La vocación y la Biblia

La vocación y la Biblia – Parte I

La vocación es uno de los temas importantes de la vida cristiana. Por vocación entendemos el deseo humano de responder a una invitación, hecha por Dios, a comprometer la vida en beneficio de otros seres humanos. Algunos autores distinguen entre una vocación particular y una vocación general. La vocación general a menudo se identifica como la aceptación de la salvación.

Por Guidoberto Mahecha

Merval Rosa afirma que la vocación es uno de los aspectos más personales de la experiencia espiritual del ser humano.[1]La vocación se vuelve religiosa cuando la persona ubica su cumplimiento en un contexto sobrenatural y se siente llamada por Dios. Es importante que la persona llamada a una vocación religiosa tenga un sentido de madurez cristiana, pues las demandas son mayores, en muchos casos, a las de un trabajo regular.

Vocación es lo que permite que una persona dedique su vida al servicio de personas enfermas, o de niños o de una causa política o ecológica, o a evangelizar, o a predicar. Hay muchos ejemplos de vocación en la Biblia, tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento.

Hemos dicho que entendemos por vocación la respuesta humana a una invitación divina a  servir. Dado que es una respuesta humana, diferentes personas en diferentes situaciones pueden entender de diferentes maneras su vocación. Afirmar esto nos lleva a considerar con humildad que nuestra vocación es un compromiso con Dios y nuestra comunidad de fe, y que otras personas pueden entender su vocación de manera diferente.

La vocación que comienza con una invitación divina a participar en una determinada misión o ministerio es, y tiene que ser, inclusiva. Por inclusiva queremos decir que la invitación divina no diferencia entre razas, sexos y nivel educativo. Vemos que la vocación es la respuesta humana a la invitación de Dios para participar en una situación que exige sacrificios y dedicación, generalmente a favor de las personas más necesitadas dentro de la sociedad.

La Biblia como la palabra de Dios tiene ejemplos de vocación admirables. Presentamos algunos modelos de vocación usando como ejemplo tres hombres y tres mujeres del Antiguo Testamento y luego algunas personas en el Nuevo Testamento. Dentro de este trabajo queremos destacar que hay elementos humanos que Dios usa para completar sus planes y que no siempre se ven en una perspectiva favorable. En el Antiguo Testamento veremos a Abraham, Job, Amós, Rahab, Rut, y Débora y en el Nuevo Testamento veremos a Pablo, María Magdalena, y Febe. Después haremos algunas conclusiones que nos permitan entender o dirigir nuestra propia vocación.

 

La vocación y la Biblia

Vocación en el Antiguo Testamento

 

Abraham: patriarca escogido por Dios

Queremos destacar algunas de las cualidades que hicieron de Abraham un modelo para considerar el significado de la vocación. Los textos bíblicos nos muestran que Abraham fue un hombre que en medio de su cultura decidió aceptar la invitación de Dios, para comenzar un ministerio que lo llevó a formar un pueblo en una tierra nueva. De esta manera su vocación dio paso para la formación de un pueblo, que sería el heredero de las promesas y canal de bendición para todas las naciones.

En el caso de Abraham, el primer elemento de la vocación es el llamado de Dios que da inicio a lo que podríamos llamar una vocación dinámica. En Génesis 12.1-3 es el llamado a una misión que incluye salir de su país, dejar su familia, y aun de la casa de su padre. La segunda parte es la promesa de Dios: descendencia y bendición, un nombre y bendición para otras naciones. En el versículo cuatro encontramos el segundo elemento de la vocación, es decir, la respuesta y compromiso del ser humano. Abraham obedece a Dios y comienza  su peregrinaje. Para Abraham la vocación tiene que ver con tomar un camino un tanto desconocido en fe y esperanza. Esto nos lleva a pensar que el compromiso vocacional con Dios nunca es un camino visiblemente seguro, aunque existe la confianza que detrás está Dios, pronto a cumplir sus promesas.

Otro aspecto importante de la vocación de Abraham es que él mantiene la confianza en la promesa de Dios, aunque todo pareciera estar en su contra. Dios le promete descendencia, aunque tanto Abraham como su esposa eran ya viejos, y el texto afirma que Sara era estéril (Gn 11.30). Dios le promete una nación, pero Abraham vive toda su vida como peregrino en tierra extraña. Y lo único que llega a poseer de esa tierra es un lugar dónde enterrar a su esposa y donde poder ser enterrado (Gn 23; 25.7, 8).

La vocación de Abraham es el compromiso de un ser humano con Dios en el cumplimiento de un pacto. Vemos también en la historia de Abraham que la vocación no lo hace inmune a las fallas. Abraham y Sara, por ejemplo, expulsan a una mujer esclava, ignorando incluso las costumbres de su época (Gn 16 y 21.9-21). Siguiendo las ideas de  Elsa Tamez en «La mujer que complicó la historia de la salvación»,[2]  Abraham como patriarca acepta el plan de Sara para tener un hijo con la esclava Agar (algo común en aquel ambiente cultural de esa época). Pero después del nacimiento de Isaac, cuando Agar y su hijo ya no son necesarios para asegurar la descendencia, son expulsados. Dios, sin embargo, no abandona a Agar e Ismael, y les hace una promesa de descendencia. Esta presencia de Dios nos advierte que el cumplimiento de la vocación no es justificación para sacrificar o marginar a otros seres humanos ni pisotear sus derechos.

