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«No oigo nada» ─ Biblia, Atahualpa y contexto — Parte 2

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Pachamama y el «Requerimiento»

Juan López de Palacios Rubio, jurista castellano, redactó «El requerimiento» en 1513, por petición directa del monarca Fernando, con el propósito de darle un toque de legalidad a la expropiación de las tierras americanas. Ese mismo año quedó integrado a las Leyes de Burgos. Este documento se remonta hasta la narrativa de la creación, de la institución de la iglesia católica y del Dominus Orbio el señorío universal del papado. Recordemos que, en el contexto de la institución del patronazgo, o sea, de ese maridaje entre el catolicismo medieval y el Imperio, el Vicario de Cristo en apego al «Testamento de Adán» otorga una mitad del mundo a Portugal y la otra a Castilla[1], mediante bulas y cartas patentes[2].

Por Eliseo Pérez Álvarez

El clero ibérico «requiere», por parte de los indígenas, que «libremente» se sometan a la autoridad del rey y a la soberanía del papa. En caso contrario, la guerra justa estará más que justificada. «El requerimiento» se les leía a los árboles, mientras el indio huía, a una distancia razonable antes de abrir fuego, desde los barcos antes de encallar, ante las chozas vacías, de cara a las costas inhabitadas, ante las cosas, si tres indios la escuchaban, ellos eran responsables de la masacre en la toma de posesión de sus mujeres, hijos, y pertenencias. ¡Antes de 1526 se leía sin necesidad de intérprete alguno!,[3]en tanto que era su culpa no hablar castellano.

El caso del arribo de la Biblia a China se cocina aparte. En 1584 algunos chinos visitaron la misión jesuita y se desencantaron al contemplar un mapamundi desplegado.  Este descentralizaba a China, la reducía a una pequeña porción, y dibujaba un mundo que no era cuadrado como el suyo. A los chinos no les aplicaba el «requerimiento» y nunca se puso en tela de duda su humanidad, pues eran recipientes del logos, del alma racional. Luego entonces, Mateo Ricci, el misionero jesuita, no tiene empacho en rehacer el mapa mundial privilegiando a China: Asia ocupará el centro, África y Europa se ubican al margen izquierdo y América en el  derecho.[4]Valverde, en cambio, no se inmuta al saber que el Tahuantinsuyo se considera asimismo el «obligo del mundo». «No modifica el mapa». No reconsidera su declaración de expropiación de la pachamama.

Sin el nombre de «requerimiento», pero también con la política imperialista de la letra, en 1606 James i, otorgó a la Compañía Londinense los derechos de explotación de las colonias inglesas americanas del sur. Supuestamente la inferioridad de la oralidad de los indios americanos lo justificaba. En este tren de ideas tenemos la decisión de John Marshall en el caso McIntosh de 1823, que otorga por escrito a los europeos el derecho a descubrir y, por lo tanto, a la tenencia de la tierra, en tanto que a los indios americanos se les concede únicamente el derecho a la ocupación de las mismas.[5]Los europeos declaraban terrae nullius, tierra de nadie, las no habitadas y las que no poseían escrituras. Ellos viajaban por días sin ver a ningún alma. No se les ocurrió pensar que ellos estaban siendo vistos por los indígenas, quienes tenían por costumbre no dejar rastro alguno por donde pasaban,[6]y que asimismo dejaban registro oral de su historia.

El sacerdote Valverde está frente a un enunciado realizativo. Lo que procede es sencillamente declarar, la toma de posesión de tierras y todo lo habido y por haber en ellas, por la autoridad conferida por la Biblia misma. Aquí también asistimos a un duelo entre la pretendida superioridad del texto escrito en detrimento de la oralidad incaica.

El gran Señor del Tahuantinsuyo no acepta la doctrina cristiana en los términos del «requerimiento», y mucho menos puede ver la misericordia de los reyes de España. Ello no se debió a su analfabetismo, el cual compartía con Pizarro, tampoco tuvo que ver con su cultura oral, la cual era afín con muchas tradiciones bíblicas. Atahualpa «no oye nada», porque el «requerimiento», con la declaración de la guerra justa, era ininteligible desde su contexto ajeno a la «propiedad privada» y al «latifundio». El Inca «no oye nada», porque según él, esos paños blancos mienten, esos manchones de tinta no son superiores a su cultura oral.

