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Guillermo Carey – El padre de las misiones modernas

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«Espera grandes cosas de parte de Dios.

Emprende grandes cosas para Dios».

Recién ordenado como ministro, Guillermo Carey participaba de la Conferencia Bautista para líderes a finales del 1700. En una de las plenarias, Carey se levantó y argumentó a favor de las misiones al extranjero. Un anciano ministro lo interrumpió abruptamente y le dijo: «Jovencito, ¡siéntese! Sin dudas es un entusiasta. Cuando Dios quiera convertir a los perdidos, él lo hará sin consultarme a mí o a usted». Esa actitud sería inconcebible en nuestros días y mucho de eso se lo debemos a aquel «joven entusiasta llamado Guillermo Carey.

Nacido en una pequeña villa rural de Inglaterra, trabajaba como aprendiz de zapatero cuando se convirtió en la Iglesia Anglicana a la que iba. 

Se aferró al evangelio «con mucho entusiasmo», y a pesar de su poca educación, cuando tenía 12 años pidió prestado una gramática griega del NT y comenzó a aprender en forma autodidacta. Más tarde aprendió de la misma manera francés y alemán.

Cuando su maestro zapatero murió, él tomó a su cargo el pequeño taller de reparación de calzado y al poco tiempo se casó con Dorothy Plackett. A pesar de la felicidad del momento, la vida de la joven pareja fue muy difícil. Al poco tiempo de casados tuvieron un hijo que trágicamente murió dos años después. El taller no anduvo muy bien y se hundieron en la pobreza.

Aún dentro de sus problemas Carey siguió aprendiendo idiomas. No solo aprendió griego sino también hebreo y latín. Al tiempo fue levantado como predicador entre los bautistas. También se especializó en temas internacionales, especialmente aquellos que tuvieran que ver con la vida religiosa y otras culturas.

Carey quedó impactado por los misioneros moravos y profundamente desilusionado con la falta de interés misionero de sus hermanos denominacionales. En respuesta a ello, Carey escribió «Una investigación a las obligaciones de los cristianos en cuanto a la conversión de los perdidos» (An Enquiry into the Obligations of Christians to Use Means for the Conversion of the Heathen). Carey argumentó que la Gran Comisión de Jesús se aplicaba a todos los cristianos, y que Jesús pediría cuentas a aquellos que la ignoraran.

Carey no paró allí, en 1792 organizó una sociedad misionera y en la reunión inaugural predicó un sermón cuyo nombre quedó plasmado en la historia: «Espera grandes cosas de parte de Dios; emprende grandes cosas para Dios». Apenas un año después, Carey, su familia y John Thomas estaban en un barco rumbo a la India.

A pesar de su entusiasmo, tanto Carey como Thomas habían subestimado los desafíos que debían enfrentar durante los primeros años en la India. Poco tiempo después Thomas volvió a su país y Carey tuvo que mudarse varias veces para conseguir un trabajo que le permitiera mantener a su familia. Parte del costo de su experiencia misionera fue que su familia se enfermó y prácticamente se derrumbó. Poco después Carey escribía: «Estoy en una tierra extraña. No tengo amigos cristianos, tengo que mantener una familia y no tengo forma de responder a sus necesidades». Sin embargo, terminó con palabras de fe: «Por supuesto, tengo a Dios, y puedo confiar en su palabra».

Sin embargo, todas estas vicisitudes no doblegaron su fe y entusiasmo. Con la ayuda de un experto aprendió bengalí y en cinco semanas comenzó la traducción de la Biblia al bengalí y predicaba en pequeñas reuniones.

Cuando Carey contrajo malaria y su hijo de 5 años murió de disentería, su esposa Dorothy, aquejada también con sus propias enfermedades, no pudo resistirlo y enloqueció. Luego de que en una ocasión atacó a su esposo con un cuchillo tuvo que ser confinada.

«Verdaderamente este es el valle de la muerte», escribía Carey para transmitir su dolor. Sin embargo, agregó: «De todas maneras me regocijo por estar aquí y que Dios está conmigo».

Luego de tanto sufrimiento, en 1799 las cosas comenzaron a cambiar. Carey fue invitado a vivir en una propiedad danesa en Serampone, una localidad cercana a Calcuta. Allí estaba bajo la protección de los daneses, que le permitían predicar legalmente en las áreas controladas por el gobierno británico.

A Carey se le unieron Guillermo Ward, un impresor, y Josué y Ana Marshman, maestros. Las finanzas de la misión finalmente comenzaron a crecer considerablemente y Carey comenzó a enseñar en el colegio de Fuerte Guillermo, en Calcuta. Más adelante, se conoció a Guillermo Carey, Guillermo Ward y Josué Marshman como el Trío de Serampone.

En diciembre de 1800, siete años después de comenzar su tarea misionera, Carey bautizó a su primer convertido y dos meses después publicó el primer NT en bengalí. Esa edición del NT y las posteriores permitieron que Carey y sus colegas establecieran los fundamentos para el estudio del bengalí moderno.

En los siguientes 28 años Carey y sus expertos tradujeron la Biblia completa a los 6 lenguajes más importantes de la India y porciones de la Biblia a otros 29 lenguajes y dialectos.

Carey también luchó por las reformas sociales de la India, incluyendo la abolición del infanticidio, la quema de las viudas junto a los cadáveres de sus esposos, y el suicidio asistido.

Carey y el matrimonio Marshman fundaron la Universidad de Serampone en 1818, una escuela en divinidades para los indios.

Cuando murió, Carey había vivido en la India por 41 años sin volver a Inglaterra para descanso o búsqueda de fondos. Si bien su misión conoció la conversión de algo menos de 700 personas en una población de varios cientos de millones, Carey estableció los fundamentos para la traducción de la Biblia, la educación y la reforma social.

Su visión misionera inspiró a miles de misioneros alrededor del mundo, entre los cuales podríamos mencionar a Adoniram Judson, Hudson Taylor y David Livingstone.

Su frase: «Espera grandes cosas de parte de Dios; emprende grandes cosas para Dios», se constituyó en un paradigma misionero para las generaciones que siguieron su épico esfuerzo por alcanzar a los perdidos. El ministerio misionero de Carey inspiró una nueva era en las misiones. A pesar de que antes de él hubo muchos aportes misioneros alrededor del mundo, Carey fue un antes y un después en las misiones mundiales.

A principios del 1800 Carey propuso organizar una Conferencia misionera, pero su idea pareció inadecuada para ese tiempo. Tuvieron que pasar un poco más de 100 años para que su idea se concretara en la hoy mundialmente famosa Primera Conferencia Misionera, que se llevó a cabo en Edimburgo, en 1910. Pocos años después, en sintonía con la Conferencia de Edimburgo, se llevó a cabo la Primera Conferencia Misionera en territorio americano, Panamá 1916. El resto es historia.

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