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¿Envidia?

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«El corazón apacible es vida de la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos.» (Proverbios 14.30)

¿Envidia?
Imagen provista por pexels.com/es-es/@pixabay

Marita tenía envidia del novio de Rosa… Silvio estaba celoso por los regalos que recibía Claudio… Magda hablaba mal de su compañera de curso, porque no aguantaba verla tan feliz y llena de vida… Martín se mostraba muy envidioso de las cosas que se compraba Norberto…

¡Cuánta gente vive al ritmo de la envidia y los celos!

Muchas de las peleas entre los amigos o los parientes, gran parte de la discriminación y el menosprecio, cierto porcentaje de los homicidios y robos que ocurren a diario, varios de los conflictos judiciales y económicos, algunas de las batallas entre distintos grupos sociales, y otras desdichadas realidades tienen su origen en aquellas actitudes que tanto dividen y destruyen al ser humano.

Porque cuando una persona decide darle lugar a la envidia, comienza a deteriorarse su ser interior y deja de vivir en forma libre para estar obsesionada con todo lo que los demás dicen, hacen o tienen. De este modo, la crítica, el enojo, la amargura, el rechazo y el odio empiezan a modificar su carácter, incluso llega a cometer actos que nunca pensó realizar.

Jamás envidiemos ni tengamos celos de nadie. ¡Al contrario! Pensemos en las bendiciones que Dios nos regala y agradezcámosle por lo que él hace en nuestra vida y en las de las personas que nos rodean. Felicitemos a la gente de manera sincera, aprendamos del ejemplo de quienes logran sus objetivos en forma honesta y llenemos nuestra mente con pensamientos de amor y paz.

Sumérgete: Cuanto más nos acerquemos a Dios a través de la oración y la lectura de la Biblia, menos espacio habrá en nuestro corazón para la envidia o los celos. ¡Estaremos contentos con lo que él nos ofrece! ¡Amaremos de veras a la gente!

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