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El gozo de una salvación completa

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Alejandro Roccamora

«En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre» (Sal 16.11).

Hay cuatro términos de profundo significado teológico que se relacionan directamente con la salvación, con el gozo que el creyente experimenta en esta vida y con la plenitud de gozo que experimentará en la vida venidera: propiciación; justificación; santificación y glorificación. Veamos, someramente, cada uno de ellos.

  1. Propiciación – La propiciación (acción de apagar la ira de alguien mediante una ofrenda), que es el sacrificio que quita la ira de Dios, es el acto sacrificial, expiatorio, de Cristo, de una vez y para siempre, sobre la cruz, que elimina de sobre el creyente la justa ira de Dios, y la transfiere sobre Jesucristo. Dice el apóstol Juan: «Él es la propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 2.2). Debido a nuestro pecado, todos merecemos la ira de Dios, pero en la persona de su Hijo, Dios toma esa merecida ira que caía sobre los creyentes y la transfiere a su Hijo sin pecado. Pablo, en Romanos 3.25 nos dice que «Dios puso [a Cristo Jesús] como propiciación por medio de la fe en su sangre». También dice en Romanos 8.3: «Dios, enviando a su Hijo… condenó al pecado en la carne». Muchos años antes, el profeta Isaías había dicho: «(a) llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores… herido de Dios y abatido. Mas él (b) herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; (c) el castigo de nuestra paz fue sobre él, y (d) por su llaga fuimos nosotros curados… (e) Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros» (Is 53.4-6).

    Cuando la propiciación fue llevada a cabo, estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Por el precio pagado sobre la cruz, el Padre compró y aseguró nuestra redención al liberarnos de la merecida ira de Dios que estaba sobre nosotros y la colocó sobre su Hijo.

  2. Justificación – Es el acto de Dios por el cual él nos declara justos en unión con Cristo a través de la fe y por virtud de la muerte propiciatoria de Jesucristo. Dios derramó primero su ira y ahora su castigo sobre su Hijo Jesucristo en lugar de hacerlo sobre nosotros, y entonces nosotros recibimos su justicia. Es decir, cuando Jesucristo se hizo pecado por nosotros recibiendo nuestro castigo, Dios puso sobre nosotros su justicia y de esa manera somos declarados justos por la fe en Jesucristo. Dios nos considera justos debido a Cristo. Por eso, decimos que somos justificados por gracia por medio de la fe. Este proceso de doble imputación [la ira de Dios es colocada sobre el Hijo, y la justicia del Hijo es acreditada a nosotros] sucede en el mismo momento en que cada uno de nosotros cree. En el momento en que somos justificados, el Espíritu viene a morar en nosotros y comenzamos un camino que nos llevará inexorablemente a la glorificación.

  3. Santificación – Si bien la propiciación es un acto que se realiza de una vez y para siempre, y con la justificación sucede lo mismo —y en la glorificación sucederá lo mismo—, la santificación es un proceso que comienza justo en el momento de nuestra justificación y durará toda nuestra vida hasta el momento de nuestra glorificación. La santificación es el proceso por el cual el creyente crece en santidad, justicia, amor, comunión, etc. A medida que avanzamos en nuestro proceso de santificación, vamos creciendo en nuestro conocimiento de Jesucristo, su obra, su persona, su Palabra, y esos elementos se volcarán nuevamente en nosotros produciendo un círculo virtuoso de crecimiento y santidad. Es en este proceso, dirigido y controlado por el Espíritu Santo, donde poco a poco vamos cambiando hábitos de pecado por hábitos de santidad, y nos vamos desarrollando hacia la meta de la santificación completa, que llegará en nuestra siguiente etapa como cristianos.

  4. Glorificación – Somos perfeccionados de una vez y para siempre. Pablo dice en Romanos 8.17: «Si es que padecemos juntamente con él [Jesucristo], para que juntamente con él seamos glorificados». Nuestra glorificación es nuestra condición final donde el dolor, los sufrimiento y la muerte quedan atrás y jamás volveremos a experimentarlos.

    Aunque, como dijimos antes, la glorificación no es un proceso, sino un acto realizado por Dios de una vez y para siempre, también podríamos decir que es un proceso que durará toda la eternidad [si es que podemos aplicar el término «durará» a algo eterno], en el cual iremos conociendo a Dios poco a poco.


Es importante comprender que, aunque tendremos una eternidad para conocer a Dios, nunca podremos conocerlo en su totalidad, pues Dios es infinito. La glorificación será una gran aventura espiritual, donde de la mano del Dios eterno seremos parte de algo que en esta etapa de nuestra salvación jamás podremos imaginar.

Como mencionamos al principio, Salmos 16.11 dice: «En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre». Por lo tanto, sí podemos asegurar que cuando estemos con Dios nuestro gozo será completo. Mateo 25.21 dice: «Bien, buen siervo y fiel… entra en el gozo de tu señor».

Las palabras de Jesús son clarísimas: en la glorificación estaremos inmersos en el gozo que solo puede venir de él. Y es ahí cuando lo veremos tal cual él es, y disfrutaremos eternamente de su presencia, y glorificaremos su nombre eternamente por todo lo que ha hecho por nosotros; es decir, la propiciación, justificación, santificación y, finalmente, la glorificación, y todas las demás bendiciones que Dios fue añadiendo a lo largo de nuestras vidas.

En la glorificación experimentaremos la plenitud de su presencia y nos gozaremos eternamente con él y todos los santos.

¡Alabado sea su nombre!

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