Junto a su familia (falta el hijo que tomó la foto).

Su corazón por Nicaragua

 Con una moto, Juan Stam logró pastorear siete iglesias en los alrededores de Santa Cruz y una mula lo ayudó a guiar otras doce congregaciones en la costa Pacifico Norte de Costa Rica.

Dada la cercanía con la frontera, logró conocer la situación que vivía el pueblo nicaragüense en tiempos de Anastasio Somoza.  

En 1975 el Concilio Estudiantil del Seminario lo nombró como representante para el Comité de Auxilio al Refugiado. Entre sus tareas estaba sacar a los indocumentados de la cárcel y responsabilizarse por ellos, así como distribuir las donaciones de ropa usada y alimentos. «Recuerdo con claridad lo que nos decía una señora: Cuando ustedes vienen no nos traen solamente bananos, nos traen dos cosas más valiosas: esperanza y alegría», recordaba con emoción.

En este sentido, asegura que prefirió asumir riesgos antes que mantenerse a la distancia de los acontecimientos sociales.

Esta actitud provocó  que por algún tiempo lo señalaran como comunista y estuvieran en peligro su sostenimiento económico por parte de las iglesias que lo apoyaban.

Años más tarde, recibió la invitación de ejercer la presidencia del Comité Nacional de Solidaridad con Nicaragua, cargo que desempeño durante cinco años junto con representantes de los partidos comunistas, a quienes les compartió, con hechos y palabras, el mensaje del evangelio. 

De esta singular experiencia rememoraba, «yo necesitaba demostrarle a los simpatizantes de los partidos de izquierda que un cristiano puede estar comprometido». Gracias a esto, muchos le preguntaban sobre el lugar donde predicaba para ir a escucharlo.

El Dr. Juan Stam amaba tanto la obra bíblica que de regalo de cumpleaños pidió que hicieran una donación a las Sociedades Bíblicas.
El Dr. Juan Stam amaba tanto la obra bíblica que de regalo de cumpleaños pidió que hicieran una donación a las Sociedades Bíblicas.

Desafíos para la iglesia

Según opinaba, del lado evangélico conservador aún hay mucho trabajo por hacer. El primer paso es descubrir la ética social y política de la que habla la Biblia.

Y en segundo lugar, descubrir nuevas perspectivas del texto bíblico que lleven a nuevas actitudes sociales, a nuevas conductas y un reencuentro con la Palabra. 

«En estos tiempos, en medio de las crisis de las utopías, el cristiano puede tener una palabra de esperanza. La muerte no es la palabra final porque creemos en la nueva creación. Debemos contagiar de esperanza cristiana a los que no la tienen»”, reflexionaba el Dr. Stam, un auténtico teólogo del camino.

Sus amigos comentan

Don Juan y su esposa llegaron a Costa Rica con sus tres hijos y se quedó para vivir como un tico campesino, sembrando bananos, café, guayabas. Para celebrar sus 90 años pidió que le cantaran la canción «Soy tico».

«Aunque tenía varios doctorados era un hombre humilde. En los foros teológicos que la Sociedad Bíblica de Costa Rica organizaba con pastores todos los meses, él siempre asistió para contribuir en la reflexión teológica. Jamás desvalorizó la opinión de ninguna persona, pero era fiel exponente de la Palabra de Dios, la exponía con sencillez, nunca con palabras rimbombantes, porque su meta siempre fue enseñar la Palabra, nunca demostrar cuánto sabía», recuerda Mayra Ugalde, directora general de la Sociedad Bíblica.

Don Juan era fiel donante de la Sociedad Bíblica y cuando se hacían las reuniones-cafés para informar a los colaboradores el trabajo realizado durante el año, él era el primero en llegar. Siempre cuando terminaban de presentar el informe pedía la palabra para decir: «Hermanos debemos apoyar la misión de la Sociedad Bíblica porque es la Palabra de Dios lo que estamos distribuyendo». 

«Él creyó firmemente en esta misión. Todos los meses nos hacía llegar una ofrenda desde la sencillez de vida que tenía. Cuando cumplió sus 90 años pidió que nadie le diera regalos, sino que llevaran una ofrenda para la Sociedad Bíblica. Puso un recipiente de artesanía indígena donde cada persona depositaba lo que quería dar. Cuando se pensionó, llegó a mi oficina y me dijo: “Hoy soy un feliz pensionado de la Caja Costarricense del Seguro Social. Ahora no pago los pases en el bus, solo presento la cédula, hoy soy un ciudadano de oro”. Sí, su cédula era de costarricense.

» Él tenía un grupo de amigos: Plutarco Bonilla, filósofo, especialista en Nuevo Testamento; José Antonio Morales,primer director de la Sociedad Bíblica; “El chino saborío”, pastor (fue el primero de ese equipo que partió con el Señor). Posteriormente se añadieron otros amigos, como el Dr. Edesio Sánchez y Harold Segura. Un equipo de pensadores», terminó diciendo Ugalde.

Por su parte, José Antonio Morales compartió: «Todo lo que yo pueda escribir sobre el Dr. Juan Stam Bowman queda en deuda, pero haré lo que pueda. Por esas cosas de la providencia llegué a San José, en el 1956, dos años después de que Juan había llegado a Costa Rica con su familia, a través de la Misión Latinoamericana. Juan serviría como profesor de teología y en algún momento llegó a servir como pastor en Guanacaste. Él nos contaba su grata experiencia sirviendo al Señor, en calidad de pastor y lo decía con una alegría contagiosa. Comprobé con el tiempo que el profesorado era innato en él y lo mismo el ser pastor. Nunca dejó de ser pastor y de ahí las delicias de sus enseñanzas en el aula. Era una mezcla de erudito y de pastor. 

Además de sus hijos consanguíneos dejó muchos hijos fruto de la academia, como lo atestigua su obra literaria. Sobre su formación, la obtuvo en ocho academias, todas obtenidas con altas calificaciones. Se doctoró en Basilea, Suiza, Summa Cum Laude. Su humildad y amor fueron la corona por él lograda y amada. Cuando se le preguntaba ¿como se hace teología, contestaba: “de rodillas frente a la cruz”. Quedan muchas, pero muchas más cosas que decir, me lo impiden las lágrimas» concluyó su alumno y amigo por más de 60 años, – José Antonio Morales

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