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La literatura profética – Parte 2

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ʻish haʼelohim(Mmyhlah vya)

El significado más literal de este título es «hombre de Dios». Este título se usa mayormente para los profetas Elías y Eliseo. Son «hombres santos» que poseen el poder de lo sagrado. No son solamente intermediarios de lo divino, sino que de alguna manera, un tanto misteriosa, ellos personifican el mundo de lo sagrado dentro de lo profano.

Por Esteban Voth

Este breve resumen o radiografía de los profetas con sus diferentes funciones o títulos demuestra que hay una variedad y diversidad importante dentro de la categoría general denominada «profetas». Además, uno puede notar una diversidad en cuanto al tipo de literatura que utiliza el profeta. No es aconsejable tratar de encasillar a un Isaías o a un Amós dentro de un sólo género literario. Cada uno de ellos se vale de informes de visiones, de discursos proféticos, de relatos históricos y hasta de leyendas para expresar el contenido de sus mensajes al pueblo.

Diversidad dentro de la literatura profética

Los profetas que aparecen a partir del siglo VIII a.C. representan un amplio espectro de características personales, trasfondos sociales, contextos históricos, capacidades literarias y preocupación teológica. Es por esto que es necesario subrayar y describir la diversidad presente entre estos profetas.

En cuanto a los trasfondos personales de cada profeta, encontramos diferencias muy interesantes. El profeta Amós era un campesino del reino del sur. Según algunos estudiosos, quizá era un campesino bastante exitoso. Pero lo interesante es que Amós recibió instrucciones de Dios para ir al reino del norte y allí confrontar al rey, a los sacerdotes y al pueblo por las injusticias que se estaban cometiendo. Es paradójico y a la vez llama la atención que un simple campesino del sur fuera al reino del norte y tuviera que enfrentar a los más poderosos de la sociedad.

La literatura profética – Parte 2

Isaías y Jeremías

Isaías, en cambio, era de la ciudad de Jerusalén y tuvo acceso a todo el ámbito de la realeza. Esto hace suponer que pertenecía a la familia real. Su educación, formación y contexto fue muy diferente al de Amós. Si bien Isaías también denunció a los dueños del poder, y probablemente fue matado por la realeza, a él no se le discriminaba por ser un simple campesino del sur.

Por su parte, Jeremías nació en un pequeño pueblo al norte de Jerusalén llamado Anatot.  Perteneció a una familia sacerdotal. Podemos suponer que desde su juventud fue influenciado profundamente por el contexto sacerdotal en el que se crió. Su futuro de alguna manera estaba ya definido, pero Yavé irrumpe en su vida y cambia su destino completamente. De pertenecer a un sector religioso de la sociedad y de mucho poder, Jeremías pasa a ser un marginado que cuestiona, denuncia y ataca todo aquello que ha institucionalizado a la religión.

En síntesis, los diferentes trasfondos personales de los profetas contribuyen a la diversidad de enfoque y de proclamación que existe en los documentos denominados proféticos. La experiencia y personalidad de cada uno determina en gran manera la forma en que el mensaje ha de ser proclamado.

Profecía en el canon biblico

Otro elemento que contribuye a la diversidad dentro de la literatura profética es la naturaleza misma de los documentos que hoy están en el canon bíblico. Estos documentos no son obra exclusiva de los profetas cuyos nombres aparecen en los documentos. Lo más probable es que sean colecciones de textos que fueron copilados por varias personas. El profeta no es un autor en el sentido moderno de la palabra. El profeta  recibía revelación divina, proclamaba el mensaje en forma oral, pero fueron sus discípulos quienes convirtieron la proclamación oral en un documento literario. Todo este proceso complejo que se dio a lo largo de muchos años hace que el documento final que hoy tenemos no sea un documento homogéneo. La riqueza y la diversidad de los textos se debe no solamente a la creatividad del profeta individual, sino también a la actividad literaria posterior llevada a cabo por los círculos proféticos, por las escuelas de los profetas y por los redactores posteriores que trabajaron y actualizaron los textos proféticos según las necesidades del momento.

