Obedeciendo la voluntad de Dios: lecciones de la historia de Jonás

Obedeciendo la voluntad de Dios: lecciones de la historia de Jonás

La historia de Jonás es un relato impactante que destaca la gracia redentora de Dios y la oportunidad de cambio incluso después de un fracaso aparente. La experiencia de Jonás nos enseña que el fracaso en obedecer a Dios no tiene por qué ser definitivo y que la misericordia divina ofrece segundas oportunidades.

  1. La primera oportunidad perdida: Jonás huye. Jonás, inicialmente, desobedece el llamado de Dios para ir a Nínive y proclamar el juicio divino. En su desobediencia, huye en dirección opuesta, hacia Tarsis. Este acto de rebeldía ilustra la realidad de nuestras propias elecciones erróneas y que no siempre obedecemos la voluntad de Dios para nuestra vida.
    1. El precio de la desobediencia: la huida de Jonás resulta en una serie de eventos adversos. Se une a la tripulación de un barco que lo llevaría lejos de la voluntad de Dios —al menos eso es lo que Jonás pensaba. «Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová (como si eso fuera posible)» (Jonás 1.3).
      En medio de la travesía, una gran tormenta se desata, hasta que confiesa al resto de los tripulantes que aquella tormenta era por su causa. «Yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre ustedes» (Jonás 1.12).Finalmente, es arrojado al mar en medio de la tormenta y es tragado por un gran pez. «Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches» (Jonás 1.17). Este período en las entrañas del pez lo hace reflexionar sobre las consecuencias inevitables de nuestras decisiones rebeldes. Sin embargo, aun en medio de la desobediencia, Dios ya está obrando para redimir a Jonás y cumplir su voluntad en él.
  2. La segunda oportunidad para obedecer: el segundo llamado de Dios a Jonás. Aun en el vientre del gran pez, Jonás ora a Dios, y dice: «Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó…Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo» (Jonás 2.1, 7). Después de la experiencia en el vientre del pez, Dios, en su inquebrantable amor y misericordia, le da a Jonás una segunda oportunidad. El llamado divino se repite, demostrando que la gracia de Dios no se agota por nuestros errores y fracasos… y que su plan no cambia. «Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré» (Jonás 2.1).
    1. La gracia redentora: la segunda oportunidad revela la naturaleza redentora de Dios. Aunque merecemos el juicio, Dios elige restaurarnos a una nueva relación con él. Este tema de gracia redentora se extiende desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, encontrando su culminación en la obra redentora de Jesucristo en la cruz.
  3. Nínive y la transformación a través de la Palabra de Dios. Jonás obedece esta vez y proclama el mensaje de Dios en Nínive. La respuesta de la ciudad es asombrosa, mostrando cómo la Palabra de Dios tiene el poder de transformar incluso a aquellos considerados inicialmente como quienes están lejos de Dios y son rebeldes a él.
    1. El poder transformador de la Palabra: esta experiencia en Nínive anticipa la eficacia transformadora de la Palabra de Dios proclamada en el Nuevo Testamento. En el evangelio, vemos cómo la predicación de Jesús y los apóstoles lleva a la transformación de vidas y comunidades enteras.
  4. La relevancia de la historia de Jonás: la historia de Jonás no es solo un relato antiguo, sino una lección atemporal para todos los creyentes. La segunda oportunidad ofrecida a Jonás nos desafía a examinar nuestras propias vidas y a abrazar la gracia redentora de Dios.
    1. La importancia de la rendición: Jonás experimentó una transformación no solo en su entorno, sino en su propio corazón al rendirse a la voluntad de Dios. Este acto de rendición es esencial para nosotros hoy, ya que enfrentamos nuestras propias luchas y decisiones difíciles.
    2. La continua gracia de Dios: la historia de Jonás también destaca que la gracia de Dios no es un evento único, sino un fluir constante. Dios continúa ofreciendo segundas oportunidades —y terceras, y cuartas, etc.—, recordándonos que su amor es inagotable y su deseo de restauración persiste.
  5. Obedeciendo la voluntad de Dios para nuestra vida: la historia de Jonás es, sin duda, una gran historia aleccionadora… pero es mucho más que eso. Debemos comprender que Dios tiene un plan para nuestra vida y nos ha dejado su revelación escrita para que sepamos hacia dónde debemos ir. Sin duda que todos tenemos parte en el plan general de Dios y que cada uno de nosotros está en la mente de Dios para cumplir parte de ese plan. Es nuestra responsabilidad y privilegio conocer la Palabra de Dios revelada, aplicarla a nuestra vida, y buscar en oración qué quiere hacer Dios por medio de nosotros, para su gloria y honra. La Biblia nos enseña que cada uno de nosotros tiene al menos un don espiritual, por lo que conocer ese don y ponerlo en práctica seguramente será parte de ese plan personal de Dios para nosotros. El apóstol Pablo no deja ninguna duda con respecto a los dones espirituales. Romanos 12, 1 Corintios 12 y Efesios 4 hablan claramente sobre los dones espirituales, y es en 1 Corintios 12.7 donde dice que: «a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho». Averigüemos qué don tenemos, desarrollémoslo a través de la Palabra de Dios y el Espíritu Santo, y usémoslo para cumplir la voluntad de Dios para nuestra vida.

La historia de Jonás nos invita a reflexionar sobre nuestras propias experiencias de fracaso y desobediencia, recordándonos que la misericordia de Dios siempre ofrece una segunda oportunidad. Al mirar hacia adelante con esperanza y rendición, podemos abrazar la gracia redentora que transforma vidas y restaura nuestra relación con el Dios que nunca deja de buscarnos. Y cumplir así su voluntad en nuestra vida.

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