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El canon del Antiguo Testamento — Parte 2

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El Antiguo Testamento griego

La Septuaginta hizo posible que los judíos de habla griega —en la diáspora y, también, en Palestina— tuvieran acceso a los textos sagrados de sus antepasados, en el idioma que podían entender. Además, el texto griego dio la oportunidad a grupos no judíos de estudiar las Escrituras hebreas (Hch 8.26–40).

Por Samuel Pagán

La iglesia cristiana se benefició sustancialmente de la traducción de la Septuaginta: la utilizó como su libro santo y lo llamó «Antiguo Testamento».27 El texto en griego les dio la oportunidad a los cristianos de relacionar el mensaje de Jesús con pasajes de importancia mesiánica (Hch 7; 8); les brindó recursos literarios para citar textos del canon hebreo en las discusiones con los judíos (Hch 13.17–37; 17.2–3); y jugó un papel fundamental en la predicación del evangelio a los paganos (Hch 14.8–18; 17.16–32).

El NT es testigo del uso sistemático de la Septuaginta en la educación, predicación y apologética de los primeros creyentes (cf. Ro 8.20 y Ec 1.2; 12.8 gr.).28 Es importante señalar, además, que en las Escrituras cristianas también hay citas y alusiones a las adiciones deuterocanónicas de la Septuaginta (cf. Ro 1.18–32 y Sab 12–14; cf. Ro 2.1–11 y Sab 11–15; cf. Heb 11.35b-38 con 2 Mac 6.18–7.41 y 4 Mac 5.3–18.24). El NT también contiene referencias o alusiones a libros que ni siquiera se encuentran en la Septuaginta (cf. Jud 14–16 y 1 Enoc 1.9).29

La gran aceptación de la Septuaginta entre los primeros cristianos hizo que la comunidad judía, con el paso del tiempo, rechazara esa traducción griega como una versión adecuada de las Escrituras hebreas. En discusiones teológicas en torno al nacimiento de Jesús, los cristianos citaban el texto griego de Isaías para indicar que la «virgen», no «la joven», «daría a luz» (cf. Mt 1.23 e Is 7.14 gr.). Además, algunos manuscritos de la Septuaginta incluso contienen adiciones cristianas a textos del AT.

EL CANON DEL ANTIGUO TESTAMENTO – Parte II

Cuando las discusiones teológicas entre judíos y cristianos demandaron un análisis exegético riguroso, la Septuaginta —que en algunas secciones demostraba un estilo libre en la traducción y que, además, se basaba en un texto hebreo antiguo— fue relegada y condenada en los círculos judíos. Posiblemente ese rechazo judío explica por qué la mayoría de los manuscritos de la Septuaginta que se conservan el día de hoy provienen de grupos cristianos.31

Una vez que la comunidad judía rechazó la Septuaginta, se necesitó una versión griega que la sustituyera. Entre esas nuevas traducciones de las Escrituras hebreas al griego se pueden identificar tres: las versiones de Áquila y Símaco, y la revisión de Teodoción. En la famosa Hexapla de Orígenes se encuentran copias de estas traducciones al griego.32

Áquila, que era un discípulo del gran rabí Ákiba, produjo una versión extremadamente literal de los textos hebreos.33 Aunque el vocabulario usado revela dominio del griego, la traducción manifiesta un literalismo extremo y un apego excesivo a las estructuras lingüísticas del texto hebreo. Posiblemente por esas mismas características esta traducción griega sustituyó a la Septuaginta y fue muy popular en círculos judíos por el año 130 d.C.

La traducción de Símaco (c. 170 d.C.) (7) 34 se distingue no solo por su fidelidad al texto hebreo, sino por el buen uso del idioma griego. De acuerdo con Eusebio y San Jerónimo, Símaco era un judío cristiano ebionita.35

Teodoción, de acuerdo con la tradición eclesiástica, 36 era un prosélito que revisó una traducción al griego ya existente, basada en los textos hebreos. Algunos estudiosos piensan que la traducción revisada fue la Septuaginta; otros, sin embargo, opinan que el texto base de Teodoción fue anterior a la versión de los Setenta.37

La iglesia y el canon

Una vez que finalizó el período del NT, la Iglesia continuó utilizando la Septuaginta en sus homilías, reflexiones y debates teológicos. Una gran parte de los escritores cristianos de la época utilizaban libremente la Septuaginta y citaban los libros que no se encontraban en el canon hebreo.