El desencuentro cajamarquino, además, nos confronta con dos perspectivas opuestas de entender la tierra. En 1496, Bartolomé, el hermano de Colón, mandó al crematorio a seis indios haitianos sacrílegos. Su pecado mortal fue el de enterrar algunos dibujos de Jesús y de la Virgen María. Lo que buscaban los indígenas era ¡bendecir sus campos a fin de obtener una mejor cosecha![7]

El Inca «no oye nada», como aquel indio de Cenú que años antes, en relación con la donación papal de su tierra al monarca castellano, expresara: «…el papa debía estar borracho cuando lo hizo, pues daba lo que no era suyo, y que el rey, que pedía y tomaba la merced, debía ser un loco, pues pedía lo que era de otros».[8]

La resistencia por defender la tierra de cualquier tipo de «requerimientos» o de enunciados realizativos duró 40 años desde la trinchera impenetrable de Vilcabamba, pero se puede trazar a través de los siglos. Este es el caso de Juana Azurduy de Tarabuco y sus correrías en 1816. Cambió sus catecismos y su vida monjil en el convento de Chuquisaca, por el cargo de teniente coronel de los ejércitos guerrilleros de la independencia:

De sus cuatro hijos solo vive el que fue parido en plena batalla, entre truenos de caballos y cañones; y la cabeza del marido está clavada en lo alto de una pica española. Juana cabalga en las montañas, al frente de los hombres. Su chal celeste flamea a los vientos. Un puño estruja las riendas y el otro parte cuellos con la espada.  Todo lo que come se convierte en valentía. Los indios no la llaman Juana. La llaman Pachamama, la llaman tierra.[9]

Eucaristía, comestibles y bebestibles

Antes de partir de Panamá, de cara a la conquista del Perú, Pizarro y Almagro participan de la eucaristía de manos del padre Hernando de Luque. Demandan los nutrientes celestiales para la conquista terrenal,[10]pero de igual forma sellan con el sacramento su juramento de repartirse el botín por partes iguales. Pizarro faltará a su palabra al degollar a Almagro en ataque trapero.

Nuevamente estamos ante el mueble de la mesa. Ahora Pizarro invita a cenar[11]a Atahualpa, en el alto valle de Cajamarca, en el «lugar de hielo», según los incas; en «el demonio de los Andes», de acuerdo con los españoles.

Como es digno de un comensal divino, el Soberano viene acompañado de un cortejo pomposo, lo más granado de la sociedad inca: clero, oficiales militares, consejeros, nobleza. Por encima de todo, observan su código de honor: presentarse desarmados.

El cronista indígena afirma[12]que Atahualpa tiró la Biblia al suelo porque anteriormente, los hombres de Pizarro habían derramado la cerveza de maíz o chicha, la bebida tenida en alta estima hasta la fecha, y que el mismo Atahualpa les ofreció. Todavía el andino del siglo xxiderrama la chicha, pero no en señal de desprecio sino para honrar el rito del «pago a la tierra»:

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La Pachamama sabe parir, las papas paren, las semillas le entregamos y eso paren, Pidiendo a Dios le entregamos la semilla… En agosto vive del primero al se… Sí recibe despachos. Vino y trago para su ceremonia de derramar licor, eso quiere la Pachamama… El despacho tiene que contener huiracoya, sebo, cañihua, incienso, azúcar, feto de vicuña, feto de vizcacha, en lana de vicuña.[13]

Se hacen necesarios un par de ejemplos de orden gastronómico, que ilustren mejor el asunto del desprecio europeo por los comestibles y bebestibles de otras culturas, todo ello en el nombre del Texto sagrado. Martín Lutero, en sus Charlas de sobremesa, exhibe su falta de sensibilidad para cocinas diferentes de la suya:

  • Pregunta:  ¿Es legítimo usar otro bebestible, diferente del vino de uva?
  • Respuesta: No. No se debe usar, sino solo vino. Si una persona no puede tolerar el vino, omitan el sacramento, a fin de que no se introduzca ninguna innovación.[14]

Bartolomé de Ledesma (1525-1604) enseñaba en la Universidad Pontificia de México que la comunión debía celebrarse exclusivamente: «con pan de trigo y vino de vides europeas; no de indios».[15]

Un catecismo venezolano del siglo xvi igualmente impone su dieta a otros pueblos:

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  • ¿Qué cosa es la Eucaristía?

Son las especies de pan y vino consagradas, que contienen en sí el verdadero cuerpo y sangre de Cristo.

  • ¿De qué materia se hace la consagración de estas especies?