Rahab: vocación y conflicto

¿Es la vocación un asunto de toda la vida de la persona, o es posible tener vocación por un tiempo determinado? Encontramos en el Antiguo Testamento personas que recibieron un llamado por un tiempo determinado para una misión y luego cambiaron de vocación. El mismo Moisés tuvo diferentes llamados vocacionales: libertador, juez, legislador. En la persona de Rahab encontramos un caso de una vocación particular, donde hay una respuesta y un servicio realizado en beneficio de otras personas —las cualidades que hemos considerado fundamentales para una vocación.

La confesión de Rahab en Jueces 2.11—El señor vuestro Dios, es Dios en el cielo y en la tierra—, y sus acciones, la colocan como una de las grandes mujeres de la Biblia, ¡y eso que no era israelita! Para entender la vocación de Rahab tenemos que destacar que ella decide servir a un Dios que no conoce y arriesga su vida escondiendo a los espías. Dentro de la narración encontramos que ella hace un pacto que incluye a toda su familia. Si tuviéramos que definir esta vocación, diríamos que tiene que ver con salvar vidas: salva la vida de los espías, salva la vida de su familia.

No sabemos mucho más de la vida de Rahab, salvo que la encontramos nuevamente en el capítulo 6 de Josué, cuando se cumple la promesa de salvación para ella y su familia. Es importante notar que ni la raza ni la condición de la persona son obstáculos para que tengan una vocación. Rahab es una mujer extranjera —cananea— y  además era prostituta.

En la vocación de esta mujer nos encontramos con algo sorprendente acerca de Dios, que puede llamar y usar personas que muchas veces no nos gustan, o que no consideremos dignos instrumentos de la gracia divina, o que tienen costumbres, profesiones o conductas y actitudes claramente contrarias a lo que la sociedad acepta como normal. Con Rahab aprendemos que todas las personas pueden ser usadas por Dios.

Job: la paciencia no lo es todo

Como cristianos, frecuentemente usamos a Job como ejemplo de paciencia. Cuando leemos lo que la Biblia nos dice de sus luchas, nos parece clara la vocación de Job: actuar en forma paciente frente a los embates de la vida. Esta vocación no es de las que conocemos tradicionalmente, como la de sacerdote, pastor, médico, paramédico o maestro.

La vida de Job nos ofrece un ejemplo muy importante de lo que es una vocación. El texto nos dice que Job tuvo hijos e hijas y que tomó muy en serio su vocación de padre, antes y después de la tragedia. Entendió que su vocación de padre iba más allá del papel de ser proveedor, de ser padre biológico, o persona responsable por el bienestar social. El texto nos da la impresión de que los hijos de Job son hijos grandes, con los cuales Job ya ha cumplido sus obligaciones de padre. Pero Job entendía que su vocación de padre no terminaba cuando sus hijos se hacían grandes; continuaba velando por la vida religiosa de sus hijos. El texto nos dice que después de las fiestas, Job cumplía con su papel religioso haciendo sacrificios por sus hijos. De esta situación aprendemos que el cumplimiento de la vocación de una persona no depende de los demás, si no más bien de su cumplimiento cariñoso y desinteresado. Los sacrificios hechos por Job no dependían de la conducta de sus hijos sino más bien de su vocación.

Es importante destacar que junto con su vocación de padre, Job mantuvo su vocación de compromiso fiel a Dios. En medio de todas las desgracias Job trató de entender el porqué de su situación. Su vocación de creyente entró en crisis  ante la imposibilidad de entender por qué cosas malas le ocurren a personas buenas y fieles. El mantener la fidelidad a Dios en momentos difíciles es parte del tema del libro y de la vida de Job. Podríamos decir que la vocación de las personas permanece aún cuando no entienden todo lo que sucede alrededor de ellas. Job perdió a sus hijos, sus riquezas y su salud, pero continuó en comunicación con Dios en su búsqueda de respuestas. Su fidelidad fue recompensada y finalmente todo volvió a la normalidad. El compromiso con Dios es mantenido como una vocación, aún frente a las desgracias.

Rut: compromiso en la adversidad

La historia que encontramos en el libro de Rut nos muestra a una persona comprometida con el propósito firme de restaurar una familia y de resolver la situación difícil de dos mujeres. Como hemos visto antes, la vocación no depende ni de una raza, ni del sexo de las personas, ni de su situación social. La vocación depende de la fidelidad al compromiso hecho con Dios por parte de las personas.

La historia de las dos viudas Rut y Noemí está escrita desde la perspectiva femenina. Algunos autores incluso han pensado que la persona que la escribió pudo haber sido una mujer.[3]Una mujer joven decide comprometer su vida al servicio de otra y para ello deja su familia, deja sus dioses, y deja sus propios planes. Se compromete con su suegra en su lucha por restaurar a su familia y reclamar sus derechos. Esto es exactamente lo que entendemos por vocación.