La iglesia Occidental, a fines del siglo IV, aceptó un número fijo de libros del AT, entre los cuales se encuentran algunos deuterocanónicos que aparecen en la Septuaginta. Los teólogos orientales, por su parte, seguían el canon hebreo de las Escrituras. Tanto Orígenes como Atanasio insisten en que se deben aceptar en el canon únicamente los 22 libros del canon judío; y san Jerónimo, con su traducción conocida como «Vulgata Latina», propagó el canon hebreo en la iglesia Occidental.38

A través de la historia, la Iglesia ha hecho una serie de declaraciones en torno al canon de las Escrituras. Al principio, estas declaraciones se hacían generalmente en forma de decretos disciplinares;39 posteriormente, en el Concilio de Trento, el tema del canon se abordó de forma directa y dogmática.

El Concilio de Trento se convocó en el año 1545 en el contexto de una serie de controversias con grupos reformados en Europa.40 Entre los asuntos considerados se encontraba la relación de la Escritura con la tradición y su importancia en la transmisión de la fe cristiana.

En el Concilio de Trento se discutió abiertamente la cuestión del canon, y se promulgó un decreto con el catálogo de libros que estaban en el cuerpo de las Escrituras y tenían autoridad dogmática y moral para los fieles.41 Se declaró el carácter oficial de la Vulgata Latina, y se promulgó la obligación de interpretar las Escrituras de acuerdo con la tradición de la iglesia, no según el juicio de cada persona. Además, el Concilio aceptó con igual autoridad religiosa y moral los libros protocanónicos y deuterocanónicos, según se encontraban en la Vulgata.42

Entre los reformadores siempre hubo serias dudas y reservas en torno a los libros deuterocanónicos. Finalmente, los rechazaron por las polémicas y encuentros con los católicos. 43

EL CANON DEL ANTIGUO TESTAMENTO – Parte II

Lutero, en su traducción de 1534, agrupó los libros deuterocanónicos en una sección entre los dos Testamentos, con una nota que indica que son libros «apócrifos», y que aunque su lectura es útil y buena, no se igualan a la Sagrada Escritura. La Biblia de Zürich (1527–29), en la cual participó Zuinglio, relegó los libros deuterocanónicos al último volumen, pues no los consideró canónicos. La Biblia Olivetana (1534–35), que contiene un prólogo de Juan Calvino, incluyó los deuterocanónicos como una sección aparte del resto de los libros que componen el canon. La Iglesia Reformada, en sus confesiones «Galicana» y «Bélgica» no incluyó los deuterocanónicos. En las declaraciones luteranas se prestó cada vez menos atención a los libros deuterocanónicos.

En Inglaterra, la situación fue similar al resto de la Europa Reformada. La Biblia de Wiclef (1382) incluyó únicamente el canon hebreo. Y aunque la Biblia de Coverdale (1535) incorpora los deuterocanónicos, en «Los Treinta y Nueve Artículos» de la Iglesia de Inglaterra 44 se dice que esa literatura no debe emplearse para fundamentar ninguna doctrina. La versión «King James» (1611) imprimió los deuterocanónicos entre los Testamentos.45

La traducción al castellano de Casiodoro de Reina —publicada en Basilea en 1569—incluía los libros deuterocanónicos, de acuerdo con el orden de la Septuaginta. La posterior revisión de Cipriano de Valera —publicada en Amsterdam en 1602— agrupó los libros deuterocanónicos entre los Testamentos.

La Confesión de Westminster (1647) reaccionó al Concilio de Trento y a las controversias entre católicos y protestantes: afirmó el canon de las Escrituras hebreas. En su declaración sobre el canon, la Confesión indica que los deuterocanónicos —identificados como «Apócrifa»—, por no ser inspirados, no forman parte del canon de la Escritura y, por consiguiente, carecen de autoridad para la iglesia. Indica, además, que pueden leerse únicamente como escritos puramente humanos.46 De esa forma se definió claramente el canon entre las comunidades cristianas que aceptaban la Confesión de Westminster.

