«Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.» (2 Corintios 3.17-18)

Personas que jamás utilizarían un disfraz para asistir a una fiesta o participar en determinadas actividades, día tras día no tienen inconvenientes en ocultar su verdadera personalidad detrás de sonrisas, palabras y gestos.
Los seres humanos acostumbramos tener un triple concepto interior: lo que deseamos que los demás piensen de nosotros, lo que pensamos en relación con nosotros mismos y lo que sabemos que somos realmente. La falta de coherencia entre estos tres aspectos es lo que lleva a la gente a emplear «disfraces» y «máscaras» que ayudan a mostrar una imagen temporal que solo perjudica las relaciones interpersonales y produce frustración en el alma.
Por eso la Biblia enseña acerca de la importancia de examinarnos a nosotros mismos y descubrir quiénes somos, de qué manera vivimos, cuáles son nuestras tentaciones y debilidades, qué estamos haciendo con las bendiciones que Dios nos concede.
¡Abandonemos hoy mismo todo «disfraz» y descubrámonos tal cual somos! Es probable que cueste un poco al principio, pero pronto comenzaremos a disfrutar de la verdadera autoestima que necesitamos para desarrollar todo nuestro potencial.
¡Qué bueno cuando logramos ser lo que parecemos! ¡Hacer lo que decimos! ¡Vivir como personas libres y sinceras!
Porque los disfraces solo sirven para las obras de teatro o determinadas festividades, pero nunca como una manera de relacionarnos y enfrentar la realidad.
Sumérgete: Saber quiénes somos y conocer lo que Dios ha hecho en nuestra vida nos ayudará a vivir con humildad, sinceridad y alegría. ¡Jamás precisaremos de «disfraces» o «máscaras» para aparentar algo que no somos!