La poesía en la Biblia

La poesía bíblica – Parte II

La poética hebrea

Con los planteamientos presentados en la primera parte de este tema, podemos preguntarnos ahora cuáles son los elementos característicos de la poética hebrea.

Por Armando Levoratti

La rima

No es un rasgo distintivo de la poesía bíblica. Sin embargo, a veces se encuentran pasajes como el de Isaías 1.21:  ‘eká hayetá lezoná quiriá ne’emaná[1]

La terminación en -a acentuada de todas estas palabras se debe en parte a que la palabra quiriá(«ciudad») es femenina y por eso para la forma verbal hayetá y para el participio adjetival ne’emanárig en las reglas de la concordancia. Pero las otras dos palabras (‘ekáy lezoná) tienen la misma terminación, y esta coincidencia no parece casual. Tal vez habría que pensar que el profeta ha acumulado intencionalmente las rimas con una finalidad estilística. Sin embargo, tal acumulación no es un rasgo característico de todos los poemas hebreos, sino de este poema en particular. De ahí la necesidad de examinar en cada pasaje poético la existencia o no existencia de rimas.

La poesía biblica Parte II

El ritmo

Aunque no conocemos en todos sus detalles la pronunciación del hebreo antiguo, puede establecerse con suficiente certeza que la poética hebrea era acentual, es decir, este lenguaje poético atribuye gran importancia al ritmo que resulta de la acentuación de las sílabas. Como factor constitutivo se fija el acento tónico, que se distribuye entre las pausas y cortes. El texto hebreo de Salmos 2.1 da una idea de cómo se reparten los acentos para producir un efecto rítmico: Lámma ragshú goyím u le’ummím yeghú ríq[2]

Cada hemistiquio consta de tres acentos y esta misma acentuación se mantiene a lo largo de casi todo el Salmo.

En épocas recientes se han hecho importantes estudios acerca de la función del ritmo en la poética hebrea. Como estas investigaciones requieren un profundo conocimiento del hebreo bíblico, remitimos para su profundización a las obras especializadas que se mencionan en la bibliografía.

El paralelismo de los miembros (parallelismus membrorum)

Según la mayor parte de los que se han ocupado de la poética hebrea, este es su rasgo distintivo más notable. En virtud de esta forma de paralelismo, la expresión poética más elemental está constituida por dos frases paralelas (aunque a veces también pueden ser tres), que se corresponden mutuamente por su forma y su contenido, y se equilibran como los platillos de una balanza. De este modo, la idea no se expresa toda de una vez, sino, por así decirlo, en dos tiempos sucesivos. Por ejemplo:

  1. El malvado cree que Dios se olvida, que se tapa la cara y nunca ve nada. (Sal 10.11)
  2. El buey reconoce a su dueño y el asno el establo de su amo. (Is 1.3)
  3. Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino. (Sal 119.105)

A partir de estos ejemplos, resulta más fácil examinar con mayor detenimiento el paralelismo de los miembros.

Al conjunto formado por las dos mitades paralelas se lo suele llamar estico(del griego stijos, que significa «línea») y también, más precisamente, monostiquio. Cada mitad es un hemistiquio, de manera que la unidad poética elemental puede ser representada con el gráfico siguiente:

monostiquio

┌─────────────────────────────────────┐

│                                               │

hemistiquio A                                                                         hemistiquio B

En general, se suelen distinguir tres formas de paralelismo: el sinónimo, el antitético y el sintético.

(a) El paralelismo sinónimo 

Consiste en expresar dos veces la misma idea con palabras distintas, como en Salmos 15.1:

  • Señor, ¿quién puede residir en tu santuario?,  ¿quién puede habitar en tu santo monte?

O bien:

  • ¡Alaben al Señor desde el cielo! ¡Alaben al Señor desde lo alto! (Sal 148.1)
  • ¡Alábenlo con toques de trompeta! ¡Alábenlo con arpa y salterio! (Sal 150.3)
(b) El paralelismo antitético 

Se establece por la oposición o el contraste de dos ideas o de dos imágenes poéticas; por ejemplo, Salmos 37.22:

  • Los que el Señor bendice heredarán la tierra, pero los que él maldice serán destruidos.

En esta forma de paralelismo, los contrastes son a veces bien marcados (como en el ejemplo precedente); otras veces, el segundo hemistiquio no expresa exactamente la idea contraria, sino que invierte con cierta libertad la idea propuesta. En tales casos, la antítesis expresa una posibilidad de oposición entre muchas otras, dando así lugar a innumerables posibilidades de variación, como en Proverbios 14.15:

  • El imprudente cree todo lo que le dicen; el prudente se fija por dónde anda.
Véanse también los ejemplos siguientes (Pr 10.2-7):
  1. Las riquezas mal habidas no son de provecho, pero la honradez libra de la muerte.
  2. El Señor no deja con hambre al que es bueno, pero impide al malvado calmar su apetito.
  3. Poco trabajo, pobreza;  mucho trabajo, riqueza.
  4. Cosechar en el verano es de sabios; dormirse en la cosecha es de descarados.
  5. Sobre el hombre bueno llueven bendiciones, pero al malvado lo ahoga la violencia.
  6. Al hombre bueno se le recuerda con bendiciones; al malvado muy pronto se le olvida.[3]

