El matrimonio de acuerdo a la Biblia

El matrimonio de acuerdo a la Biblia

Cómo desarrollar un matrimonio como la Biblia pide que lo hagamos.

Alguien dijo: «El problema con la vida es que tiende a ser tan… diaria». La convivencia muchas veces nos resulta difícil.

Mi esposa y yo somos muy diferentes en varios aspectos, y especialmente en la interacción social. Ella está completamente orientada hacia la gente, a amarla, y hacerla sentirse bien. Le encantan las reuniones sociales. Es una persona maravillosa. Yo soy más orientado hacia el estudio y al pensamiento. Si bien no dudo en ayudar a quienes lo necesiten, a veces veo a la gente como un estorbo en mi camino. Ella me enseñó mucho al respecto, aunque todavía debo seguir aprendiendo.

Si bien yo soy bueno en algunas cosas, hay otras que me sacan de quicio. Por ejemplo, aunque finalmente lo hago, arreglar cosas en la casa me resulta insoportable. Primero porque no soy bueno en esas cosas, como diría un primo mío: «tengo dos manos izquierdas», y segundo porque me roba tiempo de las cosas que sí considero más importantes.

Esas diferencias entre mi amada esposa y yo, a veces causa cierta… tensión.

Una verdad de Perogrullo dice que los hombres y las mujeres son diferentes, y aprender cuáles son esas diferencias nos permitirá acercarnos mutuamente más y más. No hay duda que podemos aprender uno del otro, y así ayudarnos mutuamente a crecer juntos.

Un secreto «escondido» en las Escrituras

Todos nos hemos «topado» con pasajes bíblicos que hemos leído infinidad de veces, y de repente se tornan claros como nunca antes. Cuando aprendí este pasaje, comprendí por qué muchas parejas enfrentan problemas que muchas veces llevan al fracaso.

Efesios 5.33: «Por lo demás, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismos; y ustedes, las esposas, respeten a sus maridos».

En este pasaje, Pablo habla de la relación entre «amor» y «respeto». Claramente dice que las esposas necesitan amor y los esposos necesitan respeto.

La conexión entre el amor y el respeto es clave para comprender cómo crecer juntos.

Es interesante la palabra que Pablo usa, que aquí se traduce al español como «respeto». Es casi la única vez que esta palabra griega (fobeo) se traduce de esta manera. Todas las otras veces que encontramos esta palabra (93 veces de 94) se traduce como «miedo, temor, etc.».

Un esposo debe obedecer el mandamiento de amar, aun si su esposa no obedece el mandamiento de respetar, y una esposa debe obedecer el mandamiento de respetar, aun si su esposo no obedece el mandamiento de amar.

En otras palabras, «al esposo se lo llama a amar incluso a una esposa que no lo respeta, y a la esposa se la llama a respetar aun a un esposo desamorado». No hay justificativo para que un esposo diga: «Voy a amar a mi esposa después de que ella me respete», ni para que una esposa diga: «Voy a respetar a mi esposo después de que él me ame».

En el matrimonio hay un fuerte vínculo entre amor y respeto. ¿Por qué resulta tan difícil amar y respetar? Cuando un esposo no se siente respetado, le es especialmente difícil amar a su esposa. Cuando una esposa no se siente amada, le es especialmente difícil respetar a su esposo.

Sin amor, ella reacciona sin respeto. Sin respeto, él reacciona sin amor. Y así, sucesivamente. ¡Así nace un círculo vicioso del que debemos escapar rápidamente!

Por qué el amor y el respeto son necesidades primarias

Nuevamente, Efesios 5.33 dice que el esposo debe amar a su esposa como a sí mismo, y la esposa debe respetar a su marido.

Pablo no está dando sugerencias, esto es un mandamiento de parte de Dios. La palabra que Pablo usa para referirse al amor es ágape, que significa amor incondicional. Y la redacción del resto del pasaje indica claramente que el esposo debe recibir respeto incondicional. En este versículo, el respeto es tan importante para el esposo como lo es el amor para la esposa.

No se trata de si el esposo merece respeto; se trata de que la esposa debe estar dispuesta a tratar a su esposo respetuosamente sin condiciones. De la misma manera, el amor del esposo hacia su esposa también es algo incondicional.

Lo que debemos aprender es a reconocer el poder del amor incondicional y el poder del respeto incondicional.

