¿Jehová, Yahvé, Señor…? —Parte 2

¿Qué hay en el Nombre y cómo traducirlo?

¿Por qué «Jehová» y no «Yahvé» en la RVR y en la RVR-95?

Cuando los masoretas (grupo de eruditos judíos de la Edad Media) decidieron agregarle al texto bíblico hebreo la puntuación vocálica, con el fin de evitar la pérdida de la pronunciación correcta de las Sagradas Escrituras, trataron de manera muy especial el nombre divino.

Por Edesio Sánchez Cetina

A las cuatro consonantes del nombre sagrado, YHVH, le agregaron los signos vocálicos correspondientes a la palabra hebrea Adonay, creando así lo que los especialistas llaman el qerê perpetuum; es decir, aunque las consonantes permanecen a la vista, la verdadera pronunciación del nombre quedó por siempre perdida. La combinación de las dos palabras (consonantes del nombre original y vocales del nombre sustituto) dio como resultado el nombre híbrido Yehovah.1 Para la mayoría de los lectores de este texto hebreo acompañado de signos vocálicos (que hoy conocemos como «Texto Masorético») no hubo problema alguno: cada vez que aparecía el nombre compuesto, su mirada se centraba en las vocales, no en las consonantes. Por ello, en la lectura pública jamás se pronunciaban las consonantes.

El problema vino cuando los lectores y traductores cristianos empezaron a leer el nombre híbrido. Sea por ignorancia o uso consciente, el caso es que para el año 1100 d.C. ya aparecía en las traducciones y lecturas públicas de la iglesia el nombre «Jehová». Los biblistas de la Ilustración y la Reforma no objetaron el uso de «Jehová». No fue sino hasta el siglo 19 cuando los biblistas empezaron a poner resistencia al uso del nombre híbrido.

El hecho de que tal nombre aparezca en varias versiones antiguas conocidas, como la Reina-Valera y la King James (inglés), muestra que la fuerza de la tradición perduró en ellas. Los traductores y revisores de esas versiones, sobre todo en la antigüedad, lo tomaron del latín y lo transcribieron a sus respectivas versiones. Muchos himnos en la tradición evangélica castellana muestran ser también herederos de esa tradición.

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¿Por qué «Señor» o «Señor» en lugar de «Yahvé» o «Jehová»?

Cualquier lector de la Biblia que haya usado una buena variedad de versiones contemporáneas tanto en castellano como en los otros idiomas mayoritarios, descubrirá que la tendencia es evitar cualquiera forma del nombre sacrosanto de Dios. En su lugar, siguiendo la tradición iniciada por la LXX, se usa el título «Señor» o «Señor». Así se respeta la larga tradición judía de no pronunciar el nombre sacrosanto de Dios, y se opta por usar la traducción de una palabra cuya pronunciación y grafía no tienen problema alguno: Adonay. Además, desde la perspectiva teológica, no solo se resalta que el nombre sacrosanto guarda un misterio y encierra un secreto, sino que también reconoce que Jesucristo, a quien el NT se refiere como «Señor», es el mismo Dios del AT a quien la tradición judía también llama «Señor».

¿Cuál es el significado de «YHVH»?

Ahora, debemos referirnos a la oración con la que termina la cita del glosario de la RVR: «Su significado se asocia con la idea de Ser o Existencia». Debido a que el tetragrámaton es una forma del verbo hebreo «ser» o «estar», tradicionalmente se ha considerado que ese nombre destaca el «ser» de Dios, su «existencia». Sin embargo, tal conclusión no calza bien con el contexto ideológico y teológico del testimonio bíblico.

El nombre revelado en el momento de la vocación de Moisés, y que coincide con la liberación y formación de la nación de Israel, al parecer no tiene otro significado más que «YO-ESTOY». Yavé o YHVH no es una forma hifil del verbo hebreo, por más que William Albright lo haya sugerido. ¡No se ha encontrado ninguna inscripción o texto que compruebe la existencia o uso del verbo HYH en hifil! —esta postura se sustenta en la idea de que el sentido del verbo es el de existencia: «el que causa que las cosas sean»2. Las principales teologías del AT propugnan la idea de que el nombre debe entenderse en el sentido de «presencia» o «de estar con alguien», que citan, además de Éxodo 3.12 y 14, Oseas 1.9, que en forma negativa expresa la idea de presencia o de estar con: «Yo no estoy para ustedes» (véase también Dt 1.42). Empecemos citando a Edmund Jacob:3

Foto: YuriArcursPeopleimages. Envato.

