Problemas de traducción en el cuarto evangelio — Parte 2

Problemas de traducción en el cuarto evangelio — Parte 2

Juan 7.37b-38

Otro texto en que la puntuación cambia el sentido de las frases se encuentra en Juan 7.37b-38. De nuevo hay dos puntuaciones posibles.

Por Pedro Ortiz Valdivieso

Lectura A (traducción literal): Si alguien tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dijo la Escritura, ríos de agua viva brotarán de su vientre.

Lectura B (traducción literal): Si alguien tiene sed, venga a mí y beba el que cree en mí. Como dijo la Escritura, ríos de agua viva brotarán de su vientre.

En la Lectura A queda claro que los ríos de agua viva brotarán del vientre (del interior) del que cree en Cristo. Ante todo, la frase formaría inconsistencia en la construcción del discurso (el que cree… brotarán de su vientre), que sin embargo no es raro en el lenguaje bíblico. Pero no se ve muy bien por qué se dice que brotan ríos de agua viva del que cree, siendo así que, como se explica en seguida (v. 39a): Esto lo dijo acerca del Espíritu que habrían de recibir los que creyeran en él. De cualquier manera, es claro que los creyentes son los que reciben el Espíritu, no los que lo dan.

En la Lectura B caben dos interpretaciones: en la primera interpretación, el sentido seguiría siendo parecido al de la Lectura A, ya que la frase «de su vientre» es ambigua y puede entenderse también aquí del creyente. Las objeciones contra esta puntuación son las mismas que para la anterior. Sin embargo, hay otra posibilidad de interpretar esta manera de puntuar la frase. Los ríos de agua viva no brotan del vientre del creyente sino del vientre (del interior) de Cristo. Lo cual se entiende mejor si los ríos simbolizan el espíritu que Cristo comunica al creyente (cf. Jn 1.33; 14.16; 16.7; 20.22).

La referencia al texto de la Escritura no aclara mucho el asunto, ya que no se cita un texto preciso. De cualquier modo, no es probable que se aluda a un texto del AT en que se diga que del interior de los creyentes broten ríos de agua viva. Es más probable que el evangelista se refiera a algún texto en que Dios es el que ofrece el agua viva, como en Isaías 44.3, donde Dios promete derramar su espíritu bajo el símbolo del agua (cf. también Is 55.1). En Juan 4 tenemos varios textos que tienen relación con esta idea. Ante todo se dice que Jesús ofrece a la samaritana agua viva (4.10), y por otro se dice que «el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna» (4.14). De todos modos, es Jesús el que ofrece el agua viva. En conjunto, me parece más probable la Lectura B según la segunda interpretación.

3. La interpretación

Me refiero ahora no a problemas generales de interpretación literaria, histórica o teológica, sino a problemas que afectan la traducción. De este tipo de problemas me voy a fijar en uno que afecta la manera de comprender un texto.

Juan 3.13

En una traducción literal este texto dice: Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Esta traducción o algo equivalente se encuentra en la mayor parte de las ediciones. A primera vista, esta traducción no ofrece problemas. Pero cuando uno se detiene a fijarse en el contenido, la cosa no es tan clara. El texto parece afirmar que el Hijo del hombre, que es el que bajó del cielo, fue también el que antes subió al cielo. Es decir, que el Hijo del hombre subió al cielo y luego bajó del cielo a la tierra, y por eso puede comunicar a los hombres los misterios de Dios. ¿Y dónde estaba antes de subir al cielo? No podía estar sino en la tierra. Es decir, que el Hijo del hombre se encontraba originalmente en la tierra, subió al cielo y volvió a bajar a la tierra. Recordemos, sin embargo, que Juan dice muy claramente (1.1) que el punto de partida de toda la historia de Jesús es la presencia de la Palabra en Dios, no en la tierra, y habla en varios lugares de una nueva subida al cielo, al Padre, que coincide con la muerte y resurrección (cf. 13.1, 3; 16.28).

Todo el Evangelio habla con toda claridad de dos movimientos del Hijo de Dios: un movimiento descendente (viene de Dios al mundo) y un movimiento ascendente (regresa al Padre). Resulta, pues, extraña y contraria a todo lo que se dice en el Evangelio la idea de que el Hijo del hombre estuviera originalmente en la tierra y haya subido al cielo. Algunos tratan de explicar esta frase suponiendo que el evangelista utiliza aquí una idea que se encuentra en algunos libros extrabíblicos que hablan de un personaje más o menos mitológico que sube al cielo. Pero parece muy poco probable que esta idea se reproduzca aquí sin más, sin tratar de armonizarla con el resto de la doctrina del Evangelio. Igualmente difícil de concordar con el contexto sería la idea de que aquí se expresa lo que va a suceder después, la subida de Jesús al cielo de que se habla en tantos lugares de Juan. Como si dijera: «Nadie va a subir al cielo, sino el que bajó del cielo». Porque lo que se quiere expresar en este contexto es la idea de que solamente el Hijo del hombre puede comunicar a los hombres los misterios de Dios, ahora, y no en el futuro.