Los géneros literarios utilizados para poner por escrito el mensaje profético también generan una diversidad interesante. Es sabido que muchos de los profetas fueron poetas maravillosos. El poder de la palabra poética es indiscutible dentro de la literatura profética. El uso de imágenes, de metáforas, de palabras de acción en la poesía hace que la proclamación llegue con más fuerza y más dinamismo. No se puede entender toda la fuerza del mensaje profético sin entender bien la poesía hebrea. No obstante, no se puede desconocer lo que se ha llamado la prosa profética. Si bien muchos de los profetas eran poetas excelentes e hicieron de la poesía el canal principal para la expresión de la profecía, mucha de la literatura profética está escrita en prosa profética. Este medio que utilizaron los profetas también está impregnado de pasión y de poder.  La prosa profética es capaz de comunicar un mensaje que cala hondo en los corazones de los oyentes.

El oráculo profético

El oráculo profético es un medio utilizado por los profetas para articular sus proclamaciones. Este quizá es el género más simple y más antiguo. En general, a través de este género, el profeta anuncia lo que Dios va a hacer. Esto puede ser algo positivo para el pueblo o bien puede señalar los pecados del pueblo y así anunciar juicio. A través de este medio, el profeta muchas veces anuncia cual ha de ser el castigo que el pueblo recibirá. En diferentes ocasiones, el castigo puede ser una derrota frente a una nación enemiga, una sequía, una hambruna, y también el exilio en un país extranjero. De todas maneras, es importante señalar que el anuncio del castigo a  través del oráculo profético siempre tiene como propósito el provocar un cambio, un arrepentimiento, y un volver a las fuentes del pacto. El propósito es pedagógico y restaurador, no simplemente castigador.

El oráculo de salvación es otro instrumento de comunicación que han utilizado los profetas. Claus Westermann ha identificado esta forma y la ha explicado de la siguiente manera. El oráculo de salvación en general tiene una estructura bastante definida:

  1. Saludo
  2. Expresiones de aliento que aseguran la salvación. Se utiliza muchas veces la expresión «no temas».
  3. El contenido del oráculo.
  4. Una conclusión que afirma al suplicante y le da seguridad y esperanza.
  5. El resultado final.

Un ejemplo de esto lo podemos ver en Isaías 41.8-13

  1. Saludo—8-9
  2. Aliento— 41.10a
  3. Contenido— 41.10
  4. Conclusión— 41.11-12
  5. Resultado— 41.13

La literatura profética – Parte 2

Finalmente, mencionaremos a las visiones como otro medio utilizado por los profetas. Las visiones que tienen los profetas anuncian diferentes tipos de mensajes. Cuando Jeremías ve una vara de almendro y una olla hirviendo en el norte que está por volcarse hacia el sur, el mensaje es que Dios hará cumplir su palabra y que el castigo vendrá a través de una nación que atacará desde el norte (Jer 1.11-13). Isaías, en cambio, cuando en su visión ve a Dios sentado en el templo con todo su esplendor se da cuenta de varias cosas. En primer lugar, entiende algo más de la tremenda santidad de Dios. En segundo lugar, se comprende a sí mismo mejor. Se da cuenta de que ante la santidad de Dios, él es un ser humano pecador que necesita de Dios. En último lugar, Isaías entiende que Dios lo está llamando a ser un profeta verdadero que esté enteramente al servicio de Dios. Una vez más subrayamos que la diversidad en la literatura profética se puede ver claramente también a través de las visiones que recibieron los profetas. Un análisis detenido de todas las visiones arrojaría una variedad enriquecedora de temas, situaciones y realidades.

Profetas falsos

En Israel, el pueblo de Dios, se dio un fenómeno muy interesante que podríamos decir continúa hasta el día de hoy. Una de las tantas tensiones que vivió el pueblo fue la de la confrontación entre los profetas verdaderos y los profetas falsos, a quienes podemos llamar los profetas profesionales. La tensión está dada entre los que emiten palabra de Dios y los que imitan palabra de Dios, entre los que son llamados a ser profetas y los que se llaman profetas, entre los que hacen cirugía real, y los que simplemente hacen maquillaje.

A su vez, este conflicto que se plantea entre los verdaderos profetas de Dios y los profetas profesionales se traslada a varias áreas de la vida. Estas incluyen, entre otras, el contenido del mensaje, el estilo de vida, la relación del profeta con el pueblo de Israel, con el gobierno de turno, y con los jerarcas religiosos.

