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La Biblia en la vida del pastor-líder

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¿Qué es un pastor?

Es el guía de una iglesia que busca cada día los caminos de Dios. Esta es una tarea de gran importancia porque hay camino que al hombre le parece derecho, pero es camino que lleva a la muerte (Proverbios 14.12, RVR). Nuestro mundo nos hace difícil discernir el camino correcto, pues nos señala diferentes caminos, y todos, a simple vista, parecen buenos. Aquí es donde el pastor juega un papel crucial, pues como guía, es un consejero al cual acuden muchos en busca de dirección.

Por José A. Soto Villegas

Me gusta pensar en la predicación dominical como el momento en que el pastor ofrece dirección, es decir, cada sermón es un consejo o un conjunto de ellos. Cada domingo, los miembros de la iglesia acuden con una pregunta: ¿Cuál camino?, y el pastor es el llamado a ofrecer una respuesta. La iglesia sabe que esta es una pregunta importante, pues no quiere ser sorprendida por su Dios lejos del camino.

Deje el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos ni vuestros caminos mis caminos», dice Jehová. «Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más que vuestros pensamientos» (Isaías 55.7-9, RVR).

Acá está la respuesta a la pregunta de la iglesia: el camino a seguir es el camino de Dios. La palabra hebrea traducida como camino tiene básicamente dos significados: uno literal y otro metafórico. El sentido metafórico es el que se aplica en este pasaje que acabamos de citar. Si aplicamos el término a Dios, el camino es figura de su comportamiento o sus planes. En lo que al hombre y a la mujer respecta, el camino es figura de la vida, del comportamiento o la conducta. El camino en este sentido no es algo estático, sino algo en lo que uno se halla todo el tiempo; nunca dejamos de caminar, y mientras caminamos forjamos nuestro camino. Por lo tanto el camino también tiene destino, y en ese sentido la Biblia presenta una doble posibilidad: camino de vida o camino de muerte; o sea, uno lleva a la vida y el otro a la muerte. Por eso se hace imperioso que caminemos en los caminos de Dios. ¿Dónde encontraremos un mapa que nos guíe en este sentido? La Biblia es el mapa por excelencia, pues en ella Dios nos revela sus caminos y pensamientos.

La Biblia en la vida del pastor-líder

Ahora bien, la Biblia es un mapa muy antiguo, dibujado por gente muy diversa, que vivió en una época y en una cultura muy diferente a la nuestra. Esa distancia se convierte muchas veces en un obstáculo para leer los caminos de Dios. Se requiere entonces de un experto lector de mapas; y ese «experto» es, sin duda, el intérprete serio de la Biblia. El pastor está entonces llamado a convertirse en un intérprete de la Biblia. Todo intérprete debe además hacer buen uso de las herramientas existentes en el arte de la lectura del mapa, que es la Biblia. De eso se ocupa la obra que ahora tienes en la mano.

En este artículo nuestro propósito es más bien ayudarte a conocer el mapa. Las herramientas son de indudable importancia, pero si no se conoce el mapa a fondo, estas pueden resultar inútiles. A continuación te brindamos algunos consejos para el mejor conocimiento de este mapa.

Ante todo debemos reconocer que al abrir la Biblia todos queremos algo, y ese algo es oír la palabra de Dios para nuestras vidas. Para lograrlo es de suma importancia que comencemos a leer la Biblia cada día. Esto debe hacerse de manera intencional, por lo cual debe programarse. Pero cuidado, no se trata de leer por leer, sino de estudiar la Biblia usando las herramientas adecuadas. Tampoco se trata de estudiar con el fin de obtener conocimiento nada más. Leemos y estudiamos la Biblia para que esta transforme nuestras vidas. La lectura de la Biblia con este propósito se convierte en el alimento espiritual de cada día; alimento que nos da la fuerza de Dios para enfrentar nuestro diario caminar por este mundo. Decimos que debe ser diaria porque así como necesitamos de alimentos diarios para recuperar nuestras fuerzas físicas y continuar viviendo, de igual manera debe ser con nuestra alimentación espiritual.

Siendo eso, entonces, de vital importancia, la complejidad de la Biblia no debe desanimarnos. Nuestra relación con Dios se fortalecerá cada día si cumplimos fielmente nuestro plan de lectura. Tampoco debes pretender que en un mes de lectura todo cambie; el efecto de la lectura de la Biblia en tu vida se puede comparar con el efecto de una gota que constantemente cae sobre una piedra: aunque despacio, poco a poco va profundizando hasta dejar su marca.