De verdadero pan, hecho de harina de trigo y agua, y de verdadero vino de uvas.[16]

Francisco de Jerez, el notario y cronista oficial de Pizarro, lo escribe con todas las letras:

[Los españoles] se alimentan a sí mismos con el sustento bestial de aquellos quienes nunca han oído ni del pan ni del vino, es decir, que toleran las hierbas, las raíces y los frutos, y aún así, han conquistado lo que el mundo entero conoce.[17]

La bestialidad indígena, según la pluma europea, proviene entonces tanto de la comida inferior como del analfabetismo: «estos hombrecillos en quienes escasamente encontrarás rastros de humanidad, quienes no solamente carecen de cultura, sino que ni siquiera saben escribir».[18]

Atahualpa no se deja impresionar por la escritura: arroja la Biblia al suelo, como los españoles habían arrojado al suelo la bebida sagrada de los incas, y de la misma manera que la predicación del clero europeo había arrojado al suelo todos los festivales agrícolas, pues lo que les importaba era la transición de una economía agrícola a una minera. La adopción de la moneda coadyuvó asimismo al control de los indígenas y al desplazamiento de la comida autóctona por la importada. A pesar de ello, el culto inca a Pachamama, a la madre tierra, está vigente hasta el día de hoy:

En el altiplano andino, mama es la Virgen y mama son la tierra y el tiempo.

Se enoja la tierra, la madre tierra, la Pachamama, si alguien bebe sin convidarla.  Cuando ella tiene mucha sed, rompe la vasija y la derrama.

A ella se ofrece la placenta del recién nacido, enterrándola entre las flores, para que viva el niño; y para que viva el amor, los amantes entierran cabellos anudados.

La diosa tierra recoge en sus brazos a los cansados y a los rotos, que de ella han brotado, y se abre para darles refugio al fin del viaje. Desde abajo de la tierra, los muertos florecen.[19]

La conquista alimentaria se hace patente en el dicho: «hacer su agosto». Ello se refiere a la Europa que recogía toda la cosecha de trigo y uvas que podía en el mes de agosto, para hacer provisiones para el invierno y el año entero. Pero ello niega la realidad, por ejemplo, caribeña, donde se levantan dos cosechas y media anuales de algunos productos. Por siglos los conquistadores prohibieron infinidad de cultivos básicos, a fin de concentrarse en lo que lucraba: caña de azúcar, café, algodón… La reducción de Pachamamaa pura materia prima, para ser explotada, terminó por crear una población hambrienta y una tierra agotada, semejante a la experiencia africana narrada por Desmond Tutu:

Llegaron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y dijeron: «cierren sus ojos y oremos». Y cuando abrimos nuestros ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.[20]

La pachamama, la gran madre, no es para ser exprimida; es para ser alimentada, hay una continuidad entre los seres vivos y ella, se da una unión mística eucarística con ella.  Sabemos de una iglesia metodista de los Andes que cada vez que comulga, vierte unas gotas del vino consagrado en la tierra, pues Jesús también murió por ella.

La consigna de Pizarro no es celebrar una cena amistosa. Tampoco se trata de comunicar el mensaje bíblico. La cena-emboscada persigue el despojo a través de la intimidación del requerimiento. El extremeño toma a Atahualpa de rehén, y este persiste en «no escuchar el texto de la realidad». En su celda, se cuela el canto de un gallo: «Hasta las aves saben mi nombre de Atahualpa».[21]Pizarro le exige oro y a cambio recibe estas palabras: «¿Pero, acaso tú ignoras que de mi voluntad depende todo, que la plata y el oro a mi mandato están subordinados?».[22]Allí mismo confinado, Atahualpa saborea la superioridad de la medicina indígena. El Inca padece una fiebre altísima, los médicos de Pizarro se declaran incompetentes. En cambio, los hampicamayocsandinos le toman el pulso en lo alto de la nariz, le preparan el potaje adecuado y Atahualpa se pone en pie.

