Exegesis del NT Parte I

Exégesis del Nuevo Testamento — Parte I

Introducción: En este ensayo utilizaremos el texto de Lucas 7.36-50 —la historia de una mujer pecadora que unge los pies de Jesús— para ilustrar un método de interpretar el NT. Pretendemos que este sea un ejercicio que muestre cómo podría enseñarse un texto en una clase o exponerse en un sermón (un tipo de ejercicio de texto-a-clase o de texto-a-sermón). Digo que se trata de «un método», y no de «el método», porque uno podría variar el orden exacto en que realiza la labor interpretativa. Por otro lado, las tareas exegéticas difieren, dependiendo del tipo de literatura dentro del NT con la que uno esté lidiando. En la marcha compartiré algunas presuposiciones sobre cómo interpretar textos bíblicos.

La mujer en la casa de Simón el fariseo (Lc 7.36-50):
ejercicio de interpretación – Parte 1

Por W. Gerald Kendrick

Mi llamado y mi trabajo como predicador, profesor universitario y consultor de traducciones bíblicas me han obligado a desenvolverme en más de un campo. Ello ha requerido que me especialice en diversas áreas de estudio en las que la mayoría de los lectores de este ensayo no son especialistas: estudios bíblicos y teológicos, lingüística y otros similares. Pero lo primero que hay que señalar es que amé la Biblia y las historias que ella narra mucho antes de siquiera pensar en especializarme en su estudio. ¿No ocurre lo mismo con la mayoría de nosotros? En gran parte, fue de gente común, que formaba parte de la comunidad cristiana, quienes nos enseñaron sobre Dios, Cristo, el Espíritu Santo y cómo vivir nuestras vidas en la presencia de Dios. Nuestros primeros maestros de Biblia quizá fueron nuestros padres, o algún amigo, o los pastores y maestros, y muchos de ellos quizá no sean considerados como expertos bíblicos en ningún «Quién es quién». Son miembros de una comunidad que cree y ora; ellos transmiten, a gente como usted y como yo, lo que correctamente consideran como una herencia preciosa.

Lo anterior apunta a un asunto importante en lo relacionado con la exégesis y la interpretación de la Biblia. Cuando nos abocamos a interpretar la Escritura o a escribir artículos sobre cómo interpretarla, debemos estar muy conscientes de una comunidad de creyentes que abarca al mundo entero. En particular, debemos ser conscientes de que somos parte de una comunidad inmediata y más pequeña, la iglesia local. Aún más; somos parte de una comunidad que trasciende el espacio y que se extiende hacia atrás en el tiempo. Hay una gran oración en la carta de Pablo a los Efesios que, en un sentido muy real, está relacionada con la labor de interpretar y entender la Escritura: Oro para… que así puedan comprender con todo el pueblo santo cuán ancho, largo, alto y profundo es el amor de Cristo (Ef 3.18, DHH). El apóstol señala que la interpretación bíblica no se da en el vacío; solo podemos comprender el mensaje de Dios cuando estamos con todo el pueblo de Dios, o sea, en la compañía de la comunidad creyente. ¡Y esa sí es una comunidad grande! Cuando vemos las traducciones de la Biblia, los comentarios, léxicos y las otras ayudas, nos damos cuenta de que solo somos participantes en una continua conversación con el pueblo de Dios, tanto del pasado como del presente, y de otras culturas y lugares diferentes a los nuestros. Otras personas, a quienes no conocemos cara a cara, nos ayudan a entender de una forma más completa lo que un texto bíblico puede querer decirnos. Dado que estaremos usando un pasaje de Lucas 7 para ilustrar la exégesis, es importante señalar que, en el prólogo del Evangelio (Lc 1.1-4), el autor habla de las cosas que han sido ciertísimas entre nosotros. Las palabras «entre nosotros» solo pueden significar «entre los creyentes, los cristianos». Lucas escribe para que Teófilo y, por implicación, otros que leen el Evangelio, sepan con exactitud las cosas que el pueblo de Dios enseña y cree respecto de Jesús.

