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La Septuaginta: Entre la sinagoga y la Iglesia — Parte 1

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Este ensayo tiene como propósito discutir lo que ocurrió con la Septuaginta o Versión de los LXX en su trayectoria desde la sinagoga judía hasta la iglesia cristiana. ¿Por qué fue rechazada por las autoridades religiosas judías, pero aceptada por la naciente iglesia cristiana? Algunos eruditos piensan que existe una relación de causa y efecto —que la LXX fue rechazada por los judíos, porque la iglesia cristiana se apropió de ella—; esta resulta una respuesta demasiado simple para un asunto muy complejo. Otros eruditos piensan que la LXX fue rechazada debido a las muchas e importantes discrepancias entre el texto hebreo y el texto griego. Pero ¿serán suficientes estas dos razones para justificar el total rechazo de la LXX o existirán otras razones más fundamentales? Personalmente, pienso que hubo otras razones más importantes; nos ocuparemos de ellas más adelante en este ensayo.1

Por Manuel M. Jinbachian

Paralelamente al rechazo de la LXX por parte de las autoridades religiosas judías, necesitamos preguntar: “¿Cuál era la Biblia (AT) que usaba la naciente iglesia, hasta cerca de la mitad del siglo V d.C.?”2 ¿Por qué existen diferencias en las citas del AT encontradas en el NT? Cuando comparamos estas citas con el TM, notamos que algunas de esas citas coinciden con el TM, que otras coinciden más con el PS, y que otras son diferentes a ambos textos y coinciden más con ciertas lecturas de estilo Targum. La mayoría de las citas en el NT son diferentes del texto hebreo que conocemos. Uno tiene la impresión de que los autores del NT no pudieron citar correctamente el AT Hebreo.
Observando la mayoría de las citas del AT, hemos podido identificar que el AT usado por los apóstoles y los autores de los Evangelios era de la LXX.

¿Qué es la Septuaginta (LXX)?

La LXX es la traducción en griego de la Biblia hebrea, realizada en Alejandría. Esta traducción se inició hacia la mitad de siglo III a.C., y pasaron casi dos siglos y medio antes de que se terminara la traducción de toda la Biblia hebrea. Originalmente se le dio el nombre de «Septuaginta» a la traducción de la Torá, es decir los primeros cinco libros de la Biblia. El nombre se extendió después a todo el AT en griego.Podríamos decir que la LXX constituye la más importante expresión del «judaísmo helénico».

¿Por qué se hizo la traducción de la LXX?

Hoy día, damos por hecho que la Biblia se traduzca en muchas lenguas.Pero cuando consideramos que la LXX fue la primera traducción de la Biblia hebrea jamás antes traducida, entendemos que fue singular y sin precedente en la historia de la humanidad, y que merece ser estudiada como el primer fenómeno significativo religiosa y culturalmente. Ha habido traducciones de documentos y decretos, pero un proyecto de traducción como este, de importancia colosal, es ciertamente excepcional. Este proyecto requirió el ambiente propicio y las fuerzas formativas necesarias para poder llevarse a cabo. La LXX es el primer intento para traducir desde una lengua y cultura hacia otra lengua y cultura totalmente diferentes —de la cultura semítica judía a la cultura indoeuropea helenística. Este proyecto se realizó con éxito, al menos en el caso de la traducción de la Torá.

Las fuerzas formativas que crearon las condiciones propicias para la traducción de la LXX fueron las siguientes:

1. El encuentro de dos culturas que compartieron un común trasfondo cultural y religioso: la semítica y la helénica;5 este encuentro creó el terreno fértil y estableció la base para la traducción. La helenización fue tan ampliamente esparcida que el griego llegó a ser la lingua franca en todos los territorios que Alejandro Magno había conquistado. La helenización también permeó la vida diaria de los judíos que habitaban en el oeste de Palestina, a lo largo de la costa mediterránea, y Egipto, a tal punto que no pudieron retener su propia lengua; el griego llegó a ser la lengua de uso diario.6 Incluso en su propia tierra, los judíos fueron profundamente helenizados.