En prisión, se entera de que su ejército hace prisionero a su medio hermano Huáscar. En lugar de liberarlo y negociar con él, manda sus hombres a Antamarca para ejecutarlo, haciéndose más odioso ante su pueblo. Prefiere transar con el de las barbas bermejas entregándole a su hermana Quispe Sisa,[23]la cual le hacía una visita solidaria. Asimismo, manda recoger tesoros de sus palacios. Llena un cuarto de oro (88 mts3) para su rescate,[24]calculado en unos 6000 kgs. de oro de 22 kilates, y 12 000 kgs. de plata. El xiiInca peca de ingenuo, como Moctezuma, el soberano azteca, que al llenar de oro a Hernán Cortés, lo que hace es avivarle más el apetito por el material precioso: «Se les puso risueña la cara, se alegraron mucho, estaban deleitándose. Como si fueran monos levantaban el oro… y se les iluminaba el corazón… Eso anhelan con gran sed… tienen hambre furiosa de oro. Como unos puercos hambrientos ansían el oro».[25]

Pizarro, amamantado de niño por una puerca y pastor de una piara de cerdos, expósito arrojado a la puerta de una iglesia en Extremadura,[26]cuando un misionero le echa en cara su poco interés por la evangelización, rezonga: «No vine a eso; vine por el oro».[27]

Lutero, Ledesma, el autor del catecismo venezolano, y Jeréz despreciaron los bebestibles propios de otros entornos cometiendo con ello un acto de violencia a otras culturas, en el nombre de la Biblia. Juan de Espinosa Medrano, apodado «lunarejo» por su mar de lunares, en 1670 mostró lo que es honrar la cultura inca india y mestiza. De madre indígena, heredó el quechua y de su padre el castellano. Un día, en la Catedral del Cuzco, le cerraron la entrada a una anciana descalza, «¡Dejen entrar a esa india, que es mi madre!» tronó Lunarejo desde el púlpito. En su exégesis de la parábola del hijo pródigo anotó: «el Diablo es un latifundista peruano, el vino es chicha y el bíblico becerro, un chancho gordo».[28]

Cuerpo y apolinarismo

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¿Cómo hacer justicia a la enseñanza de la Biblia desde la encrucijada de dos contextos antagónicos en lo referente a la idea del cuerpo humano?

A Atahualpa no lo deslumbró el texto bíblico que portaban los españoles. Quizá lo arroja al suelo porque, en el fondo, quería hacer lo mismo con Pizarro y sus acompañantes debido al picor de la pestilencia de sus cuerpos. En parte dudó de que fueran viracochas, seres divinos, por el hecho de no bañarse jamás, de andar harapientos y de cubrir siempre sus cuerpos.

La Biblia arribó a las Américas mediada por un cristianismo español que no tomó en serio la nueva realidad histórico-social. El docetismo, gnosticismo, platonismo y apolinarismo son enseñanzas que tienen en común privilegiar al espíritu en detrimento de lo material. La evangelización del africano y del indígena se orientaba hacia sus almas; sin ninguna correlación con su redención corporal. En muchos casos, Jesucristo es sin más un mero libertador metafísico. En este sentido viene a cuento la experiencia de los afro-americanos del sur de los Estados Unidos, en respuesta al discurso misionero protestante que bautizaba la esclavitud, Biblia en mano:

  • ¿Están obligados los siervos a obedecer a sus amos?

Sí, la Biblia exhorta a los siervos a obedecer a sus amos y a complacerlos en todo […]

  • ¿Si el amo no es razonable, puede desobedecerlo el siervo?

No, la Biblia dice: «Siervos, obedezcan con temor a sus amos, no solo el bueno y el amable, también el presuntuoso».

  • Si los siervos sufren injusticias ¿qué deben hacer?

Deben soportarlas pacientemente.[29]

No es de extrañarnos, entonces, que en 1833 hayan repudiado al predicador Charles Jones:

Estaba predicando a una gran congregación sobre la Epístola de Filemón, y cuando insistí en la fidelidad y la obediencia como virtudes cristianas de los siervos, y cuando, siguiendo la autoridad de Pablo, condené las fugas, la mitad de los que me escuchaban se levantó deliberadamente y se fue, y los que se quedaron no parecían nada satisfechos con el predicador o con su doctrina. Cuando los despedí, no se quedaron tranquilos; algunos declararon solemnemente que «no existía esa epístola en la Biblia», otros  «que no les interesaba» volver a escuchar otro sermón mío.[30]

Huayna Cápac, el padre de Atahualpa, había oído algo de ciertos barbudos rubicundos que merodeaban esas tierras, pero no pasó de ahí. Pizarro, en cambio, conocía de las divisiones de los incas, de sus creencias y de sus riquezas, mucho antes de pisar suelo andino. Sabía que su dios Viracocha, «el creador de todas las cosas», tiempo atrás se internó en el mar prometiéndoles regresar durante el cacicazgo del xiiInca, Atahualpa. Pizarro oyó algunos incas llamarlos de «viracochas», divinos, y ahora el regalo de Quispe Sisa, la hermana de Atahualpa, de sangre real, venía a confirmar su linaje divino ante el pueblo.  Atahualpa y su séquito eran asimismo considerados divinos. Los gobernantes incas eran embalsamados y se les rendía culto a sus momias. En cierto sentido la presencia de los viracochas le caía bien al Inca, pues era señal de buen augurio al inicio de su gobierno.