¿Qué es la exégesis y cuál es su función?

Cuando menos hay dos posibles peligros que, como exegetas, enfrentamos. Por un lado, la exégesis puede definirse estrechamente como el proceso de obtener el sentido que un texto antiguo tuvo en la época en que fue escrito. Podemos traducir bien todas las palabras griegas, entender el tipo de literatura del que se trata y comprender bien la cultura de la época neotestamentaria. Pero, ¿debemos deleitarnos en conocer y hablar solo sobre otra cultura, otro lugar y otra época diferentes de la nuestra? No; la mayoría de nosotros respondería que estudiamos los textos bíblicos para ver si también nos confieren un mensaje para hoy. Y es aquí donde puede darse el segundo error. Algunos, quizá sin darse cuenta de la brecha que hay entre ellos mismos y el texto (o sin pensar mucho en ello), empiezan de inmediato a buscar aplicaciones que sean relevantes. Si utilizamos ese acercamiento, damos un salto de más de 2000 años en la historia, y donde caigamos será guiado solo por las principales preocupaciones del presente. Una agenda predeterminada— lo que nosotros queremos decir— solo hará que torzamos el texto para alcanzar los fines que nos hemos propuesto. Ya que hay un fin en mente, algunas preguntas nunca se hacen. ¿Qué significó ese texto antiguo en su contexto original? ¿Tiene algo que decir a los escuchas de este tiempo? De ser así, ¿cómo debo cruzar la brecha interpretativa? La labor de la exégesis, como la usamos en este ensayo, tiene que ver con cómo tomar un texto antiguo, vestido con el ropaje cultural de otro tiempo, lugar e idioma que difieren casi en todo con nuestro tiempo, lugar e idioma, y analizarlo con las mejores herramientas disponibles para determinar qué decía en su tiempo. Es un intento por entender el sentido original del texto y, habiendo hecho eso, escuchar y entender si hay algo en el texto que se relacione con nuestra propia situación.

Una traducción confiable

Para interpretar nuestro texto de Lucas, señalamos una regla obvia que muchas veces se pasa por alto. Antes de intentar interpretar este o cualquier otro texto de la iglesia, debemos leerlo en oración y con sumo cuidado. Cada parte del NT fue escrita en griego, pero la mayoría de las personas del mundo conocen estos escritos por medio de alguna traducción. Aunque sea deseable que los que interpretan estos documentos los lean en el idioma en que fueron escritos originalmente, la verdad es que la interpretación bíblica no recae solo sobre los hombros de aquellos que leen griego. Esa labor la realizan aquellos que, como usted, aman a Dios, su revelación escrita respecto de sí mismo y a las personas que usted ha sido llamado a servir. Usted desea leer y entender estos escritos por su propia cuenta, haciendo uso de lo mejor de sus habilidades y utilizando las mejores herramientas que usted pueda costear, para así poder compartir sus hallazgos con otros. Por tanto, algo importante al inicio de la labor exegética es determinar qué traducciones debo usar. Usamos el plural «traducciones» porque ningún intérprete de la Biblia debe depender de solo una traducción. Lo más probable es que la versión de la Biblia que utilicemos al presentar nuestra interpretación sea la misma que usa la mayoría. Sin embargo, como intérpretes, debemos consultar más de una traducción. Hasta los traductores de la Biblia usan más de una versión. Sin importar cuán bien conozcan los estudiosos los idiomas originales, ellos estudian meticulosamente cómo otros traductores han entendido el texto original (la lengua fuente), para así encontrar la mejor forma de expresar en el idioma al que están traduciendo (el idioma receptor) lo que dicho texto dice. Como intérpretes, no podemos hacer menos que esto.