El problema de la aceptación de los apócrifos o deuterocanónicos entre las comunidades cristianas luego de la Reforma se atendió básicamente de tres maneras:

(1) Los deuterocanónicos se mantenían en la Biblia, pero separados —alguna nota indicaba que estos libros no tenían la misma autoridad que el resto de las Escrituras—;

(2) de acuerdo con el Concilio de Trento, tanto los libros deuterocanónicos como los protocanónicos se aceptaban en la Biblia con la misma autoridad;

(3) basados en la Confesión de Westminster, se incluía en las ediciones de la Biblia únicamente el canon hebreo, que contiene los únicos libros aceptados como autoridad.47

Luego de muchas discusiones teológicas y administrativas, la «Sociedad bíblica británica y extranjera» decidió, en 1826, publicar Biblias únicamente con el canon hebreo del AT. 48 La versión Reina-Valera se publicó por primera vez sin los deuterocanónicos en el 1850. 49

En torno a los apócrifos o deuterocanónicos, las iglesias cristianas han superado muchas de las dificultades que las separaban por siglos. Ya la polémica y la hostilidad han cedido el paso al diálogo y la cooperación interconfesional. En la actualidad, grupos católicos y protestantes trabajan juntos para traducir y publicar Biblias. 50 Esta literatura, lejos de ser un obstáculo para el diálogo y la cooperación entre creyentes, es un recurso importante para estudiar la historia, las costumbres y las ideas religiosas del período que precedió al ministerio de Jesús de Nazaret y a la actividad apostólica de los primeros cristianos.

El canon del Antiguo Testamento — Parte 2

Cánones judíos y cristianos de las Escrituras

Biblia hebrea (BH)Septuaginta (LXX)Vulgata (VLG)
Torá:
Génesis
Éxodo
Levítico
Números
Deuteronomio
Pentateuco:
Génesis
Éxodo
Levítico
Números
Deuteronomio 

Pentateuco:
Génesis
Éxodo
Levítico
Números
Deuteronomio

 

 Nebi˒im:
 Profetas Anteriores:
   Josué
   Jueces
   Samuel (2)
   Reyes (2)
Libros históricos:
Josué
Jueces
Rut
Reinados:
Samuel (2)
Libros históricos:
   Josué
   Jueces
   Rut
   Samuel (2)
   Reyes (2)
Nebi˒im:
Profetas Posteriores:
  Isaías
  Jeremías
  Ezequiel
  Los Doce: (=Oseas, Joel, Amós,  Abdías, Jonás, Nahúm, Miqueas, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías) 
Libros históricos:
Reyes (2)
Paralipómenos (2)
   [Crónicas (2)]
Esdras (4)
  *I Esdras
  II Esdras (=Esdras)
  III Esdras (=Nehemías)
Ester
  *(con adiciones griegas)
 *Judit
 *Tobit
Macabeos (4).
  *Macabeos (2)
    III, IV Macabeos
Libros históricos:
  Crónicas (2)
  Esdras
  Nehemías
  Tobit
  Judit
  Ester
  Macabeos (2)   **III Esdras   **IV Esdras
Ketubim: Escritos
Salmos
Job
Proverbios
Rut
Cantar de los Cantares
Qohelet (=Eclesiastés)
Lamentaciones
Ester
Daniel 1–12
Esdras–Nehemías
Crónicas (2) 
Libros poéticos:
   Salmos
   **Odas    Proverbios
   Eclesiastés (=Qohelet)
   Cantar de los Cantares
   Job
   *Sabiduría de Salomón
   *Sabiduría de Jesús   ben Sira (=Sirácida)
   **Salmos de Salomón
Libros poéticos:
    Job
   Salmos
   Proverbios
   Eclesiastés  (=Qohelet)
   Cantar de los Cantares
   Sabiduría
   Eclesiástico (=Sirácida)
 Libros proféticos: Los Doce: (=Oseas, Amós, Miqueas…)Libros proféticos:
Isaías
Jeremías
Lamentaciones
* Deuterocanónicos o Apócrifos
**Pseudoepígrafos 
Libros proféticos:
Isaías
Jeremías
*Baruc 1–5
Lamentaciones
Carta de Jeremías (=Baruc 6)
Ezequiel
*Susana (=Daniel 13)
Daniel 1–12.
*Bel y el Dragón (=Daniel 14)
Baruc 1–6
Ezequiel
Daniel 1–14
Los Doce: (=Oseas, Joel, Amós…)

