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Siete elementos del Amor

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Por Jorge Juan Olivera

Cuando en 1989 estudiaba en la Columbia International University, su Presidente, Robertson McQuilkin, un personaje inteligentísimo, muy preparado y con un presente y futuro formidables, renunció a su puesto en la Universidad pues a su esposa, Muriel, le habían diagnosticado el mal de Alzheimer y tenía que cuidarla a tiempo completo. Por lo tanto, a partir de ese momento y por 24 años McQuilkin dedicó todas sus fuerzas al cuidado de su esposa. Aquel jueves, en la capilla, cuando renunció como Presidente dijo: «Muriel ha cuidado de mí por 40 años. Si yo tuviera que cuidar de ella los próximos cuarenta años jamás podría compensar lo que mi esposa ha hecho por mí en todos estos años de matrimonio».

Hoy quisiera compartir algunos puntos que McQuilkin dijo haber aprendido de Muriel acerca del amor, sazonados con algunas ideas propias.

  1. El amor debe ser demostrado
    Todos los días y cada minuto del día, y de todas las maneras posibles. El amor se prueba por los sacrificios que hace. El ejemplo supremo de esto lo tenemos en Jesucristo. Por el gran amor con que nos amó no dudó en llegar a la cruz para darnos vida y amor.
    Cuando yo tengo razón y mi cónyuge está equivocado, ¿quién será clavado a la cruz? Dependerá de quién ama más. No son palabras las que prueban el amor, sino hechos.

    El amor no se demuestra en el objeto del amor, sino en el sujeto. Es decir, es quien da ese amor no quien lo recibe lo que demuestra el amor. Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero, aun sin que lo merezcamos. (1 Juan 4.19)
    En toda la Biblia, encontramos muchas veces la palabra amor, pero principalmente en su forma verbal, no sustantiva. Es decir, la Biblia habla primordialmente del amor en acción y no tanto del amor como una descripción del sentimiento.
  1. El amor perdona
    El amor en el matrimonio no es cosa de un día, un mes o un año. El amor es para toda la vida. Es una relación que debe crecer con el tiempo y donde cada uno deja de lado sus propias necesidades para cubrir las del otro. Esto es clave en un matrimonio saludable. Por supuesto, debe crecer en salud y profundidad. En las caídas, el amor perdona. Siempre.
    Un buen ejercicio sería que cada uno escriba las cosas que quisiera cambiar, si pudiera, en el otro, y luego intercambiar listas.
    Una relación perdurable utiliza frecuentemente tres frases que hablan desde el corazón y que no siempre las practicamos ni resultan fáciles:
    • Te quiero
    • Gracias
    • Lo siento
  1. El amor se asocia
    El amor en el matrimonio es una sociedad completa, entendiéndose esto en el sentido de que cuando uno de los dos cae, se tambalea, o es denigrado, toda la relación se daña. Cuando defiendo a mi «socia» me estoy defendiendo a mí mismo, y a mis hijos.
  1. El amor desea apasionadamente estar con el otro
    El amor es un sentimiento y una necesidad. Desea apasionadamente estar con el otro; esto es claro en todo buen matrimonio y es enseñado en las Escrituras. Cantar de los Cantares es exactamente eso. Un canto de amor y pasión uno por el otro.
  1. El amor es compañía
    Estar junto al otro es esencial. No es algo físico solamente, sino también sentimental y psicológico. En la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad. Incondicionalmente. Es también desear estar juntos y disfrutar la compañía.
  1. El amor perdura
    En los Estados Unidos 70 % de los cónyuges que deben enfrentar enfermedades terminales se separan. ¡7 de cada 10! Cuando nos casamos asumimos un compromiso de por vida. No hay vuelta atrás. Cuando David en su salmo pregunta: ¿Quién es aceptado en el templo de Dios?, responde: «El que anda en integridad» y «el que respeta su compromiso y no cambia lo que prometió». Entonces, ¿quién son aceptados por Dios? Los que cumplen sus promesas, sin importar cuánto les cueste.
    De la misma manera, Dios nos exhorta a cumplir con lo que nos hemos comprometido cuando hicimos nuestros votos matrimoniales.
  2. Dios honra a quienes cumplen sus promesas, no a quienes simplemente las hacen y luego las olvidan o las cambian.
    Es claro que el compromiso sin mucho sentimiento ni ternura no es divertido, pero eso es lo que Dios requiere de nosotros.
    «Después de estar dos años sin decir una palabra, una mañana hacía mis ejercicios delante de la cama de Muriel, y se me ocurrió decirle: “Amor, nosotros nos hemos amado uno al otro, ¿no es cierto?” Muriel abrió su boca por primera vez en dos años y dijo: “Amor, Amor, Amor”, y volvió a su silencio, que ya no rompió más
  3. El amor perdura.
    El matrimonio fue diseñado para reflejar nuestra relación con Dios. En el Antiguo Testamento encontramos a Israel como la esposa de Dios. En el Nuevo Testamento encontramos a la Iglesia como la esposa de Cristo. Muchas veces, Israel dejó a Dios por ir tras dioses paganos, pero Dios siempre la buscó nuevamente. En Jeremías nos dice: «Con amor eterno te he amado, por eso te prolongué mi misericordia».
    «Muriel no podía devolverme el amor que yo le daba, y cierta vez, le pregunté al Señor: “¿Es así entre tú y yo, Señor? ¿Tú me amas constantemente, día y noche, cuidándome, protegiéndome, proveyendo para mis necesidades, y muchas veces todo lo que recibes son quejas por las cosas que no me agradan?”».

    Cuando le preguntaron a Jesús cuál era el primer mandamiento, Jesús respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu mente, y con toda tu alma». Este es el primero y más grande de los mandamientos. Él no respondió temer a Dios, obedecer a Dios, ni siquiera glorificar a Dios. Claro que si lo amamos haremos todo eso, pero amarlo es el primer mandamiento y el más grande.

    ¿Por qué amar a Dios es el primer mandamiento? Buscar la respuesta nos lleva a la Creación. El Dios Trino, por alguna razón que no comprendemos, decidió crear una criatura que pudiera devolverle su amor. Por eso nos hizo a su imagen y semejanza, por eso nos rescató cuando caímos, vez tras vez. Por eso nos abraza y nos ama. Al haber sido hechos a su imagen y semejanza, un amor que responde en amor, siempre, debe ser una realidad en nuestras vidas y matrimonios.
  4. El amor nos hace compatibles con Dios
    Al practicar este amor él estará satisfecho con nosotros y nosotros también con él.
    Cuando Jesús vivía su última noche con sus discípulos, levantó sus ojos al cielo y oró: «Para que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros». Nuestra unidad debe ser un reflejo de la unidad entre el Padre y el Hijo así como entre el Dios Trino y nosotros. Esa unidad es lo que nos hace compatibles con Dios. Para eso fuimos creados, para ser uno con él y uno entre nosotros. Cualquier cosa que se entrometa entre nosotros para evitar que eso sea una realidad, debemos considerarla como proveniente del enemigo y echarla afuera. Es un camino que dura toda la vida pero que tiene recompensas eternas.

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