Queremos una traducción buena y confiable de la Biblia, que dependa del cuidadoso estudio de los manuscritos hebreos y griegos (para el Antiguo y Nuevo Testamento, respectivamente). Un buen número de traducciones modernas cumple con estas características, y el proceso conocido como «crítica textual» ha contribuido a proveer las bases para este tipo de Biblia. La ciencia y el arte de la crítica textual —es ambas cosas—es un proceso más bien complejo, por medio del cual se comparan y examinan cuidadosamente los diversos manuscritos con el fin de obtener una base sólida y confiable para la traducción de la Biblia. Aunque podemos aprender lo suficiente respecto de la crítica textual como para entender las notas que vienen en muchas de las versiones modernas, la mayoría de nosotros no somos especialistas en ese campo. Por este motivo, debemos utilizar traducciones que otros han realizado. Algunas traducciones son bastante literales, que guardan las formas del idioma fuente (griego, en nuestro caso), siempre y cuando el idioma receptor (castellano, en nuestro caso) lo permita y tenga sentido para el lector. Se dice que este tipo de traducción es de «equivalencia formal», pues la forma de la traducción es un equivalente cercano a la forma del idioma original. Entre estas traducciones encontramos la RVR-60 y NBJ.

Otro tipo de traducciones procura transmitir el significado del idioma fuente con las estructuras y formas gramaticales del idioma receptor. Estas traducciones se conocen con el nombre de traducciones de «equivalencia funcional o dinámica», ya que la manera como el idioma fuente funciona para transmitir una idea es considerada más importante que mantener estructuras lingüísticas y gramaticales, ya que estas pueden resultar extrañas en el idioma receptor. Estas traducciones ayudan a entender la Biblia, pues suenan al idioma cotidiano. Algunos ejemplos de este tipo de traducción son DHH, TLA y BP. Aun dentro de este tipo de traducción, el nivel del idioma varía, pero los principios de traducción son los mismos.

Digamos que su primera lectura la hace en la RVR-60, una traducción de equivalencia formal. Usted debe leer el pasaje en otras traducciones, no menos de dos; mientras más consulte, mejor. Una de esas traducciones debe ser del tipo de equivalencia funcional, como la DHH. Si usted maneja un segundo idioma, tiene otra herramienta útil para la exégesis; obtenga una versión de la Biblia en ese idioma y utilícela en su lectura y estudio, ya que tal práctica le ayudará a entender mejor el texto. Pero cuídese de no dejar que esta o cualquiera de sus otras herramientas se conviertan en el foco de su exégesis. Como exegetas debemos recordar que intentamos entender el texto por nosotros mismos para ayudar a que otros también lo entiendan. No tratamos de demostrar las herramientas que hemos usado en la exégesis. Si comparamos nuestro trabajo exegético con mostrar a otros una casa que hemos construido, lo que deseamos es que vean la casa, no los clavos, el martillo y el serrucho que utilizamos para construirla.

Sugerencias para leer Lucas 7.36-50

Nuestra primera lectura de este pasaje la hacemos sin tener comentarios a mano, pues no queremos que se nos impongan puntos de vista de otras personas sin siquiera saber sobre qué trata el texto o cuál es el contexto que lo rodea. Queremos ser libres para pensar sobre la narración y para reflexionar sobre cómo ella fluye y se mantiene unida. Este paso no puede ser sustituido por ningún comentario. Si usted hace una práctica de leer el texto antes de consultar los comentarios, después podrá seguir lo que lee en ellos con mayor facilidad. Si voy a exponer un texto ante algún grupo, mi propia práctica, por años, ha sido leer el texto varias veces en voz alta; lo hago en la traducción que la mayoría usará. Las traducciones por equivalencia formal que siempre consulto para la exégesis son la RVR-60 y NBJ; la traducción por equivalencia funcional que uso con mayor regularidad es la DHH, aunque también utilizo la TLA y la NVI.