…no es la idea de eternidad la que es primordial cuando los israelitas pronuncian el nombre de Yahvé, sino la de presencia.  La existencia es, como todos los otros conceptos israelitas, un concepto de relación, es decir, que la existencia no es real más que en relación con otra existencia. Dios es aquel que es con alguien… No es ciertamente ser lo que se desea a Yahvé, cuya existencia no fue jamás discutida, sino su presencia efectiva cerca de un individuo o de su pueblo… La prioridad de la presencia sobre la existencia da un aspecto nuevo a todas las intervenciones de Yahvé, un aspecto asimismo inesperado; la presencia de Yahvé corresponde cada vez a una nueva venida, y los profetas han estigmatizado, como una grave ilusión, la fe de quienes interpretaban el «Dios está con nosotros» en el sentido de una posesión definitiva e inalienable.

Por su parte Gerhard von Rad dice:4

No existe cosa más ajena a esta etimología del nombre de Yahvéh que una definición ontológica de su esencia (…), algo así como una alusión a su naturaleza absoluta, su aseidad y demás atributos.  Una interpretación semejante es fundamentalmente ajena al AT.  Ya desde el principio todo el contexto narrativo nos hace esperar que Yahvéh va a comunicar algo; no cómo es, sino cómo se va a mostrar a Israel. Se insiste con razón en que, sobre todo en este texto hyh debe entenderse como un «estar presente», «estar ahí», no en sentido absoluto sino como una existencia relativa y eficaz «yo estaré ahí (para vosotros)».

Finalmente, cito una nueva Teología del AT, la obra de Horst Dietrich Preuss:5

Por otra parte a Yahvé no se le cree o se le imagina en una existencia absoluta, sino en su relación con Israel, con el hombre… (Os 13,4; cf. 12,10)… Este Dios quiere «estar con» (Ex 3,12), y eso es lo que luego (Ex 3,14) se explicita con todo el peso de la palabra dicha por Dios y, por tanto, en 1ª persona del singular: ehyeh.

Foto: sokorspace. Envato.

El simple hecho de que la revelación del nombre YHVH se hiciera en el contexto de la decisión de Dios de «bajar» y liberar al pueblo oprimido, ese ya es un argumento importante para considerar que nombre de Dios y presencia de Dios van de la mano. Moisés fue el primero quien, en el contexto de la revelación del nombre, recibe la promesa de la presencia constante de Dios con él. El segundo fue Josué, el sucesor de Moisés (Jos 1.5-9):

Nadie podrá mantenerse delante de ti en todos los días de tu vida: lo mismo que estuve con Moisés estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré. Sé valiente y firme, porque tú vas a dar a este pueblo la posesión del país que juré dar a sus padres.  Sé, pues, valiente y muy firme, teniendo cuidado de cumplir toda la Ley que te dio mi siervo Moisés. No te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito dondequiera que vayas.  No se aparte el libro de esta Ley de tus labios: medítalo día y noche; así procurarás obrar en todo conforme a lo que en él está escrito, y tendrás suerte y éxito en tus empresas.  ¿No te he mandado que seas valiente y firme? No tengas miedo ni te acobardes, porque Yahvé tu Dios estará contigo dondequiera que vayas.

Más de una vez, los profetas y, a través de ellos, el pueblo, escucharon de la boca de Dios la misma promesa: Isaías 41.10, No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. Is 43.2-5, Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti. Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida. No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré.  Jer 1.8, 19, No les tengas miedo, que contigo estoy yo para salvarte. . . Te harán la guerra, mas no podrán contigo, pues contigo estoy yo —oráculo de Yahvé— para salvarte. Jeremías 15.20, Pelearán contigo, pero no te podrán, pues contigo estoy yo para librarte y salvarte. Jeremías 30.11, Contigo estoy para salvarte. Jeremías 46.28, Tú, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, porque yo estoy contigo. Ezequiel 34.30, Y sabrá que yo Jehová estoy con ellos.  Hageo 1.13; 2.4, Yo estoy con vosotros, dice Jehová.

Conclusión

Con el respeto que se merecen todos aquellos que se sienten inclinados a usar versiones que han elegido tal o cual uso del nombre divino, quien esto escribe ofrece su opinión respecto del tema.

La tarea de las traducciones bíblicas ha demostrado lo difícil que resulta traducir los nombres y títulos de Dios a los diversos idiomas que hoy existen en el mundo. Para quienes nos dedicamos a la traducción de la Biblia a los llamados «idiomas indígenas», este es un asunto que no se puede tomar a la ligera, porque el problema no solo se da en el ámbito de tradiciones y confesiones cristianas, sino sobre todo en el de las características lingüísticas de cada idioma. En este sentido, nuestras traducciones castellanas también tienen que tomar en cuenta a los traductores indígenas que usan nuestras versiones como modelo de traducción y como fuente.