Antes de que comiences la lectura debes saber que tu actitud ante este libro debe ser la correcta. No estamos ante un libro de historia ni ante una novela de García Márquez. No es algo que leemos y archivamos. La Biblia es un libro de lectura diaria, y la relectura del mismo, aunque estemos ante un pasaje muy conocido, hará que profundicemos en sus misterios.

A continuación daré respuesta a varias preguntas que parecen importantes y te ayudarán en tu lectura de este fascinante libro.

¿Cuál es el primer paso?

La Biblia en la vida del pastor-líder

El primer paso, antes de empezar la lectura, es orar. No tiene que ser una oración larga, pero debe ser que esa oración abra tu corazón y tu mente a lo que Dios tiene para ti ese día. Por otra parte, si tu mente no está despejada, sino distraída por alguna preocupación, sería recomendable que te tomes unos minutos de relajación. No olvides pedirle a Dios que su Santo Espíritu te guíe y te ayude a captar su mensaje; y no menos importante, pídele la fuerza de voluntad necesaria para poner en práctica dicho mensaje.

¿Cuánto debo leer todos los días?

Bueno, esto varía mucho con la persona, pero por lo general se recomienda un mínimo de quince minutos diarios. Esto tiene que ver mucho con la apretada agenda de muchos pastores; para muchos encontrar el tiempo se convierte en el mayor de los obstáculos. Esto se debe a que el tiempo que vamos a invertir es un tiempo muy especial. Son quince minutos a solas con Dios y su Palabra. La verdad es que cuando nuestras agendas están llenas, ningún tiempo nos parece adecuado. Creo que todo depende entonces de la importancia que tú le das a la lectura de la Biblia. Si le damos la debida importancia tomaremos la decisión de dedicar al menos quince minutos cada día, a la misma hora (cf. Hch 6.4).

¿Cuál es la mejor hora?

Esto varía de acuerdo a la personalidad de la persona. Hay personas muy mañaneras, que les gusta levantarse muy temprano, pues saben que funcionan mejor a esa hora. Otras personas son más nocturnas. Para algunos todo se reduce al aprovechamiento del mejor momento del día que se presenta como el más oportuno. Lo ideal es que sea un tiempo en que nuestras mentes estén despejadas y tranquilas. Si existe disposición y constancia tendremos éxito.

¿Cómo debo leer?

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Lee todo un libro de manera rápida para familiarizarte con el contenido general. Luego, dedícate a una lectura continuada, pero reflexiva. Pon mucha atención a los detalles y al contexto. Reflexiona sobre el significado de lo que lees. La idea no es poner una meta de tantos capítulos o versículos por día, tampoco debes pretender abarcar todo el significado posible en cada versículo. Lo ideal es detenernos en cada pensamiento; cuando una idea captura tu atención, reflexiona en eso antes de continuar al siguiente pensamiento. Tómale el sabor a lo que lees. Si es necesario, cierra los ojos, imagina las escenas, los elementos presentes.

Las siguientes preguntas pueden servirte de guía: ¿qué trata de comunicarnos el autor?, ¿qué lo motivó a compartir esto?, ¿cuál era la importancia de los hechos?, ¿a quiénes se dirigió originalmente el autor?, ¿cuál dirías tú que es el centro, la idea clave de ese pasaje?

Toma papel y lápiz y anota todas las ideas que van llegando a tu mente. Puedes dedicar un cuaderno exclusivamente a esto y titularlo «Diario de lecturas bíblicas». Anota en él tus reflexiones, y todo aquello que sientes que Dios te comunica de manera personal. Algunas veces, en la lectura surgen dudas o preguntas, y no es un buen momento quizás para hacer una investigación, pero si anotas las preguntas podrás dedicar tiempo a eso después.

¿Por dónde comenzar?

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Por lo general se recomienda comenzar con libros más fáciles, y muchos consideran que un buen comienzo es el Evangelio de Lucas y el libro de los Hechos; luego el Evangelio de Marcos y las cartas de Pablo.

Cuando se trata del AT muchos se asustan ante su tamaño y complejidad, pero esto no debe desanimarnos. Solo tienes que ser más selectivo. Si por primera vez te aventuras en su lectura, omite las genealogías y los conjuntos de leyes. El Pentateuco es un conjunto de cinco libros que son la base de la alianza de Dios con su pueblo elegido, por eso se recomienda comenzar su lectura con el libro de Éxodo, donde se narra la liberación del pueblo y la posterior alianza con su Libertador. Si se trata de la lectura de los libros proféticos, la recomendación es leer antes los históricos (Josué, Jueces, 1 y 2 de Samuel, y 1 y 2 de Reyes), pues estos nos ponen en el contexto histórico de los profetas. Ya con este marco contextual los demás libros resultan muy inspiradores, sobre todo los que contienen sabiduría, proverbios, oraciones y cantos.