Al principio, leemos para obtener una idea general de la narración. Un fariseo invita a Jesús a comer con él. Cuando Jesús toma su lugar en la mesa, una mujer no identificada, de quien se dice que es una pecadora, llega con un jarro de alabastro lleno de perfume. Ella se pone detrás de Jesús, a sus pies, y empieza a llorar de tal forma que sus lágrimas mojan los pies de Jesús. La mujer seca con sus cabellos los pies de Jesús, los besa y los unge con perfume. El fariseo, sabiendo que la mujer era pecadora, razona en su corazón que, si Jesús fuese un profeta, también habría sabido la clase de mujer que era ella y no le permitiría que lo tocara. Cuando Jesús lo llama por su nombre, nos damos cuenta que el anfitrión se llama Simón. Jesús le cuenta una historia, una parábola, aunque no se le llama así. La historia es sobre dos personas que tenían deudas; una debía diez veces más que la otra. A ambos se les perdona la deuda, y Jesús le pregunta a Simón quién amaría más al prestamista. Simón responde que aquel a quien se le perdonó la deuda más grande mostrará más amor. Jesús contrasta con agudeza las acciones de la mujer y las de Simón, con lo que aprendemos que Simón ha sido negligente respecto de ciertas costumbres que, aparentemente, se esperaban de los anfitriones en ese tiempo y lugar. Luego, Jesús hace un pronunciamiento respecto de que los pecados de la mujer son perdonados, lo que hace que otros invitados a la comida se pregunten: «¿Quién es este que aun perdona pecados?». La historia termina cuando Jesús le dice a la mujer perdonada que puede irse en paz. Hay un problema que notamos al comparar traducciones, pues hay diferencias en la forma en que se traduce el versículo 47. Por ejemplo, la DHH y la RV95 no concuerdan con la NVI. En las dos primeras, el perdón parece ser la causa del amor de la mujer, mientras que en la NVI, el amor es el resultado del perdón. Más adelante trataremos este asunto, cuando discutamos el uso de los comentarios.

Estudio detallado del pasaje

En este paso del ejercicio, para poder marcar el texto y hacer algunas notas en el margen, necesitamos fotocopiar el capítulo 7, preferiblemente de una traducción basada en equivalencias formales. Primero, nos concentraremos en la estructura general y en la fraseología de los versículos 36-50, buscando palabras y frases importantes, repeticiones y términos que parezcan significativos. Esto nos ayudará a estudiar el contexto inmediato y a seguir la estructura general del texto. Luego, examinaremos un contexto un tanto más amplio.

¿Qué deberíamos marcar en el contexto inmediato? Tres veces subrayé frases paralelas, en las que Jesús señaló algunos gestos de hospitalidad que eran de esperarse por parte de Simón, el anfitrión, pero que no se dieron. No ofreció agua para lavar los pies de Jesús, no le dio el beso de bienvenida y tampoco ungió la cabeza de Jesús con aceite. La conducta de la mujer contrasta con la de Simón en estos tres puntos, pues con sus lágrimas ella bañó los pies de Jesús, y los secó con sus cabellos; repetidamente besó los pies del Maestro y los ungió con perfume.

Subrayar palabras que se repiten también puede ser de mucha ayuda. La palabra «pies» aparece siete veces en este corto pasaje (tres veces en el v. 38, dos en el v. 44, una vez en el v. 45 y otra en el v. 46). Nos damos cuenta de que:

  • la palabra «fariseo» (o su plural) aparece cuatro veces (dos veces en el v. 36, una vez en el v. 37 y otra vez en el v. 39),
  • a la mujer se le llama «pecadora» dos veces (en los vv. 36 y 39),
  • los pecados y el perdón aparecen ligados tres veces (vv. 47, 48 y 49),
  • una vez se relacionan las palabras «amor» y «perdón»,
  • Simón decide que Jesús no puede ser un «profeta» (v. 39), pero aun así lo llama «Maestro» (v. 40),
  • el verbo «perdonar», en alguna de sus formas, aparece seis veces.

¿Se percató también de que las palabras «fe» y «salvación» aparecen solo en el último versículo? En este punto, es una buena práctica hacer un esquema de las ideas principales y del desarrollo del pasaje.