Uno de los problemas que enfrentaba el pueblo de Israel en este sentido es que los profetas profesionales no son inmediatamente identificables. Muchas de sus características son iguales a las de los profetas verdaderos. Es necesario señalar que los profetas profesionales tenían mucho en común con los profetas auténticos. Veamos a continuación algunas de ellas.

Estos profetas falsos tenían revelaciones y visiones al igual que los profetas de Dios. Además, predicaban utilizando acciones simbólicas, anunciaban oráculos, proclamaban y profetizaban en «nombre de Yavé». Finalmente, declaraban que eran enviados por Dios, y no tenían ningún reparo en utilizar la fórmula de autoridad y anunciar: Así dice el Señor. En síntesis, estos profetas profesionales no aparecen como mentirosos ni engañadores. Al contrario, el ropaje que utilizan es, en sí, el mismo que el de los profetas verdaderos. Asimismo, los profetas falsos también se valen de los mismos géneros literarios que los profetas llamados por Dios.

La literatura profética – Parte 2

No obstante, existen diferencias importantes que debemos notar. Estas nos servirán para discernir la diferencia entre un profeta profesional y un profeta verdadero enviado por Dios. Una de las primeras acusaciones que hace Jeremías es que los profetas profesionales hablan mentiras: desde el profeta hasta el sacerdote, todos practican el engaño (Jer 6.13, NVI). Y Dios mismo afirma: Ya he escuchado las mentiras de esos profetas. Según ellos, han soñado que les he dado un mensaje. (¡Eso lo inventaron ellos!) ¿Cuándo dejarán de mentir?(Jer 23.25, TLA). Y la mentira más perjudicial que profieren los profetas profesionales es la que afirma que todo está bien. Es la que le dice al pueblo que van por buen camino. Estos pseudoprofetas se especializan en convencer al pueblo de Dios de que no hay peligro, de que no hay crisis, que no hay de qué preocuparse, y que todo es Shalom. Lo más peligroso de esto es que adormecen la conciencia del pueblo con este discurso. Este discurso le vende al pueblo un mundo de fantasía, que nada tiene que ver con la realidad de corrupción, violencia e injusticia que los rodea. El problema es que esta mentira le suena bien al pueblo, porque así no se tiene que hacer una autocrítica, no tiene que medirse frente a las demandas éticas del pacto. Puede seguir su camino, sin cambios, alteraciones ni sacrificios.

Otra cara de la mentira que venden los profetas profesionales, que están en una guerra abierta con los profetas de Dios, es que prometen fortuna y prosperidad. Los profetas profesionales ponen en boca del Dios de la vida lo siguiente: [Ustedes] gozarán de bienestar… no les sobrevendrá ningún mal (Jer 23.17, NVI). En medio de una crisis internacional, de un peligro inminente de invasión por parte del imperio Babilónico, y de falta de recursos, los profetas, que están al servicio del gobierno de turno, prometen a los fieles que van a ser ricos, que tendrán prosperidad, porque el Señor se los ha prometido.(Pero es todo una mentira, es todo un engaño demagógico para que la gente no vea la realidad que vive).

Otra característica de estos profetas profesionales es que predican un mensaje que es un invento, una fantasía, y un sueño espurio que no tiene ningún valor. Además, son tan poco originales, que se la pasan robando oráculos de los verdaderos profetas. En otras palabras, se imitan entre sí mismos. Ni en lo que inventan son genuinos: . . .yo estoy contra los profetas que se roban mis palabras entre sí… que sueltan la lengua y hablan por hablar… Yo estoy contra los profetas que cuentan sueños mentirosos, y que al contarlos hacen que mi pueblo se extravíe con sus mentiras y presunciones(Jer 23.30-32, NVI). El resultado de todo esto es que los pseudoguías espirituales conducen al pueblo por un camino equivocado.

Finalmente, una característica clave de estos profetas profesionales es que no han sido enviados ni llamados por Yavé. El origen de su profesión no está en el haber sido enviado por Yavé, y por ende su mensaje carece de verdadero poder para cambiar situaciones, conductas y relaciones. Dios dice acerca de ellos: Yo no los he enviado ni les he dado ninguna orden. Son del todo inútiles para este pueblo (Jer 23.32b, NVI).