Contamos con evidencia indirecta que muestra cómo la helenización prevaleció no solo en la diáspora, sino también en Palestina antes de la era cristiana:

  • a. Hacia la mitad del siglo II a.C., la LXX fue citada en Jerusalén por Eupolemo, un historiador judío. Él basó su historia de los judíos en la versión griega de Crónicas. También hubo autores judíos residentes en Palestina, los cuales escribieron en griego —tales como, Justo De Tiberia y Flavio Josefo.7
  • b. Desde comienzos del siglo I a.C. hasta fines del de siglo II d.C., en Palestina y en todo el territorio del Imperio romano, judíos helenizados usaron la LXX como su Biblia.8 Sabemos que la traducción de Aquila, un convertido al judaísmo, quien vivió y trabajó en Jerusalén durante la primera mitad del siglo II d.C., en el momento oportuno remplazó la LXX en las sinagogas.9
  • c. Cierto número de ciudades helénicas fueron fundadas en Palestina durante este período —por ejemplo Decápolis, Pella, etc. A ciudades antiguas se les dieron nombres nuevos en griego —por ejemplo Acco pasó a ser Ptolemais, etc.10
  • d. Durante el siglo I d.C., los nombres griegos llegaron a ser tan comunes como los nombres hebreos y arameos en los cementerios y en las lápidas de las tumbas de Palestina. De modo similar, casi una tercera parte de los nombres en los osarios correspondientes al período desde mediados del siglo II a.C. hasta la mitad del siglo II d.C. fueron en griego.11
  • e. Al menos una inscripción en griego ha sido encontrada en una sinagoga en Jerusalén, la cual data de antes del año 70 d.C., y dice: «Para la lectura de la Ley y la enseñanza de los mandamientos».12
  • f. Podemos agregar las inscripciones en griego, encontradas en la balaustrada del templo de Herodes, que dicen: «Prohibido a todo extranjero franquear la barrera y penetrar en el recinto del santuario. Cualquiera que sea sorprendido, será él mismo responsable de la muerte que le sobrevendrá».13

Partiendo de los seis puntos anteriores, podemos concluir, con cierto grado de certeza, que Palestina y Jerusalén llegaron a ser extensamente helenizadas. Como consecuencia, el griego probablemente fue usado en algunas sinagogas, y hablado en las calles de las ciudades y poblados de Palestina, junto con el arameo. Todo esto implica que los manuscritos griegos debieron circular fácilmente y ser utilizados en Palestina durante el siglo I de nuestra era.14

Podemos subir un escalón más y decir que el judaísmo rabínico llegó a ser helenizado hasta cierto grado. «Las reglas rabínicas de interpretación del AT, atribuidas Hillel, corresponden a las de la hermenéutica practicada en Alejandría y en otros centros del helenismo».15 Desde esta perspectiva, algunos consideran al judaísmo palestino y al partido religioso de los fariseos como una expresión de la cultura helenística.16

2. La traducción de la LXX se realizó en respuesta a la demanda expresada, o la necesidad percibida, formulada por una comunidad de creyentes. Cuando los judíos de Egipto tuvieron que abandonar su lengua debido a las circunstancias geográficas, políticas, económicas y sociales, la única manera de preservar su herencia religiosa e identidad nacional fue mediante la traducción de su Biblia en la lengua de uso cotidiano. La traducción de la Torá al griego es prueba de su culturización. Pero al mismo tiempo es prueba de la resistencia de la identidad judía contra la total asimilación y helenización.

3. La traducción de la LXX —principalmente la Torá— fue el resultado de una iniciativa oficial, según aparece registrado en la Carta de Aristeas. De acuerdo con este documento espurio, la traducción de la LXX fue estimulada y financiada por la corte real de Tolomeo, en Alejandría.

