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Sermones y discursos — Parte 1

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Introducción:

Entre los diferentes géneros o formas literarias que aparecen en la Biblia, el discurso o sermón es probablemente el menos estudiado de todos. Es difícil encontrar un artículo o ensayo que trate de este género en toda la Biblia. Existen, por supuesto, estudios sobre los discursos de Moisés en el Deuteronomio, los sermones de Jesús, en especial el Sermón del monte, y estudios sobre los discursos en Hechos de los Apóstoles.1 Es difícil encontrar, por no decir imposible, un estudio que reúna información sobre todos los discursos que aparecen en diversas partes de la Biblia.

Por Vilson Scholz

Este capítulo no pretende ser la respuesta definitiva a este tema, pero sí viene a llenar una laguna, al menos en parte, al reunir en un solo lugar datos que ayudan a entender pasajes y hasta libros bíblicos completos, entre los que se destacan el Deuteronomio, el Sermón del monte en Mateo y los discursos en Hechos de los Apóstoles.

*****Busque la segunda parte de este artículo aquí: «Problemas especiales en la traducción del Nuevo Testamento — Parte 2»

El término «discurso» en la Biblia

Hablar de sermones y discursos en la Biblia levanta la pregunta de si realmente existe en la Biblia una palabra o un grupo de palabras que designan el significado de estos términos. Es útil recordar que la ausencia de un término técnico para designar un fenómeno no significa que el fenómeno no exista. En muchas instancias los términos técnicos surgen al nivel del lector, es decir, el lector interpreta y da nombre a un fenómeno que el autor no llegó a describir ni a nombrar. Siempre se dice que en la Biblia no existe un término equivalente a «historia», aunque la Biblia sea en gran medida un libro de historia. Lo mismo se aplica, hasta cierto punto, a los discursos: hay muchos en la Biblia, pero no son presentados como tales. En lugar de decir: «Moisés profirió su segundo discurso», el narrador simplemente constata que «Moisés dice».
Un examen de RVR-95 revela que el término «discurso» aparece solamente cinco veces:

Job 27.1 Continuó Job su discurso y dijo: …
Job 29.1 Volvió Job a reanudar su discurso y dijo:…
Eclesiastés 12.13 El fin de todo el discurso que has oído es: Teme a Dios y guarda sus mandamientos…
Hechos 10.44 Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso.
Hechos 20.7 El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo que tenía que salir al día siguiente, les enseñaba, y alargó el discurso hasta la medianoche.

El hecho de que el término «discurso» aparezca en Job y en Hechos confirma la sospecha de que existen discursos en esos libros bíblicos. En los textos de Hechos, «discurso» traduce la palabra griega logos, que también podría ser traducida literalmente por «palabra», o con sentido idiomático por «habla» o «mensaje». El texto de Eclesiastés 12.13 traduce el término del hebreo dabar, que también podría ser traducido por «asunto».

Los textos de Job 27.1 y 29.1 son un tanto diferentes. Aquí aparece la palabra hebrea mashal, que generalmente es traducida por «proverbio», cuando designa una sentencia breve que expresa una gran verdad. No obstante, en hebreo la palabra mashal es más amplia, y puede designar también una parábola más extensa (véase Ez 17.2) y hasta un discurso didáctico más elaborado (véase por ejemplo Pr 1.8-19). Es en este sentido que se usa mashal en esos dos textos de Job 27.1 29.1. En la RVR-95 aparece el término «discurso» en Job 27.1; 29.1; y en Hechos 20.7. En Isaías 28.23 y Juan 6.60 aparecen sinónimos de «discurso». En Isaías 28.23 el texto hebreo dice literalmente, «oigan mi dicho» y «escuchen mi hablar». De las varias versiones en castellano, solo la NBE y la BP traducen el verbo hebreo ,amar por «discurso». En Juan 6.60, aparece otra vez la palabra logos, que Reina-Valera traduce literalmente por «palabra», aunque idiomáticamente es equivalente a «discurso». Así hace BP: Muchos de los discípulos que lo oyeron comentaban: —Este discurso es bien duro.