Por otro lado, quienes traducen, revisan, publican y distribuyen las Sagradas Escrituras tienen que tomar en cuenta al público que las va a usar. La variedad de versiones, que manifiestan distintas maneras de enfrentar la tarea de traducción, responde a necesidades diversas de la misión de la iglesia. Por ello, es importante que todos perciban con claridad el valor de cada versión como proyecto singular, y no caigan en la tentación de valorarla o evaluarla a la luz de otra versión en particular.

 Hay versiones que han sido traducidas o revisadas con el fin de servir al mundo académico y a los que necesitan, por su papel en la misión de la iglesia, profundizar más en la exégesis y la interpretación. Para ellos, me parece a mí, una versión que decida transcribir el nombre de Dios como debió de ser el original, «Yahvé», es algo excelente. Tales versiones, como es el caso de la NBJ, también prestan especial atención a la transcripción de los otros nombres y títulos divinos, y de otros asuntos importantes para la exégesis.

Existen, por otro lado, versiones cuyo propósito es el uso litúrgico. Es decir, han sido preparadas para la lectura pública. En tales casos, y me parece que esta es la situación de la NVI, la opción por el uso de «Señor» es la preferible. Hay que reconocer que en el culto y en la proclamación de la Palabra no siempre están presentes o escuchan personas de la misma tradición o confesión cristiana. Por ello, el uso de la palabra «Señor» responde perfectamente a la sensibilidad interconfesional y ecuménica.

En la línea interconfesional debe colocarse DHH. Esta versión, que también usa el título «Señor», responde a la necesidad de servir a un público tan variado y tan diverso como es el de la cristiandad latinoamericana. Tanto la NVI como la DHH, por ser traducciones del siglo 20 y para el mundo hispanohablante, reconocen tácitamente que el uso de «Jehová» o «Yahvé» corre el peligro de alienar o incomodar a importantes sectores de la cristiandad latinoamericana. De todos es sabido que el uso de «Jehová» es propio de la tradición protestante y el de «Yahvé», de la católica.

Y esto nos hace hablar de las versiones pertenecientes a la tradición de Reina-Valera. Aunque el nombre «Jehová» sea, como ya se ha dicho una y otra vez, un híbrido poco feliz, quienes hemos crecido en la tradición protestante de habla hispana veríamos como cosa extraña recibir una Biblia que sea Reina-Valera y que no tenga «Jehová» como el nombre de Dios. Estemos o no de acuerdo con la ortografía y uso de la palabra, ella pertenece a Reina-Valera, y no podemos retroceder al siglo 16 para cambiarla. Mi opinión es que toda versión que surja como producto de la revisión de Reina-Valera, debe, por respeto a la tradición, mantener el nombre «Jehová».

Las nuevas generaciones protestantes deberán estar preparadas para el uso de versiones que respondan mejor a los avances exegéticos y lingüísticos, así como a la sensibilidad interconfesional que tanto necesitamos para realizar mejor nuestra tarea misionera.

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Notas y referencias

1Algunos se preguntarán por qué si Adonay empieza con la vocal «A», la palabra «Jehová» tiene como primera vocal la «e». La explicación es esta: en el hebreo existe una semivocal llamada «shevá» que normalmente se translitera como una «e» volada (e). El sonido de esta semivocal se acerca más al de la «e»; sin embargo, cuando acompaña a ciertas consonantes hebreas especiales, su sonido y grafía varían un poco. De allí que la semivocal en la palabra yn:Þdoa’ž se transcriba como «a» y no como «e».

2Edmond Jacob, Teología del AT, Ediciones Marova, 1969: 54.

3Teología del AT: 55-56.  El texto en negrita es para resaltar el tema en studio.

4Gerhard von Rad, Teología del AT-I, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1972: 235.

5 Horst Dietrich Preuss, Teología del AT-I, Editorial Desclée De Brouwer, Bilbao, 1999: 244-248.

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Bibliografía

Jenni, Ernest.

1978 «Yahwh Yahvé», en: Diccionario teológico manual del Antiguo Testamento, Volumen I, cols. 967-975. Madrid: Ediciones Cristiandad

Mettinger, Tryggve N.D.

1994 Buscando a Dios: significado y mensaje de los nombres divinos en la Biblia, p. 31-64. Córdoba: Ediciones El Almendro

Rad, Gerhard Von

1972 Teología del Antiguo Testamento, Volumen I, p. 234-242. Salamanca: Ediciones Sígueme

Vaux, Roland De

1974 Historia antigua de Israel, Volumen I, p. 330-347. Madrid: Ediciones Cristiandad

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