La Biblia dice…

Creo que si hubiera una sola frase que quisiéramos utilizar para resumir las predicaciones del evangelista Billy Graham es «la Biblia dice». Esa frase era repetida por el Dr. Graham vez tras vez en sus predicaciones alrededor del mundo —siempre con la mano alzada que sostenía una Biblia—, y ejemplificaba como ninguna otra cosa el amor y respeto que él tenía por la Palabra de Dios.

Sin embargo, el Dr. Graham también tuvo dudas acerca de la Biblia en los albores de su ministerio. En cierto tiempo de su vida, Billy Graham batalló sobre si iba a abrazar la Palabra de Dios como la verdad suprema de Dios, revelada, inspirada e infalible o se alejaría definitivamente de esa idea. Él tenía que tomar esa decisión, si quería dedicar su vida al Señor y ser un ministro fiel a Dios; y sabía que no era una decisión meramente intelectual, sino de profundo significado espiritual.

El Dr. Graham lo cuenta con sus propias palabras: «En los primeros años de mi vida tuve algunas dudas sobre la Palabra, pero una noche de 1949 me arrodillé ante un tocón en los bosques cercanos a Forest Home, California, Estados Unidos. Abrí mi Biblia y dije: “Oh Dios, hay muchas cosas en este libro que no entiendo, pero lo acepto por fe como tu Palabra infalible desde Génesis hasta Apocalipsis”. Resolví eso, y desde aquel momento en adelante no he tenido nunca ni una sola duda de que esta es la Palabra de Dios. Así que cuando cito la Biblia, cuando la predico, sé qué estoy predicando la verdad de Dios».

En aquellos días, el Dr. Graham era amigo de otro evangelista llamado Charles «Chuck» Templeton, canadiense, que también estaba enfrentando la misma duda, y que había sembrado sus propias dudas en la mente del joven Billy Graham. Templeton le dijo: «Billy estás atrasado cincuenta años… La gente ya no acepta la Biblia como inspiración de la manera que tú lo haces. Tu fe es demasiado simple».

Templeton parecía que ganaba al jalar de la cuerda. «Si no dudaba exactamente —Graham recordaría tiempo después— sin duda me perturbaba». Él sabía que, si no podía confiar en la Biblia, no podría seguir adelante.

Fue así que el Dr. Graham fue a caminar por un bosque de pinos cercano, y a pocos metros del camino principal, se sentó en una gran roca que había allí, con la Biblia abierta. Allí y en aquel momento, Graham tomó su decisión final, en oración:

«Oh Dios, no puedo probar ciertas cosas. No puedo responder ciertas preguntas que Chuck está presentando y algunas que otras personas presentan, pero acepto este libro por fe como la Palabra de Dios».

Muchos decían que el Dr. Templeton tenía mejores dotes de predicador que el mismo Billy Graham. Lamentablemente, cuando Templeton analizó la Biblia lo hizo de manera meramente intelectual, y muchas dudas comenzaron a aparecer en su mente. Con el tiempo, el Dr. Templeton abandonó su ministerio, se hizo agnóstico y, eventualmente, abandonó su fe de forma definitiva. Murió en 2001, alejado de la fe que una vez había predicado. Graham y Templeton siguieron siendo amigos, pero aquella amistad se enfrió cuando cada uno transitó por caminos realmente diferentes.

Hoy en día, aquella decisión del Dr. Graham se recuerda con una placa conmemorativa de bronce que está sobre la misma roca donde Billy Graham tomó aquella fundamental decisión, y Dios lo usó para su gloria y honra por muchos años, y para impactar en las vidas de millones de personas alrededor del mundo.

Más adelante, ya como un ministro consagrado, Billy Graham recordaba en su autobiografía ese momento histórico de su vida y ministerio, de la siguiente manera:

«Aquella simple resolución le dio un poder y una autoridad a mi predicación que nunca me dejó. El evangelio en mis manos se convirtió en un martillo y una llama… sentí como si tuviera una espada en mis manos y a través del poder de la Biblia estuviera cortando profundamente en la consciencia de los hombres llevándolos a rendirse ante Dios».

Después de aquella oración, el evangelista se levantó con lágrimas en los ojos, y dijo que sentía el poder de Dios como nunca antes. «No todas mis preguntas recibieron respuesta, pero había cruzado un gran puente —dijo—, en mi corazón sabía que había peleado una batalla espiritual y la había ganado».

A partir de aquella decisión, la Palabra de Dios se convirtió en la herramienta más poderosa en el ministerio del Dr. Graham y, donde fuera que predicaba, la Biblia era el centro de su predicación. Durante un ministerio realmente muy prolongado, Billy Graham fue un gran promotor de la revelación de Dios a través de su Palabra.

«Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4.12).

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