Libros recomendados
Archer, Gleason L. Reseña crítica de una introducción al Antiguo Testamento. Trad. del inglés por A. Edwin Sipowicz. Chicago: The Moody Bible Institute of Chicago, 1981.
Báez-Camargo, Gonzalo. Breve historia del canon bíblico. México: Sociedades Bíblicas Unidas, 1983.
Trebolle Barrera, Julio. La Biblia judía y la Biblia cristiana. Madrid: Editorial Trotta, 1993.
Turro, James C. y Brown, Raymond E. «Canonicidad». Comentario Bíblico «San Jerónimo». Tomo 5. Trad. del inglés por Alfonso De la Fuente Adánez. Madrid: Ediciones Cristiandad, 1972.

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Notas y Referencias

27 Melitón de Sardis (c. 170) utilizó la expresión «Antiguo Testamento» para identificar las Escrituras judías; Eusebio de Cesarea. Historia eclesiástica. Traducción de Argimiro Velasco Delgado (Madrid: B.A.C., 1973), 4.26. Posteriormente Tertuliano (c. 200), al referirse a las Escrituras cristianas, las llamó «Nuevo Testamento». Bruce, pp. 84–86; Turro y Brown, pp. 88–89.

28 La edición de 1979 del NT en griego de Nestle-Aland (pp. 897–904), incluye una lista de citas del ATen el Nuevo. Esa lista identifica las citas y las alusiones a la Septuaginta y a otras versiones griegas del AT. Véase, además, Robert G. Bratcher, ed., Old Testament Quotations in the New Testament, London: UBS, 1967.

29 Bruce, pp. 48–52.

31 Bruce, pp. 45–46.

32 Orígenes era un teólogo cristiano de Alejandría que, durante los años 230–240 d.C., compiló diversos textos de las Escrituras hebreas en columnas paralelas. El orden de las versiones en la Hexapla es el siguiente: (1) el texto hebreo; (2) el texto hebreo transliterado al griego; (3) Áquila; (4) Símaco; (5) la Septuaginta; (6) Teodoción.

33 Würthwein, p. 53; Bruce, p. 53.

34 Würthwein, pp. 53–54.

35 Según Epifanio, Símaco era un samaritano convertido al judaísmo.

36 Würthwein, p. 54.

37 Leonard J. Greenspoon, «Theodotion, Theodotion’s version», en ABDvol. 6, pp. 447–448.

38 Turro y Brown, pp. 69–70.

39Entre los concilios que hicieron declaraciones importantes referentes al canon se pueden identificar los siguientes: El Concilio de Laodicea (c. 360); el Concilio de Roma (382); y el Concilio de Florencia(1442). A. Paul, pp. 52–54.

40 Justo L. González, La era de los Reformadores(Miami: Caribe, 1980), pp. 65–75.
41 Este decreto tenía una importancia histórica particular: en los prefacios a su NT de 1522, Lutero había descartado los libros deuterocanónicos y había cuestionado la inspiración de Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis. A. Paul, p. 53. Hans Küng, La Iglesia (Barcelona: Herder, 1975), pp. 375–380, 425, 501. Ludwig Hertling, Historia de la Iglesia (Barcelona: Herder, 1989), pp. 330–347.
42 Las copias de la Vulgata contienen frecuentemente los libros de 1 y 2 Esdras y la Oración de Manasés; sin embargo, estos no fueron aceptados por el Concilio.
43 En el resumen de las respuestas reformadas a la situación del canon seguimos a Turro y Brown, pp. 71–73.
44 Bruce, pp. 105–106.
45 Samuel Pagán, «La Revisión Valera de la Traducción Reina…», La Biblia en las Américas (1989): 10–11.
46Bruce, pp. 109–111; Turro y Brown, p. 72.
47 G. Báez-Camargo, p. 27.
48 Bruce, pp. 111–114.
49 Báez-Camargo, p. 77.
50 Normas para la cooperación interconfesional en la traducción de la Biblia (Roma: Imprenta Políglota Vaticana, 1987).

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