Nos saldríamos de los límites de este ensayo si entráramos en el debate para decidir si la LXX fue en efecto el producto de una iniciativa oficial o el resultado de una necesidad percibida. La opinión generalmente aceptada se inclina a favor de la iniciativa oficial en cuanto a la traducción de la Torá, pero no se puede negar que la traducción del resto de la Biblia hebrea, hecha por los judíos mismos, obedeció a su propio interés y necesidad. Una cosa es cierta, los traductores de la LXX no pudieron evadir su doble trasfondo cultural, religioso y lingüístico, simultáneamente judeo-palestino y helénico-alejandrino.17

La Biblia hebrea y la Biblia griega

 

La Septuaginta_ Entre la sinagoga y la Iglesia — Parte I

La Biblia hebrea

Un buen número de manuscritos hebreos, descubiertos en décadas recientes en el desierto de Judea y en otros lugares, ha llevado a los eruditos a concluir que el texto de la Biblia hebrea no era uniforme como se había pensado. Tiempo atrás, hubo eruditos que hablaron sobre la diversidad de los textos hebreos —incluso antes de los hallazgos de Qumrán— pero ellos eran una minoría y se los consideraba como «la voz que clama en el desierto». Entre los hallazgos se han encontrado textos cercanos al protomasorético, otros que son cercanos al protosamaritano, y aun otros que son cercanos al borrador original de la LXX. Sin embargo se han descubierto otros textos diferentes a cualquiera de las tres familias de textos recién mencionadas.18

A la luz de lo que ya hemos dicho, no será equivocado afirmar que: 1) Para muchos de los libros de la Biblia existía un número de versiones —siendo el proto-TM una de ellas—, las cuales fueron circulando en diferentes regiones de Palestina y que fueron usadas por diferentes grupos. 2) No tenemos evidencia de que antes del final del siglo I d.C. existiera un canon de la Biblia aprobado y fijo.19

Probablemente la única excepción haya sido la Torá, la cual tenía un estatus especial entre los judíos —esto se puede deducir de las palabras de Josefo, que los fariseos, los saduceos y los esenios concedían carácter autoritativo a «Ley de Moisés».20 Sin embargo, el hallazgo de 4QpaleoExodm y 4QNmb, los cuales son cercanos al PS, vino a indicar que existió más de una edición de la Torá disponible y en uso antes del inicio de la era cristiana.21

El canon de la Biblia hebrea

Desde principios del siglo II a.C. hasta el final del siglo I d.C., notamos que había un claro conocimiento sobre la existencia de dos, y a veces tres, colecciones de libros bíblicos. Sira, en Eclesiástico (39.1, DHH; c. 190 a.C.) habla de «La ley, la sabiduría y las profecías»: ¡Qué distinto es el que se dedica por completo a estudiar la ley del Altísimo, a investigar la sabiduría de todos los antiguos y a ocuparse en las profecías!22 Esta división tripartita se encuentra también en la «Introducción» de este libro en griego, traducido por su nieto Jesús ben Sira (c. 132 a.C.).

En el NT encontramos al menos una referencia a la división tripartita del canon del AT: …era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos (Lc 24.44),23 donde los Salmos podrían ser considerados parte de los Profetas, si tomamos a David como un profeta, o como parte de los Ketubim o «Escritos». Con todo, debemos decir que, generalmente, en el NT encontramos referencias a una división bipartita del canon la Ley y los Profetas.24

La septuaginta: Entre la sinagoga y la Iglesia Parte I

Cuando se trata del número de los libros. Las tradiciones rabínicas y 4 Esdras 14.45 hablan de veinticuatro libros de la Biblia hebrea. Estos son:

