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La Biblia en la familia – Parte 3

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Cada integrante de la familia se desarrollará personalmente interrelacionándose con los otros. Si la tendencia actual es hacia el aislamiento, los principios bíblicos nos deben llevar a la integración en un contexto de amor.

Tercera parte del artículo «La Biblia en la familia». Para leer la segunda parte, haz clic aquí.

III – Del aislamiento a la integración

Por Marcelo Figueroa

Obviamente, la base y fundamento de la integración familiar primaria es el matrimonio. Desde sus primeras páginas, la Biblia nos ayuda a entender que la unión completa y complementaria de un hombre y una mujer es la base de la familia. A la integración marital bíblica —los dos llegan a ser como una sola persona— se agrega la separación familiar anterior —Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su esposa (Gn 2.24, DHH)—, que, como veremos más adelante no significa el aislamiento irresponsable de los mayores.

La Biblia presenta en sus páginas variados ejemplos de familias. Sus integrantes son personas de carne y hueso, con sus victorias, pero también con sus miserias. Esta pintura humana y trágica de la vida familiar, especialmente la de algunos héroes bíblicos, nos ayuda a iniciar la búsqueda de los valores espirituales de la familia desde una perspectiva realista, y desde allí, encontrar la respuesta a los interrogantes para el día de hoy.

Ya el primer matrimonio humano tuvo problemas de integración. La crisis de Adán y Eva los llevó a acusarse mutuamente ante su desobediencia a Dios. Sin quitar responsabilidad a Caín y Abel, Adán y Eva, como padres, no consiguen que sus hijos aprendan a amarse, y, como una de las consecuencias, se produjo el primer crimen filial de la historia humana.

La falta de armonía en el matrimonio de Isaac y Rebeca provocó una crisis familiar profunda (Gn 25.28).

La Biblia en la familia – Parte 2

Más adelante, las evidentes diferencias afectivas que Jacob hizo con sus hijos produjo la lucha entre hermanos que desencadenó un plan siniestro para deshacerse de José. Un plan que se presenta como alternativa «misericordiosa» al fratricidio, y que construye la mentira de una muerte accidental para ocultar la venta de un hermano con fines de esclavitud. ¿Podemos imaginar la vida de esta familia en la que cada hermano desconfía que el otro pueda contar la verdad? ¿Podría existir algún tipo de integración sana entre estos y su padre? Por supuesto que no. Sin embargo resulta aleccionadora la noble actitud de José que, en base al perdón y el amor, logra integrar a esta familia cuando eso parecía imposible.

Los errores y las victorias de estos personajes bíblicos y sus consecuencias nos sirven como enseñanza y ejemplo aleccionador. Así lo remarca Pablo cuando asevera que las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, y cuando alerta al decir: y estas cosas les sucedieron como ejemplo. Los matrimonios y familias actuales haríamos muy bien si tomáramos estas enseñanzas y ejemplos muy en serio.

La Biblia guía la integridad matrimonial por los senderos más profundos del amor, y no olvidemos que en el Nuevo Testamento, el amor está modelado en la persona de Jesucristo. El esposo debe recordar siempre que su amor conyugal está guiado por el ejemplo sacrificial de Cristo (Ef 5.25-27). Por su parte, la esposa decide, ante el amor sacrificial del marido, sujetarse a él por amor a Jesucristo (Ef 5.22-24).

El Cantar de los Cantares resulta una inmejorable referencia inspiradora para la vida matrimonial. Allí se expone, en forma poética, la belleza y pureza de la intimidad marital.

Dios y su Palabra deben ocupar un lugar central en la vida de toda pareja cristiana que esté en una sincera búsqueda de la plenitud y de la integridad matrimonial. En efecto, la ausencia de cohesión espiritual en el ámbito conyugal está en proporción directa con la falta de integración bíblica.

Para el matrimonio, el cuidado y la formación de los hijos, así como su integración al continente familiar son tarea indelegable. Debería significar esto una de las experiencias más fascinantes y hermosas de la existencia humana. En el mundo actual, sobreinformado en lo general pero infrainformado en lo trascendente, los padres deben enfrentar el desafío de transmitir a sus hijos los valores y principios que regirán sus primeros pensamientos, así como sus conductas concretas. Esos valores y principios los llevarán consigo en su memoria por toda su vida. La instrucción bíblica temprana del niño le dará herramientas para que en su vida adulta no se aparte del camino de la vida trascendente (Pr 22.6).

La Biblia en la familia – Parte 2

Sin embargo, en la actualidad, muchos padres, para no ser considerados como autoritarios ni perder su cómoda pasividad, abandonan su responsabilidad de transmitir valores absolutos a sus hijos, arrojándolos a la tiranía del desvalor y de sus impulsos naturales.

Debemos reafirmar que es imprescindible para todo padre de familia transmitir esos valores y principios absolutos a sus hijos. Hay principios absolutos porque existe el Absoluto, hay valores trascendentes porque reina un Dios eterno. Como dice Jaime Barylko: «La religión es educación en la ética. Si Dios existe no necesita de ti; te necesita a ti».[1]La comunicación de los valores bíblicos a nuestros hijos es una obligación imprescindible. Barylko presenta como su postulado básico: «La religión es una parte de la cultura, que debemos conocer y dominar. Así como no hay derecho a criar a hijos ignorantes en matemáticas o en gramática o en ciencias naturales, tampoco lo hay para cercenarles la posibilidad de conocer los significados de la religión… A la pregunta ¿con qué derecho cría a su hijo en religión?, creo que corresponde otra pregunta: ¿Con qué derecho cría usted a su hijo sin religión?».[2]

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