Una forma particular de paralelismo antitético es el de los proverbios formulados comparativamente. El procedimiento consiste en comparar dos cosas y en declarar que una es superior a otra, lo cual es una forma de contraponerlas:

  1. Más vale comer verduras con amor, que carne de res con odio. (Pr 15.17)
  2. Vale más lo poco ganado honradamente, que lo mucho ganado en forma injusta. (Pr 16.8)
  3. Más vale comer pan duro y vivir en paz que tener muchas fiestas y vivir peleando. (Pr 17.1)
  4. Más vale ser pobre y honrado, que necio y calumniador. (Pr 19.1)
  5. Más vale vivir al borde la azotea, que en una amplia mansión con una mujer pendenciera. (Pr 21.9)
(c) El llamado paralelismo sintético 

Abarca una extensa gama de relaciones entre el primer hemistiquio y el segundo. El segundo miembro no repite, aunque sea modulándolo, lo expresado en el primero, ni tampoco dice lo contrario. Lo característico es que continúa la idea enunciada, las más de las veces con una gradación que da lugar a una idea nueva. Así el segundo miembro completa, explica o termina de expresar el pensamiento enunciado en el primero, avanzando en la misma dirección. Obviamente, esta prolongación puede hacerse en varias direcciones posibles. Por ejemplo:

  1. Oh Dios, tú eres santo en tus acciones; ¿qué dios hay tan grande como tú? (Sal 77.13)
  2. El Señor es mi pastor; nada me falta (Sal 23.1)
  3. Tenían hambre y sed, ¡estaban a punto de morir! (Sal 107.5)

Como ya hemos indicado, los hemistiquios pueden relacionarse de muy distintas maneras. Mandato y motivación, acción y consecuencia, enunciado y explicación son algunas de las formas posibles. Véanse, a modo de ejemplo, los pasajes siguientes:

   • Mandato y motivación

Aclamen al Señor, hombres buenos; en labios de los buenos, la alabanza es hermosa. (Sal 33.1)

     • Acción y consecuencia

Pero en su angustia clamaron al Señor, y él los libró de la aflicción. (Sal 107.6, 13, 19, 28)

  • Enunciado y explicación

A Dios clamo con fuerte voz para que él me escuche. (Sal 77.1)

La complementación de ambos hemistiquios, típica del paralelismo sintético, se pone de manifiesto una vez más en las sentencias pertenecientes a la serie como…, que establece comparaciones de la especie más variada:

  1. Como el vinagre a los dientes y el humo a los ojos, es el perezoso para aquel que lo envía. (Pr 10.26)[4]
  2. Nubes y viento y nada de lluvia, es quien presume de dar y nunca da nada. (Pr 25.14)
  3. Como ciudad sin muralla y expuesta al peligro, así es quien no sabe dominar sus impulsos. (Pr 25.28)
  4. Como el perro vuelve a su vómito, vuelve el necio a su insensatez. (Pr 26.11, BJR)
  5. Baño de plata sobre olla de barro son las palabras suaves que llevan mala intención. (Pr 26.23)

Dentro de este contexto hay que mencionar también la progresión del tipo (cuánto más…!: Si algo es válido para una cosa pequeña, mucho más lo será para una cosa mayor, y viceversa.

Si a la vista del Señor están la muerte y el sepulcro, ¡con mayor razón los pensamientos de los hombres! (Pr 15.11)

A veces, el paralelismo sintético presenta una forma particular, que consiste en desarrollar la idea repitiendo algunas palabras del verso anterior. Entonces se suele hablar de paralelismo progresivo, como en el caso de Salmos 145.18:

El Señor está cerca de los que le invocan, de los que le invocan con sinceridad.

Otro bello ejemplo de paralelismo progresivo se encuentra en Salmos 93.3-4 (NBE):

Levantan los ríos, Señor,  levantan los ríos su voz,

levantan los ríos su fragor; más que la voz de aguas caudalosas, 

más potente que el oleaje del mar,  más potente en el cielo es el Señor.

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Notas y referencias

    [1]«¡Cómo se ha prostituido la ciudad fiel!».

    [2]«¿Por qué se alborotan los pueblos y las naciones hacen planes sin sentido?».

    [3]Casi el 90 % de los proverbios reunidos en Pr 10—15 son de estilo antitético.

    [4]Traducción mía.

Libros recomendados

Luis Alonso Shökel.  Hermenéutica de la Palabra-II: Interpretación literaria de textos bíblicos. Madrid: Ediciones Cristiandad, 1987. 542 pp. La primera parte del libro, pp. 17-228, «Poética hebrea. Historia y procedimientos», es un excelente manual para estudiar la poesía del Antiguo Testamento en el idioma original.

Notker Füglister. La oración sálmica. Estella: Editorial Verbo Divino, 1970. 155 pp.

Lynell Zogbo y Ernst Wendland.  La poesía del Antiguo Testamento: pautas para su traducción. Guía práctica para traductores. Traducción y adaptación al castellano a cargo de Alfredo Tepox Varela. Miami: Sociedades Bíblicas Unidas, 1997.

 

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