Aquí asistimos a la entrada triunfal a Cajamarca. 300 o 400 hombres le abren paso por la calzada, unos barriendo, otros danzando y cantando. El xiiInca es transportado en una regia litera de oro cargada por 80 hombres, sentado en una silla de oro con incrustaciones de esmeralda verde, con accesorios áureos para su cabello y collar de esmeraldas, su atavío lujoso refuerza su origen celestial. Sus segundas esposas se tragan el cabello que le cortan y el que se le cae, debido al temor de algún conjuro contra el Señor de «la tierra de los cuatro rumbos del mundo». Hacen lo mismo con sus uñas cortadas. Vierte sus escupitajos en la mano de sus concubinas quienes lo ingieren como señal de su majestuosidad.[31]Solo sus más allegados pueden dirigirle la palabra y servir de intermediarios con el pueblo. Lo mismo se aplica con la mirada, el pueblo mantiene su cabeza gacha cuando el Hijo del Sol se aproxima.

Pizarro observa que solo la élite inca posee el derecho divino de masticar unas hojas secas: la coca. Las clases bajas solo tenían acceso a ella en ocasiones especiales. En su momento los españoles la socializarán, pero con el fin de incrementar el rendimiento indígena y economizar en alimento.

El inca promedio no tuvo empacho de divinizar no solo a su cacique y a su corte, sino que lo hizo extensivo a los españoles. Ello contrasta con la diabolización del indio por parte del europeo.

De acuerdo con el padre José de Acosta, el indio es «una mezcla de hombre y de fiera»;[32]de ahí se seguía que el misionero trabajara con su humanidad, y el soldado con su animalidad. Para la cultura quechua la virginidad femenina premarital no era esencial, para José de Acosta eso era una señal de  —bruta animalia;eso confirmaba su ser de «animales irracionales». La demonización del indio y su cultura justificó, de igual modo, la negación al sacerdocio a los nativos: «…tampoco se admitirá a las órdenes a indios ni mestizos, tanto descendientes de indios como de moros en primer grado, ni a mulatos en el mismo grado».[33]

Los indígenas fueron admitidos al sacerdocio hacia el siglo xviia pesar de que su supuesta incompetencia fue refutada desde temprano.

El inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), de padre español y madre india inca, elaboró un alegato en el sentido de que tanto el cristianismo como la religión inca del sol, son religiones de luz. No obstante, se impuso la «leyenda negra» contra los indios.

Tiempo y origen

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En muchos de nuestros templos, cuando se lee la Biblia decimos: «por respeto a la Palabra de Dios, pongámonos en pie». Asimismo, «por respeto a la Biblia» honremos el entorno temporal desde el cual exponemos la Escritura. Nuestra lectura de la Biblia ha de ser original, en el sentido de que hemos de tomar en cuenta el tiempo y lugar de origen desde donde la interpretamos. Originalidad dice relación a abordar los temas, problemas, desafíos, sueños de nuestra propia generación.

En este caso, honramos nuestro tiempo de origen desde donde interpretamos la Biblia, cuando no lo vemos como una prolongación o un eco «ni del mundo del misionero ni inclusive del mundo judeo-greco-romano bíblico».  No ha habido «respeto a la Biblia» todas las veces que no se ha honrado el tiempo de origen de los misionados.

Nuestra percepción del tiempo difiere en cada cultura. Cada una tiene su propio marco temporal, su propia cadencia. Para los cazadores de oro «el tiempo apremia», «el tiempo es oro»; para el mundo indígena el tiempo es cíclico, es para ser disfrutado, es sagrado. Así tenemos el reclamo del tupinambá del Brasil ante Jean de Lery (1534-1613):

En verdad, veo que ustedes son unos grandes locos, pues atraviesan el mar y sufren grandes problemas, como dicen cuando llegan aquí. Y al fin trabajan tanto para amontonar riquezas para sus hijos y parientes. ¿La tierra que los alimentó a ustedes no será capaz de alimentarlos también a ellos? Nosotros tenemos padres, madres e hijos a quienes amamos. Pero estamos seguros de que, después de nuestra muerte, la tierra que nos sustentó los sustentará a ellos también, y por eso descansamos sin mayores preocupaciones.[34]