Ahora es necesario analizar el contexto más amplio en el que se encuentra localizada esta historia, para buscar posibles conexiones entre ambos. Por supuesto, podríamos decir que el contexto es el Evangelio de Lucas (que es una consideración importante) pero, en este ejercicio, nos referimos a un contexto coherente más pequeño. Ya que el capítulo 7 empieza diciendo al lector que Jesús entró en Capernaúm después de terminar de decir ciertas cosas, y que el capítulo 8 inicia diciendo que poco después Jesús se fue de allí, parece bastante seguro decir que nuestra narración se encuentra en un contexto distinto, tanto de lo que está en el capítulo anterior como del que le sigue. Puede que no sea una separación radical, pero sí es práctica y manejable para nuestra exégesis. Antes de la historia de la visita de Jesús a la casa de Simón el fariseo, el capítulo tiene relatos de cómo Jesús sana al sirviente de un oficial romano y resucita al hijo de una mujer, junto con una larga sección sobre Juan el Bautista. Todavía nos queda determinar si los tres relatos previos juegan algún papel en la interpretación de nuestro pasaje.

Un grupo de ideas y palabras en la historia sobre Juan el Bautista (vv. 18-35) parece estar relacionada de manera especial con nuestro texto. Por un lado, notamos el término «fariseos». Además, en el versículo 26 se utiliza la palabra «profeta» para referirse a Juan el Bautista y se habla de cómo, al rechazar «los fariseos y los maestros de la ley» la enseñanza de Juan, también rechazaban el propósito de Dios para sus vidas, mientras que la gente en general, incluyendo los recolectores de impuestos, aceptaron el mensaje del Bautista (vv. 28-30). Por otro lado, el relato termina con la observación de que Jesús, al comer y beber, o cenar, con tal gente, era llamado «amigo de los publicanos y pecadores» (v. 34). Al encontrar los términos «profeta», «fariseo» y «pecadores», además de la referencia a Jesús comiendo con un fariseo cuando aparece una mujer pecadora, nos percatamos de algunas conexiones obvias. Tenemos pistas, ideas, pero aún no sabemos bien cómo esto puede afectar o dar forma a nuestra interpretación. El proceso descrito arriba, asumiendo que tenemos ya una fotocopia del pasaje, toma menos de una hora.

El uso de la sinopsis

Ahora tomaremos otro paso en nuestro estudio exegético. Las referencias cruzadas que encontramos en nuestras Biblias nos remiten a Mateo 26.6-13; Marcos 14.3-9; Juan 12.1-8. La mayoría de las personas que van a la iglesia con regularidad saben que en el NT hay una o varias historias de una mujer que unge los pies de Jesús, o tal vez lo sepan porque han visto alguna película sobre la vida de Jesús. Ya que hay historias como estas en las referencias de los Evangelios sinópticos, debemos preguntarnos si se trata de la misma historia.

Hay una herramienta muy útil que se llama «sinopsis», que nos ayuda a comparar y contrastar los tres Evangelios sinópticos, y también permite ver cómo Juan desarrolla historias relacionadas con los otros tres Evangelios. La mayoría de las sinopsis presentan textos relacionados en columnas paralelas, una columna para cada Evangelio. En una de las columnas del medio aparece el Evangelio de Marcos, con Mateo y Lucas a cada uno de sus lados, junto con otra fuente de dichos de Jesús llamada «Q» (abreviatura de la palabra alemana Quelle, «fuente»). Los textos de Juan aparecen en la cuarta columna. Con esto se trata de comprender mejor las relaciones literarias entre los Evangelios, y ayuda a ver con exactitud qué trata de decir un Evangelio en particular con la ubicación de la historia, o con las omisiones o adiciones que se le hacen a la narración. Decir que los dichos de Jesús, junto con el Evangelio de Marcos, se usaron en la formación de los otros dos Evangelios sinópticos no menoscaba la obra del Espíritu Santo en la inspiración de los evangelios. El mismo NT da testimonio del uso de fuentes. Así, por ejemplo, el autor de Lucas comenta, en el prefacio de su obra (Lc 1.1-4), sobre la formación de la misma. Dice que circulaban por su época varios relatos de las palabras y dichos de Jesús, los que Lucas consultó con sumo cuidado; así formó el Evangelio. (Por supuesto, no dice que sus fuentes fueron el Evangelio de Marcos y Q. Eso no es más que una teoría que los eruditos han desarrollado sobre los Evangelios y la literatura relacionada.) Lucas escribe para que alguien llamado Teófilo y, por implicación, otros que lean el Evangelio, conozcan con certeza sobre lo que se enseñaba y creía respecto de Jesús. Algunas historias sobre Jesús aparecen solo en un Evangelio, otras solo en dos, y otras aparecen en los cuatro. Las diferencias y similitudes en los relatos pueden verse con relativa facilidad al usar una sinopsis.

