Hubo tres profetas del Antiguo Testamento que no profetizaron a Israel, sino a otras naciones.
Jonás predicó arrepentimiento a Nínive, la ciudad se arrepintió de su pecado y Dios los perdonó. Más tarde, cuando Asiria volvió a caer en pecado, Dios envió a Nahún para declarar la destrucción de Nínive. Por otro lado, Dios envió a Abdías a Edom para declarar su pecado y anunciar su condenación.
¿Por qué Dios envió esos profetas a otras naciones cuando todos los demás profetizaron, especialmente, respecto al pueblo de Dios? ¿Qué había detrás de esas profecías?
Si bien la Biblia no habla explícitamente respecto a por qué Dios envió esos profetas a otras naciones, es factible pensar que la razón por la cual Dios envió a Jonás, Nahúm y Abdías a profetizar sobre naciones extranjeras, en lugar de centrarse en Israel, está relacionada con varios factores teológicos y proféticos dentro del plan de Dios. Estas profecías revelan el carácter de Dios y su trato con las naciones, y pueden agruparse en tres propósitos principales:
La soberanía de Dios sobre todas las naciones
Dios no es solo el Dios de Israel, sino el Señor de toda la tierra. Aunque el pueblo de Israel tenía un pacto especial con él, eso no significaba que las demás naciones estuvieran fuera de su jurisdicción. Los mensajes de Jonás, Nahúm y Abdías muestran que Dios gobierna sobre todas las naciones y que ninguna está exenta de su guía, su justicia o su misericordia.
Jonás fue enviado a Nínive, la capital de Asiria, para llamarles al arrepentimiento. Esto demuestra que Dios no solo juzga a las naciones, sino que también extiende su gracia y ofrece oportunidad de arrepentimiento.
Nahúm profetizó la destrucción de Nínive después de que los asirios se alejaron nuevamente de Dios, lo que reafirma la justicia divina.
Abdías anunció el juicio contra Edom, recordando que Dios no olvida la maldad y la violencia cometida contra su pueblo.
La justicia y el juicio de Dios sobre las naciones pecadoras
Estos profetas denunciaron el pecado y la arrogancia de las naciones extranjeras, mostrando que Dios no solo castigaba a Israel por sus pecados, sino que también juzgaba a otros pueblos cuando persistían en su maldad.
Nahúm predijo la caída de Nínive, dejando claro que, aunque una nación pueda ser poderosa, si actúa con violencia y opresión, tarde o temprano enfrentará el juicio de Dios.
Abdías condenó a Edom por su orgullo y por haberse alegrado de la desgracia de Judá en el exilio. Esto subraya que Dios no tolera la injusticia, especialmente cuando se comete contra su pueblo.
Un mensaje para Israel y Judá
Aunque estos mensajes fueron dirigidos a naciones extranjeras, también servían como advertencias y aliento para Israel y Judá.
La historia de Jonás muestra que Dios tiene compasión incluso de los enemigos de Israel, lo que debió desafiar la mentalidad exclusivista del pueblo de Dios.
La profecía de Nahúm sobre la destrucción de Asiria trajo consuelo a Judá, que había sido oprimida por este imperio.
El juicio contra Edom, anunciado por Abdías, era una señal de que Dios no dejaría impune a los enemigos de su pueblo.
En definitiva, podemos decir que Dios envió a estos profetas a otras naciones para demostrar que su señorío, su justicia y su misericordia trascienden a Israel. Dios es Señor sobre toda la tierra, su juicio es universal, pero también lo es su compasión. Aunque Israel era su pueblo escogido, Dios siempre tuvo un plan para todas las naciones (Génesis 12.3). Estas profecías sirven como una enseñanza tanto para Israel como para nosotros hoy: Dios gobierna sobre toda la humanidad y nos llama a todos al arrepentimiento y la obediencia.
Por otro lado, podemos decir que la intervención de Dios respecto a las naciones en el Antiguo Testamento puede verse como una anticipación del juicio final sobre las naciones al final de los tiempos. Hay varios elementos en estas profecías que reflejan patrones escatológicos y principios divinos que se manifestarán plenamente en el juicio final.
Dios juzga a todas las naciones, no solo a Israel
Desde los tiempos del Antiguo Testamento, Dios dejó claro que su juicio no estaba limitado a Israel. Este principio se reafirma en el Nuevo Testamento, donde se nos dice que Cristo juzgará a todas las naciones (Mateo 25.31-32; Apocalipsis 20.11-15).
En Nahúm, la destrucción de Nínive es un ejemplo de cómo Dios no deja impune a los imperios opresores.
Abdías muestra que Dios toma en cuenta la injusticia cometida contra su pueblo y traerá juicio sobre quienes lo han maltratado.
Jonás es un recordatorio de que Dios, antes de ejecutar juicio, ofrece misericordia y oportunidad de arrepentimiento, algo que también se ve en la predicación del evangelio antes del juicio final.
Paralelo con el juicio de las naciones en Mateo 25
En Mateo 25.31-46, Jesús describe el juicio de las naciones, donde separará a las personas como un pastor separa las ovejas de los cabritos. En este juicio, se determinará quiénes pertenecen verdaderamente al pueblo de Dios, no solo por su relación con Israel, sino por su respuesta a Cristo.
Así como Dios juzgó a las naciones por sus acciones contra Israel en el Antiguo Testamento, en el juicio final las naciones serán juzgadas por su trato hacia los seguidores de Cristo.
En ambos casos, se destaca que Dios no ignora la maldad, la opresión ni la injusticia.
La caída de los imperios como prefiguración de la caída de Babilonia en Apocalipsis
Las profecías contra Nínive y Edom en el Antiguo Testamento tienen un eco en Apocalipsis, donde se describe la caída de Babilonia (símbolo del sistema mundial corrupto, Apocalipsis 18).
Nínive y Babilonia comparten características: arrogancia, violencia, idolatría y opresión. La caída de Nínive en el siglo VII a.C. es una prefiguración del juicio que Dios traerá sobre los poderes del mundo en los últimos tiempos.
Apocalipsis 18.2-3 describe a Babilonia como la cuna de toda corrupción, similar a cómo Nahúm describe a Nínive como una ciudad sanguinaria llena de mentiras y saqueos (Nahúm 3.1).
Dios ofrece oportunidad de arrepentimiento antes del juicio
En Jonás, Dios mostró misericordia a Nínive al advertirles antes de ejecutar juicio. Este patrón se repite en el Nuevo Testamento, donde antes del juicio final se predica el evangelio a todas las naciones (Mateo 24.14). La paciencia de Dios antes de traer juicio es un testimonio de su gracia (2 Pedro 3.9).
Conclusión
Las profecías de Jonás, Nahúm y Abdías no solo fueron juicios históricos contra naciones específicas, sino que también muestran la soberanía de Dios sobre todas las naciones y anticipan la manera en que Dios las juzgará en el futuro. Los mismos principios de soberanía, justicia y misericordia que Dios mostró en la historia antigua estarán presentes en el juicio final, recordándonos que Dios gobierna sobre la historia y que su juicio será completo y definitivo.