  1. Los cinco libros de la ley de Moisés, también conocidos como la Torá, que comprenden los libros de Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
  2. Los ocho libros de los Profetas (Nebiim), divididos en dos grupos: los cuatro libros de los «Profetas Anteriores» que comprenden los libros de Josué, Jueces, los libros de Samuel y de Reyes;25 los cuatro libros de los «Profetas Posteriores», que comprenden los libros de Isaías, Jeremías, Ezequiel, y los doce Profetas Menores —estos doce profetas menores fueron agregados en un solo libro.
  3. Los «Escritos» (Ketubim) que comprenden once libros: Rut, Salmos, Job, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Lamentaciones, Daniel, Ester, Esdras (no se incluye Nehemías) y los libros de Crónicas —este último, como los libros de Samuel y de Reyes, fue agregado y considerado como un solo libro.26

Josefo, por su parte da un número diferente: él dice que la Biblia hebrea contenía veintidós libros —la misma cifra es citada por Orígenes y San Jerónimo. El número veintidós se obtiene juntando el libro de Lamentaciones con Jeremías, y Rut con Jueces.

El canon de la Biblia griega

En contraste con lo que acabamos de decir sobre la Biblia hebrea, la LXX tiene cuatro categorías de libros:

  1. Libros traducidos de una «fuente» (Vorlage en alemán) hebrea son parte del canon bíblico hebreo. En estos se incluyen todos los treinta y nueve libros del Antiguo Terstamento.
  2. Libros traducidos de una «fuente» hebrea, pero que fueron excluidos del canon bíblico hebreo —tales como Tobías, Judit, Sabiduría de Ben Sira y 1 Macabeos.
  3. Libros no traducidos de una «fuente» hebrea, pero que son composiciones originales en griego—tales como Sabiduría de Salomón, Baruc, La Carta de Jeremías, 2-4 Macabeos. Estos también fueron excluidos del canon bíblico hebreo. Finalmente, existen adiciones y expansiones de ciertos libros en la versión griega que no se encuentran en el hebreo —tales como las adiciones a Jeremías, Daniel y Ester— y categorías similares a «2» y «3» señaladas anteriormente, que no se incluyeron en el canon bíblico hebreo.

Algunas iglesias, tales como las protestantes, llaman a los libros ubicados en las categorías 2-4, «Apócrifos». Otras iglesias, tal es el caso de la católico romana, los llaman «Deuterocanónicos» en contraste con el «primer canon», conocido como «protocanon».27 Entre las iglesias Ortodoxas no existe esta controversia. Ellos aceptan la LXX y su canon, junto con el NT, como la Biblia de la iglesia.

Para concluir, podemos decir que la LXX es diferente de la Biblia hebrea en tres aspectos básicos: a) el número de libros en la LXX es mayor que en el canon hebreo;28 b) el orden y la distribución de los libros es diferente en las dos versiones; c) existen adiciones en ciertos libros de la versión griega que no se encuentran en el hebreo.

¿Cuál fue la Biblia que usó la iglesia?: El NT y la LXX

Regreso a la pregunta que hice anteriormente: ¿Cuál fue la Biblia (AT) de la iglesia de los primeros siglos? Debe subrayarse que el NT fue escrito en griego. Puede ser que haya existido un estrato oral y otras colecciones pequeñas de las palabras de Jesús, o un relato de sus milagros, que pudieron haber circulado en otras lenguas —como el arameo—, pero la redacción final del NT fue hecha en griego para un público helenizado.

A lo anterior debo agregar lo que ya he mencionado, que la LXX, desde muy pronto, se convirtió en la Biblia de la iglesia.29 La LXX fue unida al NT, también escrito en griego, y así fue transmitida en muchos manuscritos independientes del TM —tales como los unciales o mayúsculos griegos de los siglos IV y V d.C. Estos manuscritos unciales contienen los libros Deuterocanónicos, aunque no en el mismo orden y número. De modo que la crítica textual tanto del NT como de la LXX plantea preguntas similares, y para ambos se requieren soluciones similares.