De todo esto podemos concluir que el lector debe evitar lo que se denomina como «la falacia de la concordancia». Se trata de la conclusión errónea de que, si una palabra no aparece en la concordancia bíblica es porque el concepto no existe en la Biblia. El hecho es que la Biblia está llena de discursos, aunque la palabra «discurso» aparece raramente, y en algunos casos incluso se traduce con el concepto mucho más amplio que designa simplemente el hecho de hablar o decir. En general, es preciso examinar el material y luego definir si se trata o no de un discurso. Además, es importante recordar el aspecto oral de todos los libros de la Biblia, es decir su carácter discursivo, que se trata de documentos que fueron creados para ser leídos en voz alta. Las epístolas del Nuevo Testamento, por ejemplo, son discursos a distancia. Fueron escritas, no para ser estudiadas de forma individual, sino para ser leídas o proclamadas ante un público.

El género discurso

¿Cómo podríamos definir el género llamado discurso? La verdad es que los géneros literarios son más fácilmente notados o percibidos que definidos. La descripción y/o la definición de un género es, en rigor, una abstracción basada en la observación de ejemplos concretos. En otras palabras, después de leer un determinado número de cartas o de escuchar un buen número de discursos, la persona está en condiciones de identificar y hasta de definir lo que es una carta o lo que es un discurso.

¿Qué es entonces un discurso? Proponemos la siguiente definición: «Un discurso es la presentación de ideas importantes a través del uso continuado de la lengua en forma oral».2

Sermones y discursos — Parte 1

Es preciso agregar otro elemento muy importante: la persuasión o retórica. En el uso de la lengua en general, casi siempre se manifiesta una dimensión retórica, es decir, queremos alcanzar o «hacer» algo con lo que decimos. Esta dimensión retórica está mucho más presente en los discursos.

La dimensión retórica del lenguaje y de los discursos en el Nuevo Testamento fue estudiada, en tiempos recientes, por eruditos como George A. Kennedy. De acuerdo con Kennedy, la retórica es un fenómeno universal condicionado por el funcionamiento de la mente humana (es decir, algo innato a todo ser humano) y por las circunstancias de la sociedad en la que el hablante está insertado.3 En otras palabras, hablar en público para persuadir es propio del ser humano, si bien esto no se hace del mismo modo en los distintos contextos culturales. No cabe duda de que existen discursos en el Antiguo Testamento, como veremos más adelante. Y cuando llegamos al período del Nuevo Testamento, encontramos con toda claridad que el contexto está fuertemente marcado por la cultura griega. Y es que los griegos habían transformado el discurso público a un aspecto central de la vida civilizada. Fueron ellos, seguidos posteriormente por los romanos, quienes más desarrollaron la reflexión sobre este fenómeno.

Hacia el final del siglo V a.C. el pensador griego Gorgias estableció tres categorías de discursos: judicial o forense, deliberativo y epidíctico. El discurso judicial es el del tribunal, usado para acusar o para defender. El discurso deliberativo es el de la asamblea, usado para proponer la toma o el rechazo de una decisión. El discurso epidíctico es el discurso de las solemnidades, usado para elogiar o para censurar. Desde la perspectiva temporal, Donaldo Schüler señala: «El discurso judicial examina el pasado, el deliberativo incita a una acción futura y el epidíctico “representa” [como en un teatro] el presente».4

¿Qué podemos decir del género sermón? En cierto sentido, el sermón es un discurso que conlleva un componente adicional: el elemento religioso. En otras palabras, el sermón es un discurso religioso. Aunque pudiera parecer que, por ser un libro religioso, la Biblia solo contiene sermones y no discursos, esto no es así. Algunos discursos en el Nuevo Testamento son apologéticos, proferidos en el contexto de un tribunal; en este sentido, se trata de discursos seculares. No obstante, cuando los discursos son proferidos por cristianos, nunca les falta el componente religioso, como veremos más adelante. En el Antiguo Testamento, por ser Israel una sociedad teocrática, los discursos tienen siempre una dimensión política y viceversa.

Los discursos pueden ser clasificados de diferentes maneras, dependiendo de la ocasión, del contenido y del propósito de los mismos.

Algunos son discursos de despedida, como los de Moisés en Deuteronomio; el de Josué en Josué 23.1-16; el de Samuel en 1 Samuel 12; el de David en 1 Reyes 2.1-9; el de Jesús en Juan 13.1-17.26; y el de Pablo en Hechos 20.18-35. 5 Estos tienden a tener un carácter epidíctico y/o deliberativo, si preferimos seguir la clasificación de la retórica clásica.