Para Rut como para todos los seres humanos, la vocación es un asunto de libre decisión. Cada persona tiene la oportunidad y el derecho de decidir si acepta la invitación de dedicar su vida a un proyecto o misión. No podemos llamar vocación a una misión determinada cuando la persona ha sido obligada a tomar esa decisión. Rut toma la decisión de acompañar a su suegra, y aunque es invitada a reconsiderar su decisión ella mantiene el propósito de unir su vida a los planes y futuro de su suegra.

Un segundo elemento importante en la vocación de Rut y de todas las personas tiene que ver con el futuro. La decisión se toma sin conocer ni tener certeza de los resultados. La vocación lleva implícito un acto de fe; la persona que decide aceptar la invitación a dedicar su vida a una causa lo hace en la confianza de que tal acto está dentro de la voluntad de Dios. La situación de Rut es todavía más compleja, ya que ella decide acompañar a su suegra a un país diferente, donde su manera de vivir, de creer y de actuar será completamente diferente. Su compromiso, su vocación, la mantiene firme, segura de haber hecho lo correcto y de que Dios le permitirá cumplir sus propósitos.

Un tercer elemento que podemos descubrir en la vocación de Rut y también en la de muchas personas, es que el compromiso con Dios nos lleva a hacer o decir cosas que van contra corriente. La vocación de Rut la llevó a dejar la seguridad de su propia tierra para acompañar a una mujer anciana y aparentemente sin futuro. La vocación llevó a Rut a buscar a Booz en forma poco ortodoxa, para que cumpliera su papel de liberador.

Por último, nos damos cuenta de que aun sin tener grandes capacidades podemos ser convocados por Dios para una misión.

Amós: vocación sin profesión

El profeta Amós nos da la oportunidad de discutir la relación entre vocación y profesión. Es posible que una persona tenga vocación para un servicio o misión, pero que no vea la posibilidad de convertir su vocación en profesión. En el caso de los pastores y las pastoras, podemos entender cómo ambas cosas están unidas: dedicarnos a la vocación, vivir de ella y para ella.

Amós es uno de los grandes profetas del Antiguo Testamento. Fue llamado a predicar un mensaje de justicia que tocó todos los estratos de la sociedad de su tiempo. Habla de los pobres y desposeídos, denuncia los pecados de las naciones y señala los pecados específicos de algunos sectores de la sociedad. El texto bíblico es el que mejor expresa el sentimiento que Amós tiene respecto a su profesión: No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres. Con esta expresión entendemos que Amós tiene una vocación que recibió de Dios: Ve y profetiza a mi pueblo Israel. Amós entiende su vocación como un compromiso especial entre sí mismo y Dios. Amós es llamado por Dios y obedece, a pesar de los inconvenientes, las amenazas y la falta de preparación para el trabajo que estaba realizando.

De Amós y su vocación podemos aprender, en primer lugar, que la vocación a la cual Dios nos llama no siempre recibe aplausos y aceptación de las personas. Dios nos puede llamar a actuar o hablar en formas que no son bien recibidas por la sociedad y la iglesia. Amós tiene que dar un mensaje muy impopular. Su mensaje de denuncia, de los pecados de los pueblos vecinos y, especialmente, de los de Israel y Judá genera rechazo por parte del sector político y religioso.

En segundo lugar, la vocación de Amós está marcada por un interés por la situación de su país, de los países vecinos y, especialmente, de los ricos y los pobres. Amós entiende que su vocación incluye la denuncia de la injusticia con el deseo de corregirla. La vocación entendida desde la perspectiva de Amós no saca a las personas del mundo, sino que las lleva a entender el mundo desde la perspectiva de Dios y su voluntad para el mundo.

En tercer lugar, en la experiencia de Amós vemos que aunque la vocación religiosa nos lleva a una relación espiritual muy profunda con Dios, de ninguna manera es un llamado a la neutralidad.

La vocación, entendida desde Amós y su dedicación a servir a Dios implica tener consciencia de la situación en la cual ejercemos nuestra vocación. Es vivir junto a los que sufren y saber por qué sufren. El conocimiento que tenía Amós de las condiciones sociales injustas de su sociedad, donde las personas pobres sufrían todo tipo de opresión y las ricas gastaban en sus casas de mármol, no es producto de una revelación especial de Dios. Es un conocimiento que viene de vivir en medio del pueblo y para el pueblo. Para Amós, el cumplimiento de la voluntad de Dios significa denunciar los males y pecados, pero al mismo tiempo invitar al pobre, al rico, al religioso y al gobernante al arrepentimiento y al compromiso con un mundo transformado.

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Notas  y referencias

[1]Rosa, Merval, Psicología da Religao  (Rio de Janeiro: Publicadora Batista, 1971), pp. 209ss.

[2]Elsa Tamez, “La mujer que complicó la Historia de la Salvación”. @

[3]Cita sobre Women@

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