¡Ya no somos esclavos!

¡Ya no somos esclavos!

«Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres.» (1 Corintios 7.23)

¡Ya no somos esclavos!
Imagen provista por pexels.com/es-es/@pixabay

Perdonar no significa ser tontos y dejar que los demás sigan abusándose. ¡Eso no es lo que Jesús enseña! Dios quiere mostrar en nuestra vida lo que significa ser una persona completa, que sabe cómo desarrollar relaciones saludables.

Hay gente que vive esclavizada por el maltrato, la burla y el menosprecio de los demás. Es increíble, pero a veces quienes provocan los mayores daños viven con nosotros en nuestra propia casa. ¡Cómo duele que un ser querido nos ofenda!

Nunca permitamos que nadie abuse de nosotros. Si bien es cierto que el perdón debe ser un valor firme en nuestra vida, y que no debemos permitir que el rencor y la amargura guíen nuestras acciones, también es verdad que necesitamos aprender de los errores y conocer a la gente con la que nos relacionamos para evitar que vuelvan a herirnos.

Ya lo intentamos. Hablamos con la persona que nos ofendió, le expresamos nuestro dolor, le dijimos que la perdonábamos, y a pesar de que no se arrepintió ni nos pidió perdón, nos liberamos de malos sentimientos. Si la situación no cambia, pensemos maneras prácticas para no caer en un ciclo de maltrato continuo.

Hablemos con nuestros padres o con las autoridades del lugar en donde se produzca el problema. Busquemos el consejo de un profesional de la salud. Comentemos la situación en nuestra comunidad de fe. Relacionémonos con personas diferentes. Cambiemos de trabajo o ámbito de estudio. ¡Pidámosle a Dios que nos ayude!

Sumérgete: Aprender a decir que «no» es tan importante como aprender a perdonar. Llenemos nuestra mente con los consejos de la Biblia que nos enseñan cómo relacionarnos con los demás y desarrollemos actitudes sanas.

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