Otros son discursos misioneros o evangelísticos, como por ejemplo los que aparecen en Hechos 2 y 13. Estos son claramente deliberativos, pues pretenden conducir a los oyentes a tomar una decisión.

Sermones y discursos-I

También existen los discursos polémicos o apologéticos, que se acercan más a la retórica jurídica del modelo grecorromano.

En varias ocasiones aparecen en la Biblia discursos que resumen la historia del pueblo del Israel. Tal es el caso de varios pasajes en Deuteronomio 6, Josué 24.2-13, 1 Samuel 12.6-12, Nehemías 9.6-37 (en forma de oración), y en Hechos 7. Estos pueden ser llamados discursos históricos.

También es posible una combinación de los distintos tipos de discurso, es decir, un discurso de despedida puede ser a la vez didáctico o histórico (como sucede con el libro de Dt), y un discurso apologético puede tener un contenido histórico (como en Hch 7).

Los discursos en Deuteronomio

Cuando se habla de discursos en el Antiguo Testamento, enseguida se piensa en el libro de Deuteronomio. De hecho, aparte de la breve introducción narrativa (Dt 1.1-5) y la extensa conclusión (Dt 31-34), el Deuteronomio está compuesto principalmente de sermones y discursos, los cuales profirió Moisés cuando los israelitas se encontraban en los campos de Moab, en la Transjordania, antes de entrar a la Tierra prometida. Se trata básicamente de cuatro discursos: el primer discurso en 1.6-4.40; el segundo en 5.1-26.19; el tercero en 27.11-28.68; y el cuarto en 29.2-30.20.

Además de su carácter discursivo, el Deuteronomio reúne una gran cantidad de material de carácter legal, especialmente en la sección conocida como el «código deuteronómico» (Dt 12—26), y podemos concluir fácilmente que este libro es, al lado de Levítico, la obra menos historiográfica del Pentateuco. 7

En cuanto al contenido, el Deuteronomio es una exposición de instrucciones y enseñanzas —llamada también perénesis— de carácter «constitucional» 8 (Dt 4.44-45), en cuanto a la estructura formal, los discursos de Moisés en este libro constituyen un discurso de despedida ampliado. Conviene recordar que un discurso de despedida es un escrito en primera persona, hecho por alguien que sabe que pronto va a morir. Ciertamente, en Deuteronomio, la realidad de que Moisés está despidiéndose aparece solamente al final (Dt 31 en adelante), después de haber concluido los cuatro grandes discursos. Otro detalle que llama la atención es que la posición de líder y la credibilidad de Moisés están sobreentendidas desde el principio, sin que haya necesidad de establecerlas primeramente en el documento conocido como el Deuteronomio. Solamente al final se explica lo que se presupone desde el principio, y que se menciona someramente en Deuteronomio 18.18: Moisés es un profeta sin igual, pues Yavé habló con él cara a cara (Dt 34.10).

Además, dada la circunstancia y naturaleza de la despedida, los discursos de Moisés son también, en cuanto a su propósito, deliberativos. Con tono parenético,9 de muchas advertencias, exhortaciones, amenazas y estímulo al ánimo, el gran profeta de Israel trata de persuadir a sus oyentes a adoptar una actitud determinada, a elegir la bendición en lugar de la maldición.No será posible en este trabajo, entrar en los detalles de cada uno de los discursos. Bastarán algunas observaciones genéricas. En cuanto al tiempo, el primer discurso de Moisés (1.6—4.43) enfoca la mirada principalmente en los acontecimientos y declaraciones del pasado. Los otros discursos se dirigen al futuro. El primer discurso, como explica Robert Polzin,10 es una introducción a las diversas maneras como Moisés habla en nombre de Dios. Aquí, es relativamente fácil distinguir entre lo que dice Moisés en nombre de Dios (citándolo directamente) y lo que Moisés enseña o cómo él interpreta la ley de Dios. Propiamente más de la mitad de este discurso es un relato de lo que Yavé o Israel dijeron en el pasado. En otras palabras, predomina el discurso directo.