¿Qué Biblia debo usar?

La pregunta, mejor planteada, debería ser ¿cuál versión me conviene más para mi lectura personal de la Biblia? La respuesta no es fácil.

Al hablar de una buena versión, estamos necesariamente hablando de una buena traducción. Muchos imaginan que el traducir es cosa fácil, que es solo cuestión de sentarse frente al original y comenzar a poner en español su conteni­do. Pero nada está más lejos de la verdad.  Cuando se traduce la Biblia no solo estamos pasando de una lengua a otra, sino de una cultura a otra, ambas distantes y diferen­tes entre sí. Además, debe considerarse que en el caso de la Biblia estamos frente a una obra literaria que debe ser tratada como tal.

En la tarea de la traducción son muchos los factores que intervienen: qué, por qué y para quién se traduce.

El traductor debe siempre saber qué tipo de literatura y qué clase de lenguaje está tratando de actualizar. La Biblia se compone de textos y géneros literarios muy diver­sos, como la poesía y la prosa, y aunque lo importante es el mensaje que se desea comunicar, lo cierto es que cada formato, sea poesía o prosa, es parte integral del mismo mensaje. Una buena traducción es aquella que, respetando el género, logra transmitir el mensaje del autor de manera comprensible.

De igual importancia es el tener siempre presente para quién se traduce. Las diferentes versiones de la Biblia tienen en mente un público específico. Así que tenemos Biblias que van dirigidas a personas altamente educadas y con una gran preparación académica, y también Biblias dirigidas a un público menos sofisticado. Unas versiones se preocupan más por transmitir de manera clara el mensaje, y otras se preocupan por presentar un texto con una estructura gramatical y una forma de expresión muy similar al texto original. Ambas versiones son interesantes e importantes, para aquellos que no conocen los idiomas originales; una nos ayuda a captar el mensaje y la otra nos ayuda a saborear la estructura y la forma en que estaba el texto original. Ambas pueden contribuir mucho a tu comprensión de la Biblia. Por eso te recomendamos hacer tu lectura diaria de la Biblia en ambas versiones, o en aquella con la que te sientas más cómodo. Si buscas consejo en esto, te diré que cuatro versiones me han sido de utilidad: Reina Valera Revisada; Biblia de Jerusalén; Dios Habla Hoy Traducción en Lenguaje Actual.

la biblia en la vida del pastor-líder

Ahora unas palabras de advertencia. No todos los días tendrás una sesión de lectura que puedas considerar profunda y significativa. Algunas veces el pasaje que leemos es un tanto árido y pesado, y por más que nos esforcemos no encontramos gozo en lo que hacemos. Es acá donde puedes sufrir la tentación a abandonar la lectura diaria de la Biblia.

Muchas veces sucede que estamos tan familiarizados con ciertos pasajes que ya no nos parecen interesantes, o creemos saber todo acerca de ellos. Pudiera ser también que te encuentres un día ante un pasaje muy difícil de comprender. En tales casos te recomiendo que des un salto al próximo pasaje. A lo mejor en otra ocasión te sea más fácil entender su significado.

Cuando te encuentres con pasajes como esos no olvides que la Biblia es un libro para ser estudiado con toda responsabilidad. No te dejes engañar por aquellos que piensan que la Biblia es tan difícil y compleja que solo los especialistas pueden estudiarla. Conocer el hebreo y el griego es importante, sin embargo, quienes conocen esos idiomas reconocen que están muchas veces ante un texto complejo. Las diferentes versiones te pueden ayudar a estudiar el texto sin el conocimiento de esos idiomas. Tampoco debes caer en la trampa de los que dicen que Dios hablará por su Espíritu al corazón del lector de una manera tan simple y clara que este no tendrá ningún problema para entenderla.

La persona que se esfuerza por estudiar la Biblia está tomando en serio a Dios y a su Palabra. Si asumes que lo primero que llegue a tu mente al leer la Biblia es su significado estás en un error serio. Tal actitud solo te llevará a interpretaciones erróneas. Ciertamente el Espíritu Santo vendrá en tu ayuda, pero no para hacer a un lado tu capacidad humana para el estudio y la comprensión, sino para reforzar tal capacidad.

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