Las distintas maneras de concebir el tiempo llevaron por ejemplo a que los mayas repudiaran la misa dominical católica por entorpecer el ritmo agrícola. Tiempo y sustento siguen unidos hoy en día en personas como Gregorio Condori. Este pastor de ovejas, soldado y cargador del Cuzco, en 1975 medía el tiempo con el pan. Él narra la historia del Perú en estos términos: «cuando cinco piezas grandes de pan de puro trigo costaban un real, y tres costaban medio real, Odría recibió la presidencia de Bustamante».[35]

Pizarro cuenta los minutos para apresar a Atahualpa. Ha esperado por décadas ese momento para enriquecerse. El Inca, siguiendo la cadencia de su tiempo, llega varios días «tarde» a la cena pactada.

«¡Vengan aquí, soldados, estos indios infieles están en contra de nuestra fe!»

 El padre Vicente Valverde puso entre paréntesis el que el pueblo inca no estaba inserto en la cultura del libro del renacimiento europeo; el que existían barreras lingüísticas o culturales entre ellos y los ibéricos; el que los andinos no eran una tabula rasade todo elemento religioso. El clero lusitano-español no problematizó el contexto americano, sino que lo recreó a imagen y semejanza del suyo.

El clero español del siglo xvi no tuvo ojos para ver que en las teologías inca y azteca la serpiente era un animal sagrado, por vivir al ras de Pachamama, Amaruo la serpiente es un ser privilegiado. Tampoco cayeron en la cuenta que, a diferencia de la diabolización en el cristianismo occidental de las personas zurdas, la cultura inca consideraba la zurdez o zurdera como señal de buena fortuna. En 1614, el arzobispo de Lima ordenó echar al fuego todas las quenas y todo instrumento musical indígena, y condenó todas sus danzas, canciones  y ceremonias para que el demonio no pueda continuar ejerciendo sus engaños: «No deberá consentirse que ni en dialecto local ni en lengua general se celebren danzas, cantos ni taquies».[36]

Valverde echa mano de un enunciado realizativo.Con la Biblia en una mano y con un crucifijo en la otra, como ejecutando un exorcismo de un pueblo poseso por Satanás, el fraile simplemente declarará la legítima apropiación española de todos los bienes indígenas: «¡Vengan aquí, soldados, estos indios infieles están en contra de nuestra fe!».

El desenlace ya se advierte a estas alturas: el soberano del Tahuantinsuyo muere por el sacrilegio de arrojar la Biblia al suelo. A fin de salvar su destino eterno y de librar la hoguera, le extienden la gracia del bautismo y con ello una muerte «más dulce». Para la cultura inca el ser quemado es ominoso. Vía el forzoso mimetismo onomástico se le da un nombre cristiano: ¡Francisco! Con el torniquete de hierro lo desnucan y envían su cabeza a España.[37]

Francisco Pizarro, a su vez, se convierte en uno de los hombres más ricos del orbe.  Durante su entrevista con Carlos v para negociar la invasión del Perú, Pizarro pasa largas horas con Cortés, el cual estaba con el emperador cuadrando cuentas del botín de México.  La masacre cajamarquina sigue a pie juntillas la estrategia bélica diseñada por Cortés.  Carlos v le otorga a Pizarro el título de gobernador y marqués, juntamente con el hábito de «La Orden de Santiago». El extremeño no olvida pagar favores: Vicente Valverde, de capellán militar dominico pasa a la púrpura como Primer obispo comisionado a Cuzco.[38]Los ibéricos vencieron pero no con-vencieron a los incas.

En el siglo xix, el pintor Luis Montero retoca la historia. En su óleo «funerales para Atahualpa» registra un sepelio sobrio. El Soberano de los Andes descansa dulcemente con su escolta de soldados de ultramar. En el otro extremo están las mujeres incas que lo reclaman, pero el clero las mantiene a raya. La resistencia indígena de 40 años ininterrumpidos no fue invitada.[39]El pintor borra asimismo la sed libertaria permanente:

En 1572, cuando los españoles cortaron la cabeza de Túpac Amaru [serpiente resplandeciente], último rey de la dinastía de los incas, nació un mito entre los indios del Perú. El mito anunciaba que la cabeza se juntaría con el cuerpo. Dos siglos después, el mito volvió a la realidad de la que provenía y la profecía se hizo historia: José Gabriel Condorcanqui tomó el nombre de Túpac Amaru y encabezó la mayor sublevación indígena de todos los tiempos. La cabeza cortada se encontró con el cuerpo.[40]

Las preguntas obligadas para nuestros días serían entonces: ¿Cómo hacer pertinente el mensaje de la Biblia si somos apáticos con el contexto cultural de los misionados?  ¿Cómo no reconocer al otro y a la otra, al diferente, como a un coigual, como a un semejante, en un plano de respeto? ¿Por qué no tender puentes de entendimiento con el contexto receptor de la Biblia, en lugar de satanizarlo: «todo lo demás es cosa de burla»?

