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La experiencia de Ezequiel

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Introducción

Pensamos que vivimos tiempos difíciles, y es verdad. Que ahora no es como antes; que la profundidad de la corrupción, la violencia y las drogas es alarmante. La pobreza, la indigencia y la desnutrición de los niños en muchos países ha llegado a niveles nunca soñados.

Se proponen y ensayan soluciones, que pocas veces funcionan y nunca logran erradicar los problemas permanentemente.

¿Por qué?

Antes de responder esta pregunta, recordemos que a lo largo de la historia siempre hubo tiempos difíciles y, en muchas ocasiones, mucho más difíciles que ahora.

  • Fue difícil para Abraham en sus días

Para el «amigo de Dios», hubo tiempos de guerras, hambre, persecución, peleas internas y hasta la solicitud de Dios de que sacrificara a su único hijo, el de la promesa.

  • Fue difícil para Moisés en su tiempo

Luego de ser educado y disfrutar de los favores de ser el hijo de la hija de Faraón, tuvo que huir al desierto y vivir 40 años sufriendo las penurias del hambre, la sed y las aflicciones que significan vivir en un lugar así. Luego Dios lo envió a liberar a su pueblo y los problemas siguieron.

  • Fue difícil para Pablo en su tiempo

A pesar de vivir buscando permanentemente la voluntad de Dios, tuvo que sufrir persecuciones de los de su pueblo y del Imperio romano. Estuvo varias veces preso y murió luego de estar preso en Roma, fue varias veces castigado con latigazos, apedreado, perseguido; pasó necesidades. Sus problemas fueron muchas veces serios y algunas veces su vida corrió peligro mortal.

  • También fue difícil para Ezequiel

Y es con Ezequiel que veremos cómo lo preparó Dios para el tiempo difícil que le tocó vivir. Su experiencia será un espejo en el que podamos mirarnos y aprender a vivir la situación tan difícil que hoy nos toca vivir a nosotros.

Ezequiel tenía una gran tarea para cumplir y debía ser equipado para ella. Como nosotros, vivía en crisis y depresión.

Ezequiel profetizó durante la deportación a Babilonia; él mismo fue uno de los deportados. Más precisamente, su ministerio comenzó en el 5º año del exilio. Su tarea era decirle al pueblo de Judá que, a pesar de su deportación y la esclavitud, el Señor cumpliría sus promesas y que debían confiar en Dios, aún en medio de las circunstancias adversas que los rodeaban. Ezequiel debía ser preparado para pararse frente al pueblo en el exilio y decirle que Dios seguía siendo tan poderoso como siempre, que no estaba ausente, que no estaba callado, que los amaba y que no se había olvidado de ellos.

Veamos cómo lo preparó Dios para su ministerio.

  1. La visión de la gloria de Dios (Ezequiel 1.26-28)

¿Qué es una visión de Dios? Ver más allá de los ojos. Es tener una clara comprensión del poder ilimitado de Dios y de su amor irresistible. Es el reflejo de la gloria de Dios que nos permite vislumbrar lo grandioso de su presencia. Ver la gloria de Dios nos permite colocar todo en su debida perspectiva y nos motiva para la tarea.

Eliseo y su criado —2 Reyes 6.15-17— nos muestra un ejemplo claro de qué significa tener una visión de Dios.

Una clara visión de la gloria de Dios modifica todo nuestro mecanismo y dinámica y transforma profundamente nuestro ser. Una clara visión de la gloria de Dios nos permite encarar nuestra tarea desde una perspectiva distinta.

El centro de nuestra atención no deben ser las circunstancias, por más difíciles que se nos presenten, sino nuestra concepción de Dios y su gracia.

El enfoque práctico de una clara visión de Dios es disminuir la desmedida atención que ponemos en nuestras falencias y debilidades o en las circunstancias que nos rodean. 

Mateo 14.28-30 – Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú,

manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo 

Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el 

fuerte viento, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: —¡Señor, 

sálvame! Ni bien Pedro sacó su mirada de su Señor comenzó a hundirse.

¿Qué vio Ezequiel? La soberana grandeza de Dios

  • Como Moisés: «Quítate el calzado, el lugar donde estás santo es…»
  • Como Isaías: «Moriré pues siendo un hombre de labios inmundos han visto mis ojos al Rey»
  • Como Pablo: «¿Quién eres, Señor?»

No vemos cosas grandes porque no creemos en cosas grandes. Emprende grandes cosas para Dios; espera grandes cosas de parte de Dios, decía Guillermo Carey.

Ezequiel tuvo una visión de la gloria de Dios.

Si queremos enfrentar exitosamente las circunstancias que nos rodean, debemos tener una clara y renovada visión de Dios y de su gloria.

No estamos hablando aquí de una experiencia mística, sino del resultado de indagar profundamente en la revelación de Dios (su Palabra) y buscar características y hechos de Dios a lo largo de la historia revelada en las Escrituras. Son las Escrituras las que hablan de Dios, y nos revelan su persona, sus obras y cómo Dios actuó fielmente con su pueblo. 

Son las Escrituras las que nos dejan ser testigos de la gloria de Dios.

