¡Escuchemos más y hablemos menos!

¡Escuchemos más y hablemos menos!

«Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.» (Santiago 1.19)

¡Escuchemos más y hablemos menos!
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¿Cómo nos comunicamos con los demás?, ¿bien o con algunos problemas? ¿Sabemos escuchar lo que otros quieren decir o nos dedicamos a hablar todo el tiempo?

Uno de los secretos para relacionarnos mejor con los demás es entender que la comunicación es un proceso de intercambio más que un cuadro que podemos dibujar en una pizarra.

Quizás hemos escuchado aquello de que la comunicación tiene dos personajes: el «emisor» y el «receptor», y que los dos se relacionan a través del «mensaje» que el primero le manda al segundo. ¡Pero la comunicación es mucho más que eso!

Si queremos mejorar nuestra manera de tratar a los demás y ganar buenos amigos, es valioso saber que todo el tiempo somos «receptor» y «emisor» a la vez, es decir, en unos momentos nos toca escuchar y en otros nos toca hablar. Además, a menudo, cuando hablamos con alguien hay un ambiente que distrae o interviene en la conversación, hay cosas que no se dicen pero que se muestran en gestos y muecas…

¡Es muy importante prestar atención a lo que nuestros amigos quieran decirnos! Por eso, tratemos de escuchar un poco más y hablar un poco menos. Descubriremos muchas cosas que hasta entonces no habíamos tenido en cuenta.

Sumérgete: Intentemos hoy mismo mejorar nuestra comunicación con los demás. Sea un amigo o un familiar, hagamos preguntas, escuchemos un poco más, y mostremos un interés auténtico por lo que le ocurre a las personas que nos rodean.

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