El estudio de la LXX es muy importante para la iglesia cristiana porque es esencial para el estudio del texto de la Biblia hebrea, y también porque ayuda en la comprensión e interpretación del NT. Sidney Jellicoe afirmó esto de manera muy sucinta: «Quien se apresta a leer el NT debe saber koiné. Pero el que desea entender el NT debe conocer la LXX.30 A esto debemos agregar los que dijo Julio Trebolle Barrera:

  • La versión de los LXX posee un valor añadido por el hecho de que los autores del NT y los escritores cristianos encontraron en ella el arsenal de términos y conceptos en el que expresar los contenidos y símbolos de la fe cristiana. Constituye por ello el puente de unión entre los dos Testamentos; esta relación se pone de relieve de modo particular en las citas que el NT hace del AT a través de la versión de los LXX. 31

El impacto de la LXX sobre el NT puede ser considerado en aspectos diferentes y en niveles distintos:

  1. La LXX conformó el lenguaje del NT. En gran medida el léxico, la terminología religiosa y las interpretaciones teológicas del NT se derivan de la LXX. Es innegable que «el vocabulario especial del NT fue creado en la LXX».32
  2. Muchas de las citas textuales en el NT provienen de la LXX; esta se convirtió en la fuente de información y guía para los autores del NT. Los semitismos en el NT provienen básicamente de la LXX o de alguna de las otras versiones griegas. Se trata más bien no de semitismos, sino de «septuagintismos».
  3. No debemos olvidar que la LXX fue realmente el libro que preparó el camino para la expansión del evangelio. Cuando Pablo predicaba en las sinagogas del Asia Menor, junto con los judíos que hablaban griego y que llegaban a adorar en esas sinagogas, él encontraba a prosélitos que se habían convertido del judaísmo gracias a la lectura de la LXX.33

Si tomamos en consideración el hecho de que durante los primeros cinco siglos de la era cristiana, la iglesia usó la misma Biblia, entonces podríamos decir que tanto los judíos helenizados como los cristianos usaron la LXX como su Biblia por más de siglo y medio, antes de que la rechazaran las autoridades religiosas judías y la remplazaran por la traducción de Aquila. Esto lo corroboran aún más otros dos eventos:

La septuaginta: Entre la sinagoga y la Iglesia Parte I

  1. En Qumrán y en otros lugares del desierto de Judea se han descubierto manuscritos en griego del AT —los más famosos son los manuscritos en griego de los Doce profetas menores (9Hev XII gr).34 No todos los manuscritos de Qumrán fueron copiados en ese lugar; muchos fueron llevados desde muy diversos puntos de Palestina. Sin duda estos manuscritos fueron utilizados por ciertos sectores de la sociedad judía.
    En las cartas del apóstol Pablo a las iglesias del Asia Menor y Europa, así como en la Carta a los Hebreos, escrita a judíos cristianos en Jerusalén y Palestina, aparecen citas de la LXX; esto indica que la LXX era por lo menos conocida y, hasta cierto punto, usada entre judíos helenizados y parcialmente cristianizados que vivían en Palestina y en la diáspora.

No cabe la menor duda de que manuscritos griegos de la Torá y otras partes del AT circulaban en Palestina en los comienzos de la era cristiana. Si tales manuscritos eran utilizados en las sinagogas o no, se mantiene como una pregunta abierta. Sería una conclusión prematura el negar que sí fuera utilizado. Surge entonces la pregunta: ¿Por qué las autoridades religiosas judías rechazaron totalmente la LXX hacia el final del siglo II d.C.?

Las razones para el rechazo de la LXX

No sabemos si la LXX alguna vez fue aprobada oficialmente por las más altas autoridades religiosas de Jerusalén. Pudo ser que ellos calladamente consintieron su uso o que tácitamente la aprobaron. Como fuera, la evidencia disponible es fragmentaria. A continuación presentaremos algunas de las tradiciones concernientes a la aprobación tácita:

En La Misná, Meguilá I, 8 leemos:

  • «Los libros (de la Sagrada Escritura) se diferencian de las filacterias y de las hojitas de las puertas (mesusá) en que los libros se pueden escribir en toda lengua, mientras que las filacterias y las hojitas de las puertas solo se pueden escribir en hebreo».