El ciclo vicioso comienza cuando dos personas de buena voluntad no encuentran una salida de una discusión. Los cónyuges se aman y no tienen la intención de hacerse daño. Están heridos y enojados pero les sigue importando su cónyuge.

En Efesios 5.33 Pablo nos revela mandamientos surgidos en el corazón de Dios para el matrimonio, cuando dice que el esposo debe amar incondicionalmente a su esposa, y la esposa debe respetar incondicionalmente al esposo.

¿Cómo es posible que una esposa deba mostrar respeto incondicional a su esposo? De la misma manera que un esposo debe mostrar amor incondicional a su esposa. Solo es posible con la ayuda de Dios.

Si vamos a escapar del «círculo vicioso» es necesario que la esposa venza el sentimiento de que su esposo necesita ganarse su respeto incondicional. Pero cuando una esposa no se siente amada le resulta muy difícil mostrar respeto.

De la misma manera, es necesario que el esposo venza el sentimiento de que la esposa debe ganarse su amor incondicional. A eso nos ha llamado Dios, a amar a nuestras esposas como Cristo amó a su iglesia. ¿Cómo amó Cristo a su iglesia? Dios todo por ella aunque claramente no lo merecía.

El objetivo más importante en las parejas en conflicto es «quebrar el ciclo de negatividad».

En situaciones conflictivas, también deberíamos preguntarnos: «Lo que estoy a punto de hacer o decir, ¿le resultará una muestra de desamor?» o «Lo que estoy a punto de hacer o decir, ¿le resultará una muestra de falta de respeto?».

Por supuesto, la esposa puede pensar: «¿Cómo puedo sentir respeto por él, cuando él está ajeno a mí y a mis sentimientos? Eso sería hipócrita».

No fuimos llamados a cambiar todo o a todos. Solo se nos llamó a ser obedientes, y Dios se encarga a partir de allí. Nunca podríamos decir que esto es algo simple y que no demanda esfuerzo. Requiere fe, valor y fortaleza enormes.

Por lo tanto, confiar y obedecer en la Palabra de Dios porque amamos y reverenciamos a Dios nunca nos hace hipócritas, por el contrario, nos hace hombres y mujeres de bien apegados a la Palabra de Dios y obedientes a su voz.

En cuanto a los esposos, debemos recibir la misma enseñanza. Debemos ser hombres de honor y acercarnos a nuestras esposas en actitud amorosa, aunque no recibamos el respeto que queremos.

Tanto el esposo como la esposa pueden ser el cónyuge maduro que da el primer paso, aunque nos hayan ofendido seriamente. Debemos amar a nuestras esposas en forma incondicional… y demostrárselo cada día. Seguramente será difícil, quizá humillante, pero de seguro ganaremos el corazón de nuestras esposas. Proverbios 12.16 dice: «El necio muestra en seguida su enojo; pero el prudente pasa por alto el insulto».

Suceda lo que suceda, ambos debemos tener la responsabilidad  y el firme compromiso de volver a nuestras expresiones de amor y respeto, antes de ir a dormir. 1 Pedro 3.8 nos dice que siempre es sabio que los esposos sean «misericordiosos y amigables».

Lo que es claro es que no podemos fallar en confiar en la Palabra de Dios y obedecerla. Descansando en Dios aprenderemos cómo mostrar amor y respeto en el tono de voz, las palabras utilizadas y la expresión del rostro.

Si el esposo y la esposa son personas básicamente bien dispuestas, pueden utilizar los principios de amor y respeto para convertir un mal matrimonio en uno bueno, y un buen matrimonio en uno mejor.

La clave en todo esto es tener paciencia y permitir al Espíritu Santo que trabaje en el otro.

Recordemos que el amor de él bendice, sin depender del respeto de ella; y el respeto de ella bendice, sin depender del amor del él. Lo que resulta maravilloso es que cumpliendo nuestra parte en el matrimonio, ambos nos beneficiamos y crecemos juntos hacia la meta de Dios en el matrimonio: que el mismo glorifique a Dios y nos ayude a crecer espiritualmente.

Jesús nos está preparando para que cuando estemos en su presencia escuchemos: «Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu Señor» (Mateo 25.21).

En última instancia, nuestro matrimonio se desarrolla no sobre quién o cómo es nuestro cónyuge, sino en nuestra relación con Jesucristo.

No importa cuán deprimente o irritante sea mi cónyuge, mi respuesta es responsabilidad mía y sobre esa respuesta el Señor me hará responsable.

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