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Las consecuencias del pecado

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Más de 10 años atrás, caminaba por la ciudad de Nueva York con un amigo que por aquel tiempo trabajaba en American Bible Society.

Al avanzar entre la muchedumbre indiferente, fácilmente se observaban dos elementos que resaltaban: la inmensa riqueza de la ciudad de Nueva York —y de mucha de su gente— y la miserable pobreza de los «homeless» que vivían en las calles de la populosa ciudad.

Era imposible caminar por la ciudad y no ser impactado por semejante contraste. «¿Cómo puede ser que en una de las ciudades más ricas del mundo y por donde pasan cantidades inimaginables de dinero haya gente que literalmente muera de hambre y frío?», le pregunté a mi amigo.

Si bien él trató de balbucear algo, obviamente no hay una respuesta fácil ni única, pero la realidad nos interpela a cada paso.

Lamentablemente aquella realidad de Nueva York, diez años atrás, no ha cambiado ni tampoco es la excepción. En nuestros países de América Latina estamos acostumbrados a ver y esquivar a personas que viven en la calle y de la calle; muchas veces familias enteras que viven de la basura que recogen.

Las consecuencias del pecado
Photo by: Jon Tyson on Unplash

Por otro lado, las Naciones Unidas nos informan que en el mundo se produce 20 % más de la comida necesaria para alimentar a toda la población mundial. Es decir que cada año se desperdicia 20 % de la producción mundial de comida. ¿Esto es así? ¡No! ¡Es peor! ¿Por qué? Porque cada día, más de 800 millones de personas se van a la cama con hambre pues no tienen suficiente comida para alimentarse adecuadamente. Millones de niños mueren por año a causa del hambre y de las enfermedades asociadas a la falta de nutrición. ¡Malgastamos 20 % de la producción mundial de comida y aun así 800 millones de personas padecen de hambre! ¡Dios nos perdone!

Es claro que no es fácil cambiar esa situación, pues intervienen tantos factores y tantos intereses que nos resulta imposible cambiarla rápida y eficazmente. Sin embargo, esta realidad se ha vuelto tan común para nosotros que la miramos con franca indiferencia. Las personas que tendemos que esquivar cuando caminamos por nuestras ciudades y las imágenes de las agencias televisivas que nos inundan en nuestros hogares han producido el efecto de verlas como si fueran de otro planeta; y mientras tanto seguimos con nuestras vidas. Esta realidad refleja claramente las consecuencias del pecado de las que nos habla la Biblia.

Gracias a Dios, las Sociedades Bíblicas Unidas, a través de los distintos proyectos a nivel mundial, están abocadas a entregar la Palabra de Dios a muchos de aquellos desplazados alrededor del mundo. Juntamente con la Palabra, a través de muchos de nuestros proyectos integrales llevamos no únicamente la Palabra de vida, sino también asistencia concreta que ayude a mitigar las apremiantes necesidades de muchas personas.

A lo largo y lo ancho de América Latina, las Sociedades Bíblicas Nacionales desarrollan proyectos de distribución bíblica que incluyen ayudas sociales, distribución de alimentos, programas de alfabetización, distribución de medicinas, etc. Y tantos otros proyectos que a lo largo de los años las Sociedades Bíblicas del mundo han desarrollado para llevar la esperanza a un mundo sin esperanza, y se han asociado a otras organizaciones que también han llevado, pan, medicinas y otros bienes tan necesarios para vivir.

Las Sociedades Bíblicas Unidas tenemos en nuestras manos los instrumentos necesarios para aliviar las consecuencias del pecado, no cejemos en nuestra poderosa misión.

Dios quiera que las palabras de Jesús retumben cada día en nuestros oídos: «De cierto les digo que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron» Mateo 25.40 (RVC).

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