Rabí Simeon ben Gamaliel (La Misná, Meguilá I, 8) dice:

  • «…no permitieron que los libros (sagrados) fueran escritos sino en griego».

En el Talmud Babilónico 9a encontramos las palabras del Rabí Yejudá:
«Cuando nuestros maestros autorizaron el griego, solo lo hicieron con un rollo de la Torá, porque los 72 traductores convocados por el rey Tolomeo introdujeron cambios en beneficio del rey».

Finalmente, en el Midrás Beresit Rabá encontramos una tradición de interpretación de Génesis 9.27 donde leemos: «Engrandezca Dios a Jafet, y habite en las tiendas de Sem». De acuerdo con Bar Qappara (ca 200 d.C.):

  • «Este versículo quiere decir que las palabras de la Ley podrían ser leídas en el idioma de Jafet, es decir, en griego, en las tiendas de Sem, es decir, por los judíos. El rabí Yudá (c. 300 d.C.) dice que lo entendemos de este versículo es que es permitida la traducción (de los libros sagrados)».35

Las siguientes son las razones para el rechazo de la LXX por parte de las autoridades religiosas judías. Las discutiremos en el orden ascendente de importancia, según mi criterio.

El Surgimiento del cristianismo y la apropiación de la LXX como su Biblia

Algunos eruditos opinan que el surgimiento de otras recensiones judías —tales como Aquila, Símaco y Teodocio— y el rechazo de la LXX se debió al hecho de que la iglesia cristiana había adoptado la LXX como su propia Biblia. Esto fue seguido por controversias sobre la correcta interpretación de las Escrituras, que condujeron a una feroz polémica entre cristianos y judíos. Tal es la opinión del erudito Sidney Jellicoe:

  • Dos eventos que tuvieron lugar en las primeras décadas de nuestra era iban a tener un profundo y trascendental efecto en el texto de la LXX y la historia de la transmisión de ese texto:
      • el nacimiento de la iglesia cristiana con su empresa misionera agresiva;
      • la desaparición de Jerusalén como metrópolis del judaísmo a causa de las acciones bélicas de Vespasiano, Tito y Adriano.36

G. Veltri, ante la misma pregunta, ha escrito un libro completo sobre este tema. Él indica, en primer lugar, que el rechazo de la LXX no se debió a la apropiación de esta traducción por parte de la iglesia cristiana. En segundo lugar, tampoco cree que se debió al hecho de que el rey Tolomeo la hubiera enviado a traducir como parte de su campaña por helenizar todo el mundo antiguo.37 Sea cual fuere la razón del rechazo, la apropiación de la LXX como Biblia de la iglesia no debe considerarse como la causa más determinante.

En la cita anterior anotamos que Jellicoe menciona una segunda razón: «la desaparición de Jerusalén como metrópolis del judaísmo a causa de las acciones bélicas de Vespasiano, Tito y Adriano». Este dato es ciertamente más significativo y abarca un número de otros factores. Retomaremos este punto más adelante en la sección «El factor romano…».

 

