La Biblia y nuestra responsabilidad

No siempre es fácil hablar de la Biblia; hay tantas cosas que podríamos decir que corremos el riesgo de perdernos en menudencias y olvidarnos de lo más importante. Entonces, comencemos con lo más elemental.

¿Qué es la Biblia?

Supongo que todos sabemos qué es la Biblia, pero ¿qué dice el diccionario? La última edición del diccionario de la Real Academia Española, dice: «Conjunto de Escrituras Sagradas formado por el Antiguo y el Nuevo Testamento, de las cuales el Antiguo Testamento es común a judíos y cristianos, y el Nuevo Testamento es aceptado solo por los cristianos».

Sin embargo, la Biblia no es simplemente un conjunto de libros. La Biblia conforma un solo libro, que revela la voluntad de un solo Autor, y fue escrita por unos 40 autores que los escribieron en un período de más de 1500 años, en tres idiomas —hebreo, arameo y griego— y en tres continentes.

Pero ¿cómo enseñamos a los niños acerca de la Biblia para que comprendan que la Biblia es muy importante? Una niña recuerda algo que leyó en su Biblia y dice: «Algunos piensan que la Biblia es un libro de reglas que nos dice qué hacer y qué no hacer. Sin dudas que hay reglas en la Biblia. Nos muestran cómo funciona mejor la vida. Pero la Biblia no es principalmente sobre nosotros y sobre qué debemos o no debemos hacer. La Biblia es acerca de Dios y de lo que él ha hecho. La Biblia no es un libro de reglas, es un libro de héroes». ¡Sabias palabras en boca de una niña!

Principalmente, la Biblia es una historia. Es la historia de las aventuras de Alguien que vino desde muy lejos para rescatar a aquellos a quienes amaba. Ese Alguien dejó todo de lado —su trono, su poder, su Padre— para rescatarnos a nosotros. Pero todo esto no es simplemente una historia, es algo que sucedió; es de la vida real. Hay muchas historias en la Biblia, pero todas ellas están contando Una sola historia. La historia de cómo Dios amó a sus hijos y vino al rescate de todos. Sin dudas la Biblia es un conjunto integrado de historias en una sola y gran historia.

Pero también, la Biblia es una carta de amor. La Biblia nos habla del amor de Dios por nosotros. El amor de Dios es tan grande que envió a su propio Hijo para que tome el lugar que nos correspondía tomar a nosotros, y otorgarnos

su perfecta justicia, que no merecíamos, para que, por gracia y a través de la fe, seamos salvos y obtengamos entrada al trono de Dios. Y todo por el gran amor con que nos amó.

La Biblia es algo que debemos tomar con amor y respeto y debemos leerla a menudo para recordar el gran amor que Dios tiene por nosotros.

Si tuviéramos que elegir entre un puñado de cosas en caso de una emergencia, ¿sería la Biblia una de ellas?

En su libro «Shooting the Globe», Maurice Harvey, un reportero gráfico de Nueva Zelanda que trabajó más de 20 años para las Sociedades Bíblicas Unidas, nos cuenta muchas historias inolvidables, inmersas en lugares maravillosos. «Cierta vez —nos cuenta Maurice— estaba distribuyendo Biblias a niñas en un campamento de refugiados en Ruanda y una señora se paró al lado de mí y me observaba. Le pregunté si quería una Biblia, explicándole que estaban escritas en swahili. “No hay problema”, me respondió, “puedo leer en inglés, francés, swahili y en kinyarwanda”. ¿Por qué quiere una Biblia?, le pregunté. “Porque perdí la mía y quisiera tener conmigo la Palabra de Dios y así poder leer cada día sobre Jesús”. ¿Cómo perdió su Biblia? “Cuando escuchamos que los asesinos estaban llegando a nuestra villa, agarramos algo de ropa y comida, y la Biblia; puse todo en una canasta sobre mi cabeza y comencé a correr. Los asesinos nos persiguieron y dispararon; aun nos bombardearon, y para correr más rápido tiramos toda nuestra carga. Una bomba cayó sobre mi esposo y así fue como murió”.»

Luego de escuchar su historia, decidí darle el último reproductor de casetes con un Nuevo Testamento en kinyarwanda. Ella estaba tan entusiasmada y nos dijo tantas palabras de gratitud que nos emocionó. Nos dijo: “¡Amo tanto la Palabra de Dios! Estoy muy feliz por este regalo, pues me permitirá compartir la Palabra con los jóvenes de donde estoy, ¡están tan necesitados por las Escrituras!”. Mientras escuchaba el Nuevo Testamento en su lengua, no cesaba de susurrar palabras de gratitud».

Hoy damos por sentado poder leer la Biblia sin mayores inconvenientes, pero no siempre ha sido así. Hasta hace un poco más de 500 años, la Biblia era escrita a mano, en pergaminos. La aparición de la imprenta, a principios del 1500, abrió un camino —no siempre fácil ni llano— para que hoy tengamos la Biblia a nuestro alcance.

Aun muchos años después de la imprenta, solo los ricos o las iglesias podían poseer una Biblia. Cuando las Biblias comenzaron a ser más económicas, las familias se reunían después de la cena, para escuchar la lectura de la Biblia y reflexionar sobre lo escuchado.

Hoy en día, en cambio, con una gran disponibilidad de Biblias al alcance de muchos, no siempre se le otorga el lugar que merece, ni se la lee tan asiduamente como deberíamos, ¡ni se la obedece como Dios quisiera!

Sin embargo, todavía existen muchos lugares donde la llegada de la Biblia en el idioma del corazón de la gente es un momento de agradecimiento y alegría.

La historia bíblica de Marta y María es un claro ejemplo de la importancia de acudir a la Palabra. Mientras Marta estaba ocupada de los quehaceres de la casa, María se sentó a los pies de Jesús para escuchar sus palabras. Debemos seguir el ejemplo de María; debemos escuchar extasiados la Palabra de Dios, para atesorarla y obedecerla. ¿Cuán a menudo nos aproximamos a la Biblia con el entusiasmo de María? Leer la Biblia es como estar a los pies de Jesús y escuchar sus enseñanzas.

Por más de 200 años, las Sociedades Bíblicas Unidas se han abocado a la tarea de traducir, producir y difundir la Biblia a fin de que la buena noticia pueda llegar hasta lo último de la tierra.

La Biblia revela la voluntad de Dios para el hombre. La lectura de la Palabra de Dios tiene el poder para cambiar nuestra vida y transformarla en una herramienta poderosa para el bien de las naciones.

El desafío que tenemos hoy es seguir el ejemplo de María, cada día; estar dispuestos a sentarnos a los pies de Jesús para escuchar sus palabras, entusiasmarnos con sus historias y obedecer sus mandamientos, que son vida eterna para todos aquellos que los oyen y obedecen.

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