Obsequios para esta Navidad

La Navidad se ha convertido en un tiempo de dar y recibir obsequios. Los niños esperan a Papá Noel, San Nicolás, Santa Claus o como prefieran llamarlo, llegando a hurtadillas, sin que nadie lo pueda ver ni oír. Ansiosos, creen escuchar los cascabeles de los renos sobrevolando la casa. En cierto momento —que puede variar de país en país—, todos los niños corren hasta el árbol de Navidad, que ya guarda los obsequios para cada uno. Los mayores también recibimos obsequios del dadivoso Papá Noel. Todos recibimos obsequios. O, mejor dicho, muchos recibimos obsequios. Muchos niños de alrededor del mundo parecen haber sido olvidados por Papá Noel. Parece ser que la llegada de Papá Noel es directamente proporcional a las posibilidades económicas de los padres. ¡Vaya a saber por qué!

Evidentemente, la Navidad se desvirtuó. Sin embargo, hoy quisiera hablar de un Papá mucho más dadivoso que Papá Noel. El Papá del que quiero hablar no inventó la Navidad ni mucho menos en lo que esta se convirtió. Él fue el protagonista de la Navidad.

Dios, hace dos mil años, envió a su único Hijo, Jesucristo, para salvar a la humanidad. Lo hizo porque tenía un número de regalos para todos, pobres y ricos. Sin excepción. Recibe y abre los regalos que Dios tiene para ti.

El regalo de su Gracia — A través del profeta Oseas, Dios nos presenta su primer regalo: «Yo sanaré su rebelión, pues los amaré de pura gracia». El regalo de Dios no es porque nos hayamos portado bien ni porque lo merezcamos. Él envió a su Hijo al mundo, por pura gracia. La gracia de Dios está al alcance de la mano de todo aquel que lo busca con fe.

El regalo de su misericordia — A través de su profeta Miqueas, Dios envía su siguiente regalo: «No retuvo para siempre su enojo, pues se deleita en misericordia». La misericordia de Dios es eterna; la misericordia de Dios es grande y abarca a todos. Él envió a su Hijo al mundo, pues en su inmensa misericordia deseaba concedernos el más grande regalo de todos. Y no solo eso, sino que cuando su misericordia nos alcanza, Dios se deleita en ello.

El regalo de su amor — Todo lo que Dios hace está motivado por su amor. No solamente porque él tiene amor, sino «porque Dios es amor». El amor es parte inherente de Dios. «Por el gran amor con que nos amó, envió a su Hijo para salvar al mundo a través de él». Si bien todos los regalos de Dios son iniciados en él y sin que nosotros lo merezcamos, es en el amor de Dios que esto queda totalmente claro, pues «Dios nos amó aun cuando éramos pecadores, pues sin merecerlo, Cristo murió por nosotros».

En época de Navidad, solemos ir a los pasajes de los evangelistas Mateo y Lucas donde hay más detalles sobre todo el evento del nacimiento de Jesús. Eso está muy bien. Son pasajes bíblicos que nos recuerdan muchas de las historias que escuchamos cuando éramos pequeños. Sin embargo, la historia de la Navidad no empezó dos mil años atrás, sino mucho tiempo antes.

Cuando el Hijo de Dios vino a este mundo, lo hizo en la forma de un niño. Era el gran regalo que Dios había preparado para cada uno de nosotros desde antes de la fundación del mundo. Gálatas 4.4 dice: «Cuando se cumplió el tiempo señalado, Dios envió a su Hijo». Hubo un tiempo señalado, dos mil años atrás. Sin embargo, Efesios 1 nos dice que «Dios nos escogió antes de la fundación del mundo». La Navidad no fue el «Plan B» de Dios. Todo había sido planeado aun antes de que el mundo fuera creado. En la eternidad pasada, Dios planeó todo y cuando el tiempo señalado llegó, Dios envío a su Hijo al mundo para que podamos ser salvos a través de él. Tú estabas en la mente de Dios cuando él planeó todo. No fuiste una casualidad. No fuiste una improvisación. Desde antes de la fundación del mundo estuviste en la mente de Dios. Estaba todo planeado.

Por lo tanto, recibe hoy los regalos que fueron separados desde antes de que el tiempo existiera, para que los recibas hoy. Recibe su gracia, su misericordia y su amor. Regalos de parte de Dios para ti.

¡Feliz Navidad!

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