Si somos sensibles al mundo del prójimo, comprenderemos mejor la resistencia contemporánea que, por ejemplo, encontró Juan Pablo II en su visita a Perú en 1985, cuando en nombre del aimara y de los más de 10 millones de quechua-hablantes le espetaron:

Nosotros, los indios de los Andes y de América, hemos decidido aprovechar la visita de Juan Pablo II para devolverle su Biblia, porque, en cinco siglos, esta no nos ha dado amor ni paz ni justicia. Por favor, tome de nuevo su Biblia y devuélvasela a nuestros opresores, pues ellos tienen más necesidad que nosotros de sus preceptos morales. Porque, desde la llegada de Cristóbal Colón, se impuso a América por la fuerza una cultura, una lengua y unos valores propios de Europa.[41]

Por respeto a la Biblia honremos nuestro contexto. Atahualpa y Pizarro siguen ¡vivitos y coleteando!

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Bibliografía

[1]bulas Dudum cum ad nos (1436), Rex Regum (1443), Divino amore communiti (1452), Ramanus Pontifex (1455),  Inter Caetera  (1493) y Dudum siquidem.

[2]Con el correr del tiempo, se patentizaron aún las ideas o la «propiedad intelectual»: Estatuto de Monopolios Británico (1623); Sistema de Patentes Industriales (1883). De 1791-1999 únicamente en  EUA se registraron 6 millones de patentes y 3 millones más estaban esperando su «legalización». Se calcula que para el año 2005 se tendrán  un billón de dólares anuales de ingresos por este concepto. Cf. Jorge Riechmann. Qué son los alimentos transgénicos; ¿Cómo va a influir en la economía mundial? ¿Cuáles son los riesgos para la salud humana? ¿Para qué se producen? (Barcelona: Integral, 2002), p. 56.

[3]Francisco Morales Padrón. Teoría y leyes de la Conquista (Madrid: Ediciones Cultura Hispánica del Centro Iberoamericano de Cooperación, 1979), caps. iy vii.

[4]Walter D. Mignolo, The Darker Side, 219 ss.

[5]Johnson v. McIntosh, 21 U.S. (Wheat.) 543, 5 L. Ed. 681 (1823), Citado por Clara Sue Kidwell et. al., p.133.

[6]Kidwell, Noley y Tinker, p. 131.

[7]Eduardo Galeano, We Say No: Chronicles 1963-1991 (New York: W.W. Norton & Company, 1992), p. 179.

[8]Las Casas, H.I., 1. 3, c. 63, t. 3, p. 45.  Citado por Rivera Pagán,  Evangelización y violencia; la conquista de América (San Juan: CEMI, 1991), p. 55.

[9]Eduardo Galeano, Mujeres (México: La Jornada Ediciones, 1996),p. 86.

[10]Cartas y testamento de Cristobal Colón (Madrid: Prelado, Paez, 1921), p. 53.

[11]Virgilio Roel Pineda, Cultura peruana e historia de los incas (México: Fondo de Cultura Económica, 2001), p. 541.

[12]Titu Cusi Yupanqui, 15,17.

[13]Manuel M. Marzal, “La religión quechua surandina peruana”, en Manuel M. Marzal et. al. (eds.), El rostro indio de Dios (Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 1991), p. 211.

[14]Theodore G. Tapper (ed.) Luther‘s Works 54. Table Talk (Philadelphia: Fortress Press, 1967), p.5509 (438).

[15]Maximiliano Salinas Campos. Gracias a Dios que comí: el cristianismo en Iberoamérica y el Caribe s. XCI-XX (México: Dabar, 2000), p.144.

[16]Manuel Gutiérrez de Arce, Apéndice a El Sínodo Diocesano de Santiago de león de Cracas 1687 (Academia Nacional de Historia, 1975, v. 125), p.58.

[17]Jerez, Verdadera relación de la conquista del Perú, pp. 59-60.

