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Los atributos de Dios

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Introducción

Sin duda este es un tema por demás importante. La teología propia, o el estudio de Dios, es el estudio más importante que podemos tener. Tratar de ahondar en las profundidades de un Dios infinito y eterno no es una tarea fácil. A. W. Tozer lo declaró así: «Sea lo que fuera que pienses acerca de Dios es lo más importante acerca de ti». 

Es nuestro conocimiento de Dios lo que en última instancia determina y dirige todo en nuestra vida. Lo que pensemos de Dios definirá lo que somos en realidad. Cuanto más sepamos de Dios, más creceremos como personas y como cristianos. El estudio de Dios está en proporción directa con lo que somos como cristianos y determinará nuestra cosmovisión, es decir, lo que pensamos del mundo, de las personas y de todo en esta vida y en la venidera.

Nuestro conocimiento de Dios es la llave interpretativa de cómo nos vemos a nosotros mismos, cómo vemos el mundo que nos rodea; el conocimiento de Dios es lo que moldea lo que pensamos, cómo sentimos, cómo actuamos, cómo adoramos, cómo vivimos, cómo servimos, cómo empleamos nuestro tiempo. Nuestro conocimiento de Dios incluso moldeará cómo morimos. Claro que la falta de conocimiento de Dios implicará una cosmovisión, un estilo de vida y una vida de iglesia contraria a lo que Dios quiere de nosotros.

Qué son los atributos de Dios

Los atributos de Dios son sus características, los diferentes aspectos de su esencia o naturaleza. La palabra atributos refiere a las cualidades que pertenecen a Dios. Es una característica del carácter de Dios, del ser de Dios. Es quién es Dios y qué es Dios. Los atributos de Dios se refieren al carácter divino, a la naturaleza divina. Son las perfecciones de Dios. Son la esencia de Dios. 

El término perfecciones, derivado de la palabra griega aretás («virtudes») que aparece en 1 Pedro 2:9, funciona mejor que atributos, por cuanto perfecciones especifica que las características de Dios son todas perfectas y distinguen intrínsecamente al Dios que es perfecto.

Para poder comenzar nuestro peregrinaje en el conocimiento de Dios, debemos conocer quién y qué es Dios. 

Cuando nos casamos, conocemos a nuestro cónyuge, pero después de muchos años de matrimonio, nos damos cuenta que apenas lo conocíamos. A medida que vamos conviviendo, nuestro conocimiento se va profundizando, ampliando, ajustando. Y nuestra relación se va profundizando también, y nos acercamos cada vez más. 

Lo mismo sucede en cuanto a nuestro conocimiento de Dios. Cuando somos salvos entramos en una relación que nos permite crecer en el conocimiento de Dios. Ahí empieza. Pero eso es solo el principio, pues ahora crecemos en gracia y conocimiento de nuestro Salvador y Señor Jesucristo. 

Debemos comprender que nuestro conocimiento de Dios es absolutamente limitado; él es infinito, nosotros no. Al estudiar a Dios solo estaremos rascando la superficie. 

Incomunicables y comunicables

La mejor categorización es aquella que distingue los atributos incomunicables de los comunicables. Los atributos incomunicables son aquellas características singulares a Dios (p. ej., su autoexistencia, su inmensidad), mientras que las comunicables son aquellas que pueden transferirse en parte a los seres humanos (p. ej., bondad, rectitud, amor). Esto, claro, es en parte, pues los atributos comunicables de Dios no son completamente como las características humanas, o Dios no sería mayor que el hombre en cada atributo.

Cuáles son las relaciones de los atributos de Dios

  1. Los atributos de Dios son cualidades de toda la Divinidad. Es decir, cada uno de ellos son un reflejo de las tres personas de la Trinidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son coiguales en sus atributos.
  2. Estos atributos son cualidades eternas, permanentes e inmutables de Dios. Ningún atributo puede mejorar o empeorar. Ninguno puede ser ganado o perdido. Siempre han sido parte de la naturaleza de Dios. Esto es importante de entender cuando analizamos el accionar de Dios en el AT y en el NT. Dios siempre ha sido igualmente amor en el AT y en el NT y siempre ha sido igualmente justo en ambos Testamentos. Dios es el mismo Dios, con los mismos atributos desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura. Dios es lo que posee; él es todas sus perfecciones de forma total y completa.
  3. Los atributos están conectados inseparablemente. Ningún atributo divino puede ser separado de otro atributo divino. Cada atributo es parte de un todo. Pensemos en la santidad de Dios; todos los otros atributos están marcados por la santidad de Dios. La ira de Dios es la ira santa. El amor de Dios es el amor santo. La justicia de Dios es la justicia santa. Por otro lado, la integridad de Dios, uno de sus atributos, impide que alguno de sus atributos esté separado de Dios, pues de esa manera no sería íntegro.
  4. Ningún atributo de Dios puede ser considerado como un fragmento. Esto es conocido como la «simplicidad» de Dios, que no quiere decir que Dios es un ser simple. Esto significa que Dios no puede ser dividido en partes. Dios es un ser simple, una unidad que no puede ser dividida en sus partes. No hay «partes» de Dios, él es un único ser, indivisible. Cada atributo que describimos de Dios aplica a la unicidad de Dios. Todos los atributos de Dios funcionan en una suerte de reciprocidad de atributos.

Por qué es importante estudiar los atributos de Dios

  1. Adoración trascendente – Cuanto más alto sea nuestro conocimiento de Dios, más alta será nuestra adoración. Necesitamos una visión de Dios que nos saque el aliento. Es el conocimiento de Dios que evita que la iglesia se sumerja en las trivialidades de la adoración. Es nuestra teología la que impulsa nuestra doxología (la alabanza a Dios).
  2. Humilde forma de vivir – A medida que profundizamos nuestro conocimiento de Dios crece nuestra humildad ante su majestad. Cuando Isaías recibe su llamado y se le otorga una mirada a la gloria de Dios, dice: «¡Ay de mí! Que soy muerto; porque siendo un hombre inmundo de labios… han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos» (Is 6.5). Pablo dijo: «Soy lo que soy por la gracia de Dios». Una más amplia visión de quién es Dios nos ubica en nuestro lugar. 1 Juan 1.6 dice: «Dios es luz, y en él no hay tiniebla alguna». A medida que nos acercamos a la luz, más fácil es que veamos nuestras imperfecciones.
  3. La oración cobra un papel más importante – A medida que crece nuestro conocimiento de Dios —y de nosotros mismos— más nos damos cuenta de nuestra necesidad de orar y descansar en Dios. Cuando vemos qué grande es nuestro Dios más propensos estamos de acercarnos a él en oración.
  4. Madurez espiritual – Cuanto más crecemos en el conocimiento de Dios, más maduro es nuestro caminar con él. El conocimiento de Dios produce piedad. Cuanto más conozco a Dios más me hago como él. «Todos nosotros, que miramos la gloria del Señor a cara descubierta, como en un espejo, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor» (2 Cor 3.18). Poco conocimiento de Dios es como un techo sobre mi madurez espiritual. Nunca podré crecer lo suficiente.
  5. Efectividad en el ministerio – Cuanto más conozco a Dios, más quiero servirle, más quiero contarles a otros sobre Dios, más quiero enseñar a otros sobre Dios.
  6. Estímulo personal – Spurgeon decía: «La soberanía de Dios es la almohada en la que apoyamos nuestra cabeza a la noche». Cuanto más conozco a Dios, más puedo confiar y descansar en Dios. 
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