Si no se tiene una sinopsis, debemos leer con cuidado los relatos de la unción en cada uno de los Evangelios y hacer algunas notas. Uno puede obtener la información de los comentarios, pero será muy útil si usted hace sus propias comparaciones, y usted puede hacer su propia sinopsis para este ejercicio haciendo fotocopias de los cuatro relatos y poniéndolas lado a lado. Con esto en mano, en más o menos treinta minutos, uno puede marcar y subrayar tanto similitudes como diferencias. ¿Quién ungió a Jesús? ¿Dice alguno de los relatos el nombre de la mujer? ¿Ocurre el incidente en el mismo pueblo en cada Evangelio, y a la misma hora? ¿Cuál es el nombre del anfitrión? Si el nombre es el mismo, ¿se refieren los relatos a la misma persona? ¿Unge la mujer los pies de Jesús en todos los relatos? ¿Cuál queja se da en los distintos relatos, y quién es el que se queja? ¿Cuánto costó el ungüento? ¿Reportan los cuatro Evangelios este dato? Al notar las similitudes, también saltarán a la vista las diferencias.

Resumamos lo que hemos descubierto con este ejercicio. Hay una mujer en todos los relatos, que trae un ungüento en un jarro de alabastro (Mt, Mc y Lc). La mujer unge, o bien los pies de Jesús (Lc y Jn) o su cabeza (Mt y Mc), y por ello la critican o regañan (todos los relatos). En tres de los relatos, el regaño es dirigido contra la mujer por malgastar el ungüento, en vez de venderlo y dar la ganancia a los pobres (Mt, Mc y Jn). Marcos y Juan informan sobre el costo del perfume, mientras que Mateo nota que podría haberse vendido por una cantidad grande. La crítica proviene de los discípulos (Mt), de algunos de los presentes (Mc) o de Judas Iscariote (Jn). En Lucas, sin embargo, la crítica viene de Simón el fariseo, y es indirecta, ya que el autor informa los pensamientos de Simón, no sus palabras. Es más, la crítica no va dirigida contra la mujer sino contra el hecho de que Jesús permite que la mujer lo toque. La historia de Lucas no dice nada respecto del costo del perfume. Solo en Juan se dice que la mujer se llama María, y que se trata de la hermana de Marta y Lázaro. Solo en Lucas se la califica de «pecadora». A pesar de lo que indica la tradición posterior, en ningún relato se dice que se trate de María Magdalena (Lc 8.2). En Juan no se da el nombre del anfitrión, mientras que en dos relatos se llama «Simón el leproso» (Mt y Mc). En Lucas, no obstante, él es «Simón el fariseo», no «el leproso»; no se trata, entonces, del mismo Simón. Tres de los relatos ubican la acción en Betania y, presumiblemente, el relato de Lucas ocurre en Capernaúm (7.1). Sea cual sea la relación con los otros relatos, el de Lucas no parece ser el mismo que el de los otros Evangelios.

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Notas y referencias

1Véanse los trabajos en la bibliografía de Gordon Fee (1992), en especial el capítulo 3, “Guía breve de exégesis para sermones” (capítulo diseñado para personas que no leen griego). Sobre la clasificación e interpretación de los varios tipos de literatura en el NT, véase Gordon Fee y Douglas Stuart (1985). En la bibliografía, al final del capítulo, los varios manuales enlistados allá repasan bien las varias formas de hacer exégesis. El libro de Wim Weren se concentra en la exégesis de los Evangelios y ofrece ejemplos de análisis de varios géneros o formas literarias, como lo son: textos narrativos, parábolas y milagros.