[18]Juan Ginés de Sepúlveda, Democrates Segundo, o de las Justas causas de la Guerra contra los indios (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1951), pp.78-79. Citado por Patricia Seed, 18.

[19]Galeano, Mujeres, 83.

[20]John W. de Gruchy, Liberating Reformed Theology: A South African Contribution to an Ecumenical Debate, Grand Rapids – Cape Town: Eerdmans – David Philip Publishers, 1991, 48.

[21]El Reverso, 165.

[22]El Reverso, 178.

[23]Álvaro Vargas Llosa. La mestiza de Pizarro (Madrid: Aguilar, 2003).

[24]Entre 1503-1660 llegaron a España 16 millones de kilogramos de plata y 185 mil kilogramos de oro de las Américas. Cf. Luciano PereñaGenocidio en América (Madrid: 1992), p.32, Citado por Salinas, p. 48.

[25]Historia general de las cosas de Nueva España, 1.12, c.12, 770. Citado por Rivera Pagán, Evangelización y violencia, p. 428.

[26]Por ser él mismo hijo «natural», quizá se apresuró a reconocer a sus dos hijos mestizos, Francisca y Gonzalo.

[27]Archivo General de Simancas, sección de Estado, leg. 892, fol. 197, citado en M. Catoya, La iglesia indiana, un anhelo en gestación(Montevideo: mimeografiado,1991), p. 18. Citado a su vez por Boff, Quinientos años de evangelización; de la conquista espiritual a la liberación integral (Santander: Sal Terrae, 1992), p. 50.

[28]José Juan Arrom, El teatro hispanoamericno en la época colonial (La Habana: Anuario Bibliográfico Cubano, 1956). Citado por Eduardo Galeano, Memoria del fuego; I. Los nacimientos (México: Siglo XXI, 2002),pp. 284-285.

[29]Gilbert Osofksy (comp.), Puttin’ on Ole Massa: The Slave Narratives of Henry Bibb, William Well, and Solomon Northrup (New York: Harper & Row, 1969), pp. 32-33.

[30]Albert Raboteau, Slave Religion: The “Invisible Institution” of the Antebellum South (New York: Oxford University Press, 1978), p. 294. Citado por James C. Scott, Los dominados y el arte de la resistencia (México: Era, 2000), p. 146.

[31]Bernardo Ellefsen, Matrimonio y sexo en el Incario(Cochabamba: Los amigos del libro, 1989), p. 133.

[32]De procuranda indorum salute, o la predicación del evangelio en las Indias Libro II, c. xii(Madrid: Biblioteca de Autores Españoles, 1954), p. 490, Citado por Leonardo Boff, La nueva evangelización; perspectiva de los oprimidos (Santander: Sal Terrae, 1991), p. 137.

[33]J. L. Llaguno, A evangelização nos Concílios Mexicanos, en P. Suess (ed), Queimada e semeadura. Da conquista espiritual ao descobrimento de uma nova evangelização(Petrópolis, 1998), pp. 57-75.  500 años, 76 1584, III Concilio Provincial de México, 1583, III Concilio de Lima, hasta la segunda mitad s. xviii.

[34]Jean de Lery, Viagem a terra do Brasil (Río de Janeiro: 1961), pp. 153-54. Citado por Salinas, p.47.

[35]Gregorio Condori Mamani, De nosotros, los runas, testimonios recolectados por Ricardo Valderrama y Carmen Escalante (Madrid: Alfaguara, 1983). Citado por Eduardo Galeano, Memory of Fire: Century of the Wind (New York: W.W. Norton & Company, 1988), p.224.  

[36]Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, Historia de la villa imperial de Potosí (Providende: Brown University, 1965). Citado por Eduardo Galeano, Memoria del fuego, p. 210.

[37]Ossio, p.189. Cf. además: Felipe Cossío del Pomar, El mundo de los incas (México: Fondo de Cultura Económica, 1975).

[38]H. McKennie Goodpasture, Cross and Sword: An Eyewitness History of Christianity in Latin America (Maryknoll: Orbis, 1995), p. 16.

[39]Roberto Miró Quesada, “Los Funerales de Atahualpa”, en Pueblo indio5 (1984) Lima: 46.

[40]Eduardo Galeano, Ser como ellos,p. 8.

[41]Evangelización y liberación (Buenos Aires, 1986), pp. 56-57, Citado por Boff, La nueva evangelización,p. 17.

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255 ¿Quién es el primero?

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331 Cómo resucitarán los muertos

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