*****Busque la segunda parte de este artículo aquí: «La septuaginta: entre la Sinagoga y la Iglesia — Parte 2» 

_______________

Notas y referencias

1 Véase más adelante «Las razones para el rechazo de la LXX».
2 Jerónimo inició la traducción del AT hebreo, en el tiempo del papa Dámaso (304-384 d.C.), continuó todavía después de la muerte de ese Papa y estuvo ocupado hasta el comienzo del siglo V d.C.
3 Se le llamó la Septuaginta o Versión de los LXX porque, según una tradición registrada en la Seudo-Carta de Aristeas, fueron 72 (véase Eusebio, Historia eclesiástica 1.2) ancianos judíos quienes tradujeron la Torá, por mandato del rey Tolomeo II Filadelfo. ¿Fueron realmente necesarios tantos traductores para traducir la Torá? De acuerdo con la tradición rabínica fueron cinco los traductores, véase Masseket Soferim I.8; Abot, Rabbi Nathan, B c. 37.
4 La Biblia es el libro traducido al mayor número de lenguas en todo el mundo. Partes de la Biblia han sido traducidas en más de 3324 lenguas, y la Biblia completa en cerca de 674 lenguas.
5 Astour (1965): 361ss; Marcos (2000): 18-19.
6 Swete (1914): 8-9.
7 Fitzmyer (1970): 510; Sundbreg, Ibid: 83-84.
8 Véase Swete (1914): 433.
9 En cuanto a la pregunta sobre el uso de la LXX en las sinagogas en la diáspora y en Palestina, véanse Harl, Dorival & Munnich 119f; Swete (1914): 29-30.
10 Fitzmyer: 508.
11 Goodenough (1953): 13 vols, 1.1; Fitzmyer: 513.
12 Goodenough: 1.179-180; Sundberg: 84f.
13 Hechos 21.28-29. Dos ejemplos de esto han sido descubiertos. Véase J. González Echegaray: 115.
14 Sobre una lista de manuscritos en griego, encontrados en Qumrán, véase más adelante el Apéndice 2.
15 Trebolle (1993): 42.
16 Véase Neusner (1973).
17 Harl, Dorival & Munich: 55-56; Jellicoe (1968): 63-64.
18 Tov (2002): 239ss.
19 Ulrich, “Pluriformity”: 18-21; “Canonical Process”: 278ff; “The Community”: 3-16. Sobre los diversos estratos literarios de los libros bíblicos, véanse Tov (2001): 319-345; VanderKam (2002): 94ss.
20 VaderKam (2002) 92; Harrington (2002) 197.
21 Véase Trebolle (1993): 170-171.
22 El énfasis es mío.
23 A menos que se indique lo contrario, todas las citas son tomadas de la versión RVR-95.
24 Mt 5.17; 7.12; 22.40; Lc 16.16,29, 31; 24.27; Jn 1.45; Hch 13.15; 28.23; Ro 3.21. Sobre la división bipartita véase también el punto 5, en p. 3.
25 En el canon bíblico hebreo los dos libros de Samuel y los dos libros de Reyes se juntaron para formar un libro cada uno, mientras que en la LXX se mantuvieron separados y se les llamó «Los cuatro libros de Reyes».
26 Lightstone (2002), en McDonald and Sanders: 163-184.
27 San Jerónimo fue quien dio el nombre de «Apócrifos». Estos libros no deben ser confundidos con los pseudoepígrafos, los cuales están completamente fuera del canon bíblico. El Canon de la Iglesia Católica fue decidido finalmente en el Concilio de Trento en 1546, en el cual se incluyeron los libros Deuterocanónicos: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, 1 y 2 Macabeos.
28 El TM tiene 24 libros y la LXX tiene 51 libros. Véase el Apéndice I al final de este ensayo.
29 Cuando digo «iglesia» me refiero a la iglesia cristiana como totalidad, tanto en el este como en el oeste, hasta después de Jerónimo (c. 450 d.C.), cuando en el oeste dejó de usarse la LXX y fue adoptada la Vulgata, traducida del hebreo, como su Biblia oficial.
30 Jellicoe (1968a): 199.
31 Trebolle (1993): 315-316.
32 Tov (1999): 258.
33 Véase Hch 2.10; 6.5 y 13.43.
34 Manuscrito Nahal Haver, 8HevXIIgr, de los Profetas menores, Tov (1990).
35 Véase también Harle, Dorival & Munich: 121.
36 Jellicoe (1968): 74.
37 Veltri (1994).

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