Creo que la solución es mucho más sencilla. La dificultad la crea la traducción de la expresión griega ei me. Es verdad que estas palabras se traducen ordinariamente por «sino» y que expresan una excepción a lo anteriormente afirmado o negado (como, p. ej. en Mt 11.27 «Nadie conoce al Hijo sino [ei me] el Padre ni nadie conoce al Padre sino [ei me] el Hijo»). Pero las palabras ei me pueden usarse también para expresar otra idea: una contraposición. En este sentido se usan, por ejemplo, en Gálatas 1.19 Pero no vi a ningún otro de los apóstoles, aunque sí a Santiago. Este uso es semejante al de la palabra griega plen, que en muchos casos indica una excepción, pero en otros una contraposición (p. ej. en Hch 27.22). Así entendidas estas palabras, la traducción puede ser: Nadie ha subido al cielo. Pero hay alguien que bajó del cielo: el Hijo del hombre. No se afirma, pues, que el Hijo del hombre estuviera en la tierra y haya subido al cielo y luego haya bajado del cielo. Simplemente se niega que haya habido alguien que haya subido al cielo (en pasado), y luego se contrapone una afirmación: pero hay alguien que bajó del cielo, el Hijo del hombre. De esta manera no hay ninguna contradicción entre esta frase y el resto del Evangelio, que es muy enfático en afirmar que el Hijo de Dios, que estaba desde el comienzo con Dios, bajó del cielo a la tierra.

Juan 19.11a

RVR traduce así este texto: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba. Semejante es la traducción que se lee en otras ediciones (NBJ: No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado desde arriba). Si se tiene en cuenta que para Juan la palabra anothen, además de significar «de nuevo», significa «de parte de Dios» (cf. Jn 3.3, 7, 31), se debe entender según esta traducción que la autoridad de Pilato sobre Jesús la recibió de Dios. Es claro que no significa «de una autoridad superior», es decir, del emperador. Pero hay aquí un malentendido: el texto no tiene el participio en femenino «ella ha sido dada» sino en neutro «ello ha sido dado» (dedomenon, no dedomene). El participio, pues, en el texto griego no se refiere a exusia («autoridad», «potestad»), sino que es un neutro que se refiere a todo el conjunto. Por eso la traducción correcta es la que aparece en la DHHEE: No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si Dios no te lo hubiera permitido. No se trata de que Dios haya dado a Pilato la autoridad sobre Jesús, sino de que Dios le ha permitido a Pilato tener autoridad sobre Jesús. El verbo «dar» en este caso debe traducirse por «permitir». Hay una diferencia sutil pero importante.

Problemas de traducción en el cuarto evangelio — Parte 2

4. Palabras de doble sentido

En toda traducción, una de las cosas más difíciles de reproducir son las palabras de doble sentido. Muy raras veces estas palabras se encuentran también en la lengua receptora. En Juan tenemos varios casos de palabras de doble sentido usadas intencionalmente así (no me refiero a los casos de las varias acepciones que pueden tener las palabras y que muchas veces no son claras para el lector, aunque sí lo son para el escritor).

De arriba / de nuevo

En griego la palabra anothen puede significar «de nuevo» y «de arriba». En Juan 3.3 Jesús le dice a Nicodemo: «Te aseguro que el que no nace anothen no puede ver el Reino de Dios». Sin duda hay un uso intencional del doble sentido. Jesús habla a la vez de nacer de nuevo y nacer de arriba. En las traducciones lo único que puede hacerse es escoger uno de los dos sentidos en el texto y explicar en nota el doble sentido.

Viento / espíritu

Un poco más adelante (Jn 3.8) se usa también el doble sentido de la palabra griega pneuma. Esta puede traducirse como «viento» y como «espíritu». Cuando Jesús habla de que el pneuma sopla donde quiere, se refiere en primer lugar al viento, y en segundo lugar al espíritu.

Dormirse / morirse

Otro tanto pasa con los verbos dormir y despertar, que en griego se usan tanto para el sueño natural como para «morirse» y «resucitar». Y ese doble sentido se pretende en Juan 11.11 «Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero voy a despertarlo». Los discípulos lo entienden en el sentido del sueño natural. Sin embargo aquí el autor mismo explica el malentendido, por eso dice que Jesús aclara luego (v. 14) «Lázaro ha muerto». El «despertarlo» es su resurrección.

Permanecer / no morir

Otro malentendido explicado por el mismo autor se encuentra en las palabras que dice Jesús acerca del discípulo amado: «Si quiero que él permanezca hasta que yo vuelva…» (Jn 21:22). El evangelista nos dice que «corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría» (v. 23) (entendiendo mal el verbo «permanecer») y se apresura a corregir: «Pero Jesús no dijo que no moriría. Lo que dijo fue: “Si quiero que él permanezca hasta que yo vuelva, ¿qué te importa?”». En este caso, el evangelista no nos dice en qué sentido son verdaderas estas palabras, pero lo insinúa en las palabras que siguen: «Este es el mismo discípulo que da testimonio de estas cosas». El discípulo sí iba a permanecer, pero no en el sentido de no morir, sino en el sentido de que a través de su testimonio conservado en el Evangelio él seguiría presente en la Iglesia.

Bibliografía

Aland, K., Black, M., Martini, C. M., et alii. The Greek New Testament, 4a. edición revisada. Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft – United Bible Societies, 1994.

Bover, J. M.  Novi Testamenti Biblia Graeca et Latin. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1943.

Brown, Raymond E. El Evangelio según Juan, 2 vols. Madrid: Ediciones Cristiandad, 1979.

Metzger, Bruce M.  Comentario textual del griego del Nuevo Testamento.  Miami: SBU, 2006.

Schnackenburg, Rudulf.  El Evangelio de Juan. Barcelona: Editorial Herder.

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