La Biblia como fuente de sabiduría, salvación y santidad

La Biblia como fuente de sabiduría, salvación y santidad

La Biblia, la Palabra de Dios, ha sido el faro guía para millones de creyentes a lo largo de los siglos. En ella encontramos no solo historias y enseñanzas, sino especialmente la revelación divina que nos permite conocer a Dios, comprender su voluntad y vivir una vida en conformidad con sus mandatos.

La frase de Tachi Nardelli, «A la Biblia hay que leerla para ser sabios, creerla para ser salvos y practicarla para ser santos», encapsula de manera sucinta y poderosa la relación que debemos tener con las Escrituras. Exploremos cada uno de estos tres aspectos —sabiduría, salvación y santidad— y cómo la lectura, afirmación y práctica de la Biblia son fundamentales en nuestra vida espiritual.

1. Leer la Biblia para ser sabios

La sabiduría de Dios en las Escrituras

La Biblia está llena de sabiduría divina, que se manifiesta especialmente en los libros de Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Job. La sabiduría bíblica no es simplemente conocimiento intelectual, sino una comprensión profunda que guía nuestras decisiones y acciones cotidianas.

En Proverbios 2.6 leemos: «Porque el Señor da la sabiduría; de sus labios brotan conocimiento e inteligencia».

Por otro lado, el libro de los salmos nos dice respecto a la Palabra de Dios: «Tu palabra es una lámpara a mis pies; ¡es la luz que ilumina mi camino!».

Estos versículos subrayan que la sabiduría proviene de Dios y que su Palabra ilumina nuestro camino, permitiéndonos vivir de acuerdo a su voluntad.

Jesús concluye el Sermón del Monte con la siguiente parábola:

«A cualquiera que me oye estas palabras, y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Cayó la lluvia, vinieron los ríos, y soplaron los vientos, y azotaron aquella casa, pero ésta no se vino abajo, porque estaba fundada sobre la roca. Por otro lado, a cualquiera que me oye estas palabras y no las pone en práctica, lo compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena. Cayó la lluvia, vinieron los ríos, y soplaron los vientos, y azotaron aquella casa, y ésta se vino abajo, y su ruina fue estrepitosa» (Mt 7.24-27). El Señor Jesús aquí destaca la importancia de aplicar la sabiduría de sus enseñanzas. El hombre prudente que construye su casa sobre la roca es comparado con aquellos que escuchan y ponen en práctica las palabras de Jesús, mientras que el insensato, que construye su casa sobre la arena, representa a los que oyen, pero no actúan según sus enseñanzas. La diferencia en los resultados de estas dos casas durante la tormenta ilustra claramente la importancia de aplicar la sabiduría bíblica en nuestra vida.

2. Creer en la Biblia para ser salvos

La fe y la salvación en las Escrituras

La salvación es un tema central en la Biblia, y la fe en Jesucristo es el medio por el cual alcanzamos la salvación. La Biblia revela el plan redentor de Dios desde el Génesis hasta el Apocalipsis, culminando en la obra redentora de Jesús en la cruz.

El apóstol Pablo enseña a la iglesia en Éfeso: «Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios; ni es resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie» (Efesios 2.8-9).

Y el «discípulo amado», como le gusta identificarse al evangelista Juan, dice en su versículo más conocido y repetido: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3.16).

Estos pasajes enfatizan que la salvación es un regalo de Dios que se recibe por gracia mediante la fe en Jesucristo, y no por nuestros propios méritos.

Otra vez Juan nos cuenta en su Evangelio (3.1-21) el encuentro de Nicodemo, un fariseo y miembro del Sanedrín, con Jesús para tratar de entender más sobre su enseñanza. Jesús le explica que, para ver el reino de Dios, uno debe nacer de nuevo, una transformación espiritual posible solo a través de la fe en él. Este encuentro resalta la necesidad de creer en Jesús como el Hijo de Dios para recibir la salvación.

3. Practicar la Biblia para ser santos

La santidad y la obediencia en las Escrituras

La Biblia nos llama a ser santos como Dios es santo, y esto se manifiesta en nuestra obediencia a sus mandamientos. La santidad implica vivir una vida apartada del pecado y dedicada a Dios.

El apóstol Pedro, escribiendo a los expatriados de la dispersión, nos dice: «Vivan una vida completamente santa, porque santo es aquel que los ha llamado. Escrito está: “Sean santos, porque yo soy santo”» (1 Pedro 1.15-16).

Y también el apóstol Pablo nos dice: «Así que, hermanos, yo les ruego, por las misericordias de Dios, que se presenten ustedes mismos como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. ¡Así es como se debe adorar a Dios! Y no adopten las costumbres de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto» (Romanos 12.1-2).

Estos versículos subrayan la importancia de la santidad y la transformación de nuestra vida como respuesta a la gracia de Dios.

En el Sermón del Monte (Mateo 5–7), Jesús presenta una serie de enseñanzas que describen cómo deben vivir sus seguidores. Habla sobre la importancia de la humildad, la misericordia, la pureza de corazón y la justicia, y llama a sus discípulos a ser la sal de la tierra y la luz del mundo. Este sermón ofrece una guía práctica de la santidad en acción.

4. La transformación integral a través de la Biblia

La integridad del creyente

Leer, creer y practicar la Biblia es el camino hacia a una transformación integral del creyente. No se trata solo de adquirir conocimientos o de una mera adhesión a rituales religiosos, sino de una vida completamente renovada por el Espíritu Santo.

En su carta pastoral a su discípulo Timoteo, Pablo le dice: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» (2 Timoteo 3.16-17).

Y también escribe a la iglesia en Colosas, y le dice: «La palabra de Cristo habite ricamente en ustedes. Instrúyanse y exhórtense unos a otros con toda sabiduría; canten al Señor salmos, himnos y cánticos espirituales, con gratitud de corazón» (Colosenses 3.16).

Estos versículos resaltan que la Palabra de Dios tiene el poder de instruirnos y transformarnos, preparándonos para toda buena obra.

El apóstol Pablo es un ejemplo notable de cómo la vida de un creyente puede ser transformada por la Palabra de Dios. Desde su conversión en el camino a Damasco, Pablo se dedicó completamente a la proclamación del evangelio, demostrando una vida de sabiduría, fe y santidad. Sus cartas a las iglesias están llenas de enseñanzas sobre la vida cristiana práctica, mostrando cómo la Biblia debe influir en cada aspecto de nuestra existencia.

Conclusión

Cada vez que leemos la Palabra de Dios, somos desafiados a interactuar con ella de manera profunda y transformadora. Al leer la Biblia, adquirimos la sabiduría divina necesaria para navegar por la vida. Al creerla, recibimos la salvación por medio de la fe en Jesucristo. Al practicarla, avanzamos en un camino de santidad, reflejando la naturaleza de Dios en nuestro diario vivir.

A medida que permitimos que el fruto del Espíritu fluya más y más a través de nuestra vida transformada por el poder de la Palabra de Dios, vamos siendo transformados de gloria en gloria hacia la semejanza de nuestro Señor Jesucristo.

Este proceso integral no solo nos beneficia a nosotros, sino que también nos capacita para impactar positivamente el mundo que nos rodea, viviendo de una manera que honra y glorifica a Dios. Es claro que la Biblia no es un libro antiguo y anticuado, sino la viva y poderosa Palabra de Dios que tiene el poder de transformar vidas.

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