Romanos 15.4-5 – «Las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. Y el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús».

  1. La penetración del Espíritu (Ezequiel 2.1-7)

Evidentemente, la visión que Dios proveyó de sí mismo para Ezequiel, aunque era fundamental para su tarea, no era suficiente para su preparación. Algo más se necesitaba. Debía ser transformado desde adentro y no solamente impactado desde afuera. Ezequiel necesitaba un cambio trascendental y permanente que le proveyera lo que de ningún modo él podía generar por sí mismo.

  1. Los problemas humanos son, en esencia, espirituales. El pecado y sus consecuencias están llevando al hombre a su propia destrucción. No habrá soluciones permanentes si no hay cambios permanentes.

Si los problemas son, esencialmente, espirituales, las soluciones deben ser, también, espirituales.

  1. Era una tarea espiritual. La visión de la gloria de Dios proveyó una perspectiva y motivación diferentes.  

Lo que ahora necesitaba Ezequiel era una preparación espiritual.

  1. Pentecostés le dio a la Iglesia una nueva dinámica. El mandato de Cristo en su ascensión era que esperen en Jerusalén hasta que reciban el Espíritu Santo.

Entre la Ascensión y Pentecostés …la espera. Nada debían hacer… nada podían hacer, si antes no recibían la penetración del Espíritu de Dios. Igual que Ezequiel. Igual que nosotros.

  1. Efesios 5.18 es el mandato equivalente del Nuevo Testamento

No es algo que viene desde el cielo, milagrosamente. Efesios 5.18 es un mandamiento. Es ponernos en condiciones para que el Espíritu Santo trabaje en nosotros y nos ayude a madurar con base en su poder.

Es como la vela del bote puesta en la dirección correcta a fin de que el viento la impulse. La clave es ponernos en la posición exacta a fin de que el viento del Espíritu, que siempre sopla, nos lleve hacia donde él quiera.

  1. El alimento de la Palabra (Ezequiel 2.8-3.4)

Primero, fue una nueva visión de Dios.

Luego, la penetración del Espíritu.

Ahora, Ezequiel necesitaba las herramientas necesarias para hacer su tarea. La Palabra de Dios.

Hay un orden correcto:

  1. Come

Nutrirnos de las Escrituras

La Palabra engendra vida…y cuando carecemos de la vida de la Palabra, no engendramos. El libro de los Hechos fue vida transmitida en letra. 

Hoy hay que cambiar el orden: Es letra que debemos convertir en vida. Pero para dar vida hay que tenerla y desarrollarla.

  1. Ve

La vida espiritual es explosiva, no implosiva 

(Lucas 6.38: «Dad y se os dará»).

Si creemos que Dios nos ha llamado a permanecer en las iglesias para ser bendecidos, es que no hemos entendido el mensaje del evangelio. Si creemos que el Señor nos llama a prepararnos y estudiar su Palabra en el Seminario para graduarnos y encerrarnos en una iglesia y predicarnos entre nosotros mismos, estamos equivocados. El Señor nos llamó a predicar a tiempo y fuera de tiempo y a ir buscar al perdido.

Miren, el campo está en el momento justo para la siega”. El campo es el mundo y Dios nos manda que vayamos al mundo a predicar su Palabra y a fin de que el mundo sea cambiado a través del mensaje salvífico de Cristo.

Jesucristo nos enseñó que somos la luz y la sal del mundo. Únicamente podemos serlo en el mundo, no en la iglesia.

¡Dios nos bendice para que seamos de bendición!

El mandato de ir es el resultado de nuestra relación con Dios y su palabra.

El resultado de Pentecostés lo encontramos en Hechos 5.42: «Y todos los días, en el Templo y por las casas, incesantemente, enseñaban y predicaban a Jesucristo».

  1. Habla

Dar la misma Palabra que hemos recibido de Dios. Siempre hay algo nuevo en ella. 

No es nuestra opinión la que tenemos que dar. No son nuestros consejos los que tenemos que presentar; es la Palabra de Dios recibida. 

Conclusión

La preparación de Ezequiel sigue los mismos lineamientos de la nuestra. No es algo que Dios preparó únicamente para Ezequiel. Es algo que Dios busca dar a todos sus hijos en cada tiempo. Especialmente en el nuestro.

Una visión ¡De la gloria de Dios!

Un mandamiento ¡La llenura del Espíritu Santo!

Una herramienta ¡La Palabra de Dios penetrando en nuestra mente y corazón, y produciendo vida en nosotros y en los que nos rodean!

El seminario nos capacita para trabajar para el Señor. Dios nos capacita para ser hombres y mujeres que caminan por este mundo de su mano; con el poder del Espíritu para predicar efectivamente; y con la Palabra de Dios llenando nuestras vidas y corazones de tal manera que impactemos a aquellos que nos rodean a lo largo de nuestro ministerio.

  • Es un camino que empieza cuando nos convertimos y dura toda la vida.
  • Es un crecimiento que empieza cuando nos convertimos y dura toda la vida.
  • Es una recompensa que redundará en vida eterna.

¡Que el Señor nos ayude a hacerlo! 

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