A partir del segundo discurso (4.44—28.68), ya no se puede hacer una clara distinción entre lo que Dios dice y lo que Moisés dice. Aunque predominan el material parenético y el legislativo, tanto en cantidad como en énfasis, Dios es citado en discurso directo apenas nueve veces en veinticuatro capítulos: 5.6-21, 28-31; 9.12, 13-14, 23; 10.1-2,11; 17.16 y 18.17-20. En Deuteronomio 5, Moisés explica que Dios fue escuchado solamente cuando pronunció el Decálogo (5.6-21); todas las otras palabras de Dios, a petición del pueblo, fueron escuchadas a través de la boca de Moisés.

Los discursos en el libro de Job

En la Biblia, Job es un libro singular. Es parte de la literatura de sabiduría. Escrito en lenguaje poético. La estructura es discursiva, es decir, el libro de Job está compuesto de discursos. Estos discursos forman parte de un ciclo de debates sobre la causa del sufrimiento del justo. En esta discusión, en la que cada orador intenta convencer al oyente a adoptar su punto de vista, aparecen dos tipos de argumentos que se contraponen. Por un lado se verbaliza el punto de vista tradicional, según el cual Job sufre porque cometió algún pecado. Por el otro lado, Job se defiende, argumentando que ese no es su caso.

Los participantes en el debate son Job y sus tres amigos: Elifaz, Bildad y Zofar, a los cuales se unirá más tarde, y de forma inesperada, el joven Eliú (Job 32—37). La palabra final es la de Dios, cuya intervención también aparece en forma de discurso (Job 38—39, 40—41).

De forma un poco más detallada, se puede decir que, después del monólogo inicial de Job (cap. 3), entran en escena Elifaz (caps. 4—5, 15, 22), Bildad (caps. 8, 18, 25), Zofar (caps. 11, 20), y más tarde Eliú (caps. 32—37). En respuesta a cada uno de los discursos (excepto al de Eliú), Job presenta su defensa (caps. 6—7, 9—10, 12—14, 16—17, 19, 21, 23—24, 26, 27—28) y termina con un monólogo enfático (caps. 29—31). 11 El clímax del libro ocurre con la dramática e irrefutable intervención de Dios (capítulos 38—41), la cual lleva a Job a reconocer humildemente que él no sabe nada (Job 42.1-6; véase también 40.3-5).

Si bien el «discurso» de Dios al final del libro no resulta una respuesta directa a la pregunta sobre el motivo del sufrimiento de Job, tampoco cabe duda de que la teofanía, o manifestación de Dios, le aporta a este libro un carácter especial, dentro del contexto mayor de la literatura sapiencial. El final de Job es positivo y, hasta se podría decir, optimista, en contraste con el notorio pesimismo del Eclesiastés, otro libro del género sapiencial. Se ha dicho que el libro de Eclesiastés es como el de Job, pero sin la teofanía.

*****Busque la segunda parte de este artículo aquí: «Sermones y discursos — Parte 2» 

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Notas y referencias

1 No será posible en este espacio entrar en la discusión sobre la autoría de estos textos y discursos. Por tratarse de un estudio a nivel literario, reproducimos los datos presentados por el propio texto bíblico.

2 Esta definición se basa en GeorgeA. Kennedy, New Testament Interpretation Through Rhetorical Criticism (The University of North Carolina Press, 1984), p. 44.

3 Kennedy, p. 10.

4 Donaldo Schüler, Origens do Discurso Democrático(Porto Alegre: L&PM, 2002), p. 84.

5 Klein, William W., Craig L. Blomberg, Robert L. Hubbard, Introduction to Biblical Interpretation(Dallas: Word Publishing Co., 1993), p. 270.

6 La preocupación histórica en Deuteronomio aparece en los pasajes de 5.1-5,22-33; 9.7-10.11; 23.3-8; 24.9; 25.17-19; 26.5b-9; 29.2-9; 32.6-18,50-52. Estas referencias históricas tienen función pedagógica: el Israel del presente y del futuro tienen que aprender una lección del Israel del pasado.

7 Sobre referencias históricas en Deuteronomio, véase la nota 6.

8 Formulaciones de carácter «legislativo» con miras a dar una «constitución» para la vida nacional durante y después de la ocupación de la Tierra prometida.

9 Klein-Graig, p. 283.

10 Robert Polzin, “Deuteronomy”, en The Literary Guide to the Bible (Cambridge: Harvard University Press, 1987), p. 94.

11 Klein-Graig,p. 319.

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1 COMENTARIO

  1. Hola Bendiciones. Estamos estudiando La Biblia, y las referencias encontradas me ayudan en mis estudios.

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