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Esteban el primer mártir

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«Cuando los que estaban sentados en el concilio miraron a Esteban, vieron su rostro como el rostro de un ángel» (Hechos 6.15).

«Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, discutiendo con Esteban. Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios» (Hechos 6.8-11).

Las acusaciones eran falsas, tanto como los testigos. Sin embargo, como los que escuchaban a Esteban no podían refutar sus argumentos, levantaron acusaciones falsas contra él.

Seguramente, pensaron que sería un trámite rápido, pero los acusadores no contaron con que Esteban, lleno del Espíritu Santo, tomara la palabra con tal pasión que fuera imposible impedir su alocución.

Comenzando desde Abraham, Esteban desgranó la historia bíblica con autoridad espiritual, manteniendo la atención del pueblo que lo rodeaba, y que estaba entusiasmado por las palabras de Esteban (Hechos 7.2-53).

Si bien la multitud se hallaba reunida para juzgar a Esteban, ellos mismos resultaron juzgados por la historia y la verdad. Como no podían refutar ni ocultar la verdad del mensaje, asesinaron al mensajero. Sin embargo, la historia nos ha enseñado que la verdad no se oculta con piedras asesinas; finalmente la historia y la verdad triunfan sobre aquellos que buscan ocultarla.

Los acusadores, al no poder escuchar más, taparon sus oídos y con gritos llevaron a Esteban fuera de la ciudad y lo apedrearon hasta la muerte, convirtiendo a Esteban en el primer mártir que registra la historia cristiana.

Lucas, el historiador a través del cual conocemos esta historia, no estaba presente cuando Esteban fue apedreado, pero él conocía a alguien que sí había estado presente y que, inclusive, había cuidado las ropas de los que apedrearon a Esteban hasta que este murió: Saulo de Tarso, conocido más tarde como el apóstol Pablo.

Seguramente Pablo recordaba las palabras de Esteban cuando, justo antes de morir, oraba a Dios diciendo: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado».

Muchos siglos después, alguien decía: «La muerte de los mártires es la semilla de las misiones». El avivamiento en Samaria, que siguió a la muerte de Esteban, parece conceder la razón a esas palabras.

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