2 Véase el libro de Markus Barth, Ephesians (vol. 34 en el Anchor Bible Commentaries), p. 395.

3Puede ser que algunos textos no tengan nada que decir a nuestra presente situación. Cuando el pasaje sí tiene algo que decirnos, muchas veces lo hace solo después de que hemos encontrado la intención original. Es solo después de esto que podemos discernir si podemos hacer una aplicación válida. Douglas Stewart dice que la «hermenéutica, la ciencia de la interpretación, trata de saltar las barreras que podrían prevenir la comprensión actual de un texto bíblico» (“Exegesis”, p. 687).

4Entre los protestantes en Latinoamérica, la versión RVR (en sus revisiones de 1960 y de 1995) es la más usada. En algunas congregaciones se ha empezado a utilizar la DHH o la NVI (aunque no como texto litúrgico). En ciertos grupos es posible encontrar otras versiones. Entre los católicos romanos, unas de las versiones más utilizadas son la NBJ, NC y BL.

5A este respecto, véase el libro Heinrich Zimmermann, pp. 20-79; Joseph Schreiner, “Ejemplo de crítica textual bíblica”, en Introducción a los métodos de la exégesis bíblica, pp. 113-128 y Roselyne Dupont-Roc y Philippe Mercier, Los manuscritos de la Biblia y la crítica textual (Estella: Editorial Verbo Divino, 2000).

6Técnicamente, una sección de texto como la presente se llama perícopa, una palabra griega que significa «lo que se corta de alrededor», o sea, una porción seleccionada de un todo.

7Al tratar el tema de exégesis, tanto en contextos universitarios como en pequeños grupos de estudio, pido a los participantes que hagan fotocopias. No marque su Biblia; esto es solo un ejercicio, y puede que usted decida cambiar lo que marca conforme trabaja el texto.

8Aun si usted no se percatara de este detalle en sus lecturas del texto, los buenos comentarios se lo señalarían.

9Fee (Exégesis del Nuevo Testamento) discute cómo hacer esto. Sin embargo, la sola lectura del texto, como en este ejercicio, muestra algunos aspectos relevantes sobre el análisis de un pasaje.

10Si no encontramos estas referencias cruzadas en nuestras Biblias, los comentarios nos llevarán a ellas.

11Los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas se conocen como sinópticos (palabra que viene del griego y significa «vista en conjunto») pues presentan la historia de Jesús desde un mismo punto de vista general. A pesar de que Juan difiere en su acercamiento, en ocasiones presenta similitudes con los otros tres Evangelios.

12Por ejemplo, está la Sinopsis de los Cuatro Evangelios: RVR-60 (New York: American Bible Society, 2000), editada por Wesley Matzigkeit,; y la Sinopsis bilingüe de los tres primeros Evangelios con los paralelos del evangelio de Juan (Estella: Editorial Verbo Divino, 1999) editada por José Cervantes Gabarrón. Esta segunda sinopsis presenta en columnas paralelas los textos bíblicos en griego y castellano.

13Una buena Biblia de estudio tratará estos temas con mayor detalle. Además, las siguientes obras pueden ser de mucha ayuda: Georg Ziener, “La cuestión sinóptica” en Forma y propósito del Nuevo Testamento (pp. 206-219); Raymond E. Brown, pp. 59-191.

14Este pasaje puede interpretarse sin necesidad de hacer este paso del ejercicio, ya que los comentarios discuten las similitudes y las diferencias entre los relatos, pero lo mejor es hacer la práctica. Yo hago que mis estudiantes universitarios, que no leen griego hagan este ejercicio con algún pasaje de los Evangelios sinópticos, como el texto sobre la tentación de Jesús (Mt 4.1-11; Mc 1.12-13; Lc 4.1-13), para que ellos puedan ver, por sus propios ojos, cómo los distintos Evangelios tratan una selección de texto.

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