El profeta enviado por Dios

El profeta verdadero irrumpió en el escenario histórico del pueblo de Israel como una persona diferente. El profeta llamado por Dios era una persona que encarnó la palabra irresistiblede Dios, la sufrió y la proclamó. Tal era su identificación con esa palabra que lo tenía atrapado, que a diferencia de los profetas profesionales, este no aceptaba ningún tipo de sincretismo. Es decir, el profeta verdadero no admitía la posibilidad de combinar elementos de la adoración pagana junto con la adoración a Dios. Para él, las lealtades compartidas no eran aceptables bajo ningún punto de vista.

A diferencia del profeta verdadero, el profeta profesional no tenía problemas en propagar un estilo de vida sincretista. Es decir, el profeta profesional le facilitaba al pueblo la posibilidad de combinar elementos paganos con la adoración a Yavé. Mientras que los profetas profesionales permitían y promovían la mezcla de la adoración a Baal y de la magia junto con la adoración a Yavé, los profetas enviados por Dios llamaban a un compromiso exclusivo con el Dios creador de todas las cosas. En este sentido, vale la pena recalcar que el profeta verdadero está arraigado en la tradición mosaica y en la revelación de Dios ya impartida al pueblo en el pasado. Es verdad que muchos han visto a los profetas como revolucionarios que aparecieron para proponer algo nuevo.  No obstante también se los puede ver como instrumentos de Dios que contextualizaron la revelación de Dios presente en la Torá. Pensando en esa dirección, se puede sugerir que ellos tomaron las enseñanzas revolucionarias de la literatura deuteronómica y las contextualizaron a las necesidades de un pueblo que vivía bajo una monarquía corrupta y un sacerdocio institucionalizado carente de vida.

Confrontar al poder político de turno fue una de las responsabilidades del profeta enviado por Dios. Este ser energizado por el mandato divino analiza, cuestiona y critica al poder de turno, y en el proceso denuncia la corrupción, la injusticia y la violación de las demandas éticas de Yavé. El profeta profesional en general se acomodaba y se identificaba con el poder político. Se colocaba al servicio de los deseos del rey. De esta manera, proclamaba un mensaje que le convenía al rey, porque era precisamente el rey que le proveía el pan de cada día. En cambio, el profeta verdadero vivía compenetrado de los problemas de la sociedad, del sufrimiento del pueblo y levantaba su voz ante toda injusticia.

Otra característica del profeta verdadero era que proclamaba todo el consejo de Dios. Al hacerlo, no restringía la libertad de Dios a un solo tipo de intervención. Si la situación requería el hacer un llamado al arrepentimiento, el profeta lo hacía con pasión. Esto lo hacía con el uso del típico verbo hebreo shuv, que habla de volver. El llamado era a volver a Yavé y a las demandas del pacto. Si había que cuestionar el estilo de vida de los reyes o de los comerciantes o de todo el pueblo, lo hacía. El profeta tampoco tenía problemas en plantear demandas éticas difíciles. Una de las proclamas del profeta era que Dios no estaba atado ni al templo, ni a la ley ni a la monarquía.  Entonces el verdadero profeta era capaz de deshacer la tradición asfixiante y de transformarla en aquello que daba libertad en medio de una relación de compromiso con Yavé.

En cambio, el profeta profesional era selectivo y reduccionista en cuanto al contenido de su proclamación. Solamente predicaba aquello que consolaba, apaciguaba y que hacía sentir bien. En este sentido el profeta profesional intentaba eternizar el presente para que nada cambie. En el proceso institucionaliza el accionar del espíritu de Dios. Mediante una apelación al rito vacío, le robaba el poder al espíritu de Dios. El profeta profesional busca ante todo mantener el statu quo que le garantizaba un bienestar y una tranquilidad efímera. En esto se puede ver un contraste marcado con el enviado de Dios, que se erigía como un agente de cambio y de transformación profunda. De esa manera el profeta se convertía en el verdadero puente entre Dios y los hombres, y también en el instrumento que provoca una alternativa basada en la relación de pacto.

*****Busque la tercera parte de este artículo aquí: